Tango y Milonga
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El Tango: Café – Bar – Billares
Poco y nada se conoció el café en los barrios suburbanos hasta principios del siglo veinte
El Tango: Café – Bar – Billares

Emblema del porteño, sobre sus mesas “que nunca preguntan” (como decía Discépolo en “Cafetín de Buenos Aires”) se arreglan desde romances, hasta tangos. Algunos de esos reductos fueron inmortalizados en el ritmo del 2 por 4.

El Café Siglo Veinte
Poco y nada se conoció el café en los barrios suburbanos hasta principios del siglo veinte. No era negocio ya que tal producto no alcanzaba todavía un consumo general por parte de los inquilinatos. Tenía en su contra la tradicional infusión del llamado “mate cocido”, más barato.

Alguna que otra calle de las más transitadas contaba con algún café y una mesa de billar, pero era la excepción. Lo común era reunirse en los despachos de bebidas de los almacenes y canchas de bochas. No pocos se daban cita en la trastienda del boticario, en tanto que los jóvenes lo hacían  junto al faro esquinero.

Como el “Café de los Angelitos”, de José Razzano (uno de sus habitués) y Catulo Castillo.

Rivadavia y Rincón, vieja esquina de la angitgua amistad que regresa coqueteando su gris, en la mesa que está meditando en sus noches ayer.”

Café de Los Angelitos

Yo te evoco, perdido en la vida,
y enredado en los hilos del humo,
frente a un grato recuerdo que fumo
y a esta negra porción de café.

¡Rivadavia y Rincón!… Vieja esquina
de la antigua amistad que regresa,
coqueteando su gris en la mesa que está
meditando en sus noches de ayer.

¡Café de los Angelitos!

¡Bar de Gabino y Cazón!
Yo te alegré con mis gritos
en los tiempos de Carlitos
por Rivadavia y Rincón.
………………………………………………………………

Tango – 1944
Música: José Razzano / Cátulo Castillo
Letra: José Razzano / Cátulo Castillo

El “Café de los Angelitos” fue cita de los payadores en los albores del siglo. Alberto Marino le rinde tributo en su versión con Aníbal Troilo. El mismo Troilo (y el mismo Cátulo) se unen para crear “La cantina”, que lleva al disco por Jorge Casal en 1954.

La Cantina

…………………………………………
La cantina
llora siempre que te evoca
cuando toca, piano, piano,
su acordeón el italiano…
La cantina,
que es un poco de la vida
donde estabas escondida
tras el hueco de mi mano.
De mi mano
que te llama silenciosa,
mariposa que al volar,
me dejó sobre la boca, ¡sí!
su salado gusto a mar.
………………………………………..
Tango
Música: Aníbal Troilo
Letra: Cátulo Castillo

Cantina, café, bar, boliche. Luis Teisseire, flautista nacido en 1883, compone “Bar exposición”, llamado originalmente “Cosa linda barata”. Carlos Di Sarli y Rodolfo Biagi son dos de las orquestas que le dan brillo.

“Aquella cantina de la ribera” se llamó una obra teatral estrenada el 20 de agosto de 1926 en el Liceo. El tango homónimo es escrito por José González Castillo y su hijo Cátulo. Al poco tiempo la estrena Gardel.

Aquella Cantina de la Ribera

Brillando en las noches del puerto desierto,
como un viejo faro, la cantina está
llamando a las almas que no tienen puerto
porque han olvidado la ruta del mar.

Como el mar, el humo de niebla las viste

y envuelta en la gama doliente del gris
parece una tela muy rara y muy triste
que hubiera pintado Quinquela Martín.
…………………………………………………………….
Tango – 1926
Música: Cátulo Castillo
Letra: José González Castillo

El propio Gardel lleva al disco en 1930 un tributo del poeta Nicolás Olivari a un bodegón donde solía atiborrarse de delicias italianas. Su título: “La violeta”. Lleva música de Catulo Castillo.

