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Azucena Maizani: La Ñata Gaucha
“je suis Mimí, je suis Mimí/ la alegre y loca/ así me llamo en Francia/ pero nací en la Boca”
Azucena Maizani: La Ñata Gaucha

A comienzos de 1922 la compañía de Cesar y Pepe Ratti, del teatro Apolo, publicó un réclame pidiendo señoritas para El rey del cabaret, de Manuel Romero. Azucena Maizani, entre muchas aspirantes, consiguió un papel de cabaretera: Aparecía una única vez en escena; en tono de cuplé cataba una brevísima letrilla que ilumina la seductora y voluptuosa figura de la francesita “je suis Mimí, je suis Mimí/ la alegre y loca/ así me llamo en Francia/ pero nací en la Boca”.

Actuó en películas mudas y cantó para la orquesta de Francisco Canaro en el Pigall. Después de esas mínimas apariciones, Alberto Vacarezza la convoca para el elenco de un sainete A mí no me hablen de penas y escribe especialmente para ella Padre nuestro, musicalizado por Enrique Delfino Era la primera vez que se escribía un tango para una interprete femenina. El 23 de junio de 1923, el día del estreno, el público que colmaba El Nacional la ovacionó y tuvo que repetir ese tango en cinco oportunidades. Esa noche, y asociada a ese tango, nació la fama de la Maizani.

Azucena Josefa Maizani nació el 17 de noviembre de 1902 en Buenos Aires. Hasta los cinco años vivió en Palermo, en una casa de la calle Guatemala. Su precaria salud la obligó a trasladarse, al cuidado de unos parientes a la Isla Martin García. De regreso a Buenos Aires, a los diecisiete años, trabajó como costurera en una camisería del Abasto.

Tras el éxito de Padre nuestro, intervino al lado de Florencio Parravicini en Cristóbal Colon en la Facultad de Medicina. La radio y los discos grabados con Canaro afirmaron el éxito de “La Ñata Gaucha”. Su voz, como entre sollozos y quejas, encontró una modulación definitiva para el tango: el énfasis puesto en el sentimiento y el privilegio de la letra sobre la música. Su estilo se adapta naturalmente a las composiciones de mayor intensidad dramática. Solía presentarse en público vestida de hombre y su incompatible voz alcanzaba momentos de rara virilidad.

Envuelta en un aire de mujer fatal, tuvo una vida amorosa rodeada de acontecimientos oscuros u dolorosos. Su primer matrimonio fracasó al morir un hijo recién nacido; se casó después con el compositor uruguayo Roberto Zerrillo; su tercera pareja, Ricardo Colombres, se suicidó de un balazo; muchos le adjudicaron un secreto romance con Gardel y, durante los primeros años del ´40, la prensa cuestionó severamente la enigmática paternidad de su hija María Alicia.

Mano a Mano, Hacélo por la vieja, Esta noche me emborracho, Yira, junto con sus propios tangos Pero yo sé y La canción de Buenos Aires, constituyeron los hitos más celebrados de su repertorio. Realizó varias giras por Europa, E.E.U.U. y Latinoamérica.

Se despidió del público en 1962, en un homenaje realizado en el teatro Astral, cantando su primera gran interpretación: Padre nuestro. Ocho años después, el 15 de enero de 1970, la “gloria femenina del tango” moría en Buenos Aires.

Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en los cielos…
que todo lo sabes, que todo lo ves…
¿Por qué me abandonas en esta agonía?,
¿por qué no te acuerdas de hacerlo volver?
Se me fue una mañana temprano
me dijo hasta luego y un beso me dio,
más vino la noche… pasaron los días,
los meses pasaron y nunca volvió.
¡Padre nuestro!…
Qué amargura sentí ayer
cuando tuve la noticia
que tenía otra mujer…
¡Padre nuestro!…
Si un pecado es el amor,
para qué me has encendido
para qué me has encendido
de este modo el corazón.

Pero yo le perdono su falta,
ni un solo reproche si vuelve le haré;
lo mismo lo quiero, con todas mis fuerzas,
con toda mi alma, yo soy toda de él.
Padre nuestro, que estás en los cielos…
que todo lo puedes, que todo lo ves;
¿Por qué me abandonas en esta agonía?
¿Por qué no te acuerdas de hacerlo volver?

Tango – 1923
Música: Enrique Delfino
Letra: Alberto Vaccarezza

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