Anécdotas
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Elbia Rosbaco: La Mujer Celeste
Adquiere nombres diversos en los libros de Marechal: Patricia Bell y también Elbiamor, El biamante, Elbiatodosilencio en los poemas
Elbia Rosbaco: La Mujer Celeste

“Yo Siento que fui la Mujer Celeste”
Elbia Rosbaco adquiere nombres diversos en los libros de Marechal: Patricia Bell, que fielmente sigue y busca a su marido en la novela Megafón, o la Guerra- esa mujer celeste, esa mujer de ojos verdelagoprofundo- y también Elbiamor, El biamante, Elbiatodosilencio en los poemas.

“Elbiamor, yo podría lanzar tu nombre
a las mareas del sonido
y sentarte de pronto en la rodilla
caliente de la Musa”,

apuntó el poeta en uno de los versos de La Erótica, en Heptameron.

Según cuenta Elbia – Elbiamor, Elbiamante -, Patricia Bell se llamaba una de sus abuelas y ella tomó ese nombre como seudónimo cuando escribía en la revista del liceo donde curso el secundario. “

Yo siento que fui la mujer celeste. Me siento representada, además, en el gran amor de Patricia por Megafón, en esa voluntad de rehacer todas las cosas, en esa mujer que pese a la inexperiencia toma el bastón de mando y a pesar de su aparente fragilidad tiene fuerzas para salir adelante”

El Recuerdo de Elbiamor
Elbiamor, Elbiamante, Patricia Bell son algunos de los nombres que, en la ficción tomó Elbia Rosbaco, la mujer que conoció a Leopoldo Marechal cuando era profesor y vivió con él hasta su muerte. Ella recuerda la vida compartida con el escritor, sobre todo en los difíciles años posteriores a 1955, cuando la dictadura militar derrocó el gobierno de Juan Domingo Perón y convirtió al autor en “el poeta depuesto”.

Elba y Leopoldo Marechal – La Maga – 14-06-95

“Con Este Hombre me voy a Casar”
Los dos iban al Liceo N° 2, frente al Parque Rivadavia: ella era alumna y él, profesor de literatura. Ese día de 1947 él entró en uno de los cursos de quinto año a reemplazar a un docente. “Con este hombre me voy a casar”, le dijo ella a una compañera de banco, apenas lo vio entrar. “Pero él es una persona importante, escribe en La Prensa y La Nación”, la desafió su amiga. Ese fue el primer encuentro entre Leopoldo Marechal, de entonces 47 años, y Elbia Rosbaco- de 16-, la segunda esposa del escritor.

Hasta esa clase, Elbia no había leído nada del autor, apenas si lo conocía de nombre. A partir de ese día, comenzó a cortar de los diarios todas las notas en las que Marechal aparecía mencionado y también a hacer lio  en el aula para atraer su atención. “A ver esa rubia, que se deje de molestar, me dijo una vez y me tiró una tiza, que todavía guardo”. Ese verano ella fue a verlo a Palais de Glase, donde él ejercía como director nacional de Cultura, para mostrarle  unos poemas. Allí volvieron a encontrarse. Se casaron en 1951.

Recibida de profesora de literatura, Elbia sentía vergüenza al hablar de la obra de Marechal en clase. En una oportunidad, le tocó tomar examen al hijo de Francisco Luis Bernández. El bolillero marcó tres autores sobre los que debía hablar: Bernández, Marechal y Borges. Ambos se miraron sin saber qué decir. Finalmente, el alumno habló un poco de cada uno.

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