La Violeta

Con el codo en la mesa mugrienta
y la vista clavada en el suelo,
piensa el tano Domingo Polenta
en el drama de su inmigración.
Y en la sucia cantina que canta
la nostalgia del viejo paese
desafina su ronca garganta
ya curtida de vino carlón.

E La Violeta la va, la va, la va;
la va sul campo che lei si sognaba
ch’era suo yinyín que guardándola estaba…
……………………………………………………………………
Tango 1930
Música: Cátulo Castillo
Letra: Nicolás Olivari

Ángel D’ Agostino es autor de “Café Domínguez” (su grabación lleva glosas de Julián Centeya) y con Enrique Cadicamo, de “Bar de Rosendo”.

Cadícamo le pone letra a una melodía de Eduardo Arotas y la titula “Café de Barracas”.

Café de Barracas (No)

Viejo café de Barracas,
turbios recuerdos de entonces,
que allá por el año once
tenía entreveros de facas…
Hoy has cambiado tu pinta,
todo es nostalgia y neblina,
ya no es muchachos de esquina
la del Café El Pasatiempo,
cuando tocaba en sus tiempos
el Tigre del Bandoneón.

Tu luz de gas, hoy, tan distante,
no alumbra más, café cantante…
Lupe cantaba canciones bellas,
Lupe era estrella de aquel café.
Tu luz de gas ya no destella
Ni alumbra más la escena aquella,
cuando una noche, de puro guapo,
la alcé en un coche y la robé.

Tango
Música: Eduardo Arolas
Letra: Enrique Cadícamo

El uruguayo Tito Cabano describe “Un boliche” en una emotiva pincelada.

Un Boliche

Un boliche como tantos,
una mesa como hay muchas,
un borracho que serrucha
su sueño de copetín.

Hay un tira que se asoma,
una copa sin monedas,
un punga que se las toma
y una caña sin servir.

Una partida de tute
entre cuatro veteranos,
q’entre naipes y toscanos,
despilfarran su pensión.

Y acodado sobre el mármol
agarrado como un broche,
un curda que noche a noche
se manda su confesión.
…………………………………………………………
Y así,
entre naipes, curda y canto,
de esta escena cotidiana,
se oye la voz de una nena:
«¡Papá, vamos que mamá te llama!…»

Tango
Música: Carlos Acuña
Letra: Tito Cabano

Discépolo crea “Cafetín de Buenos Aires” a partir de la evocación de su juventud en el Oberdam, del Once. Lo hizo para el film “Corrientes, Calle de Ensueños”.

Cafetín de Buenos Aires

De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan…
La ñata contra el vidrio,
en un azul de frío,
que sólo fue después viviendo
igual al mío…

Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros:
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor.

Cómo olvidarte en esta queja,
cafetín de Buenos Aires,
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja…
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas,
yo aprendí filosofía… dados… timba…
y la poesía cruel
de no pensar más en mí.
…………………………………………………………..
Tango – 1948
Música: Mariano Mores
Letra: Enrique Santos Discépolo

En los años ’70, Cacho Castaña logra una pequeña obra maestra: “Café La Humedad”.

En 1981 Héctor Negro y Eladia Blázquez componen “Viejo Tortoni”. Lo graban Rubén Juárez y la autora.

Viejo Tortoni

Se me hace que el palco llovizna recuerdos,
que allá en la Avenida se asoman, tal vez,
bohemios de antaño y que están volviendo
aquellos baluartes del viejo Café.

Tortoni de ahora, te habita aquel tiempo.
Historia que vive en tu muda pared.
Y un eco cercano de voces que fueron
se acoda en las mesas, cordial habitué.
……………………………………………………………
Tortoni de ahora, tan joven y antiguo,
con algo de templo, de posta y de Bar.
Azul, recalada, si el fuego es el mismo,
¿quién dijo que acaso no sirve soñar?

Tango
Música: Eladia Blázquez
Letra: Héctor Negro

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