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“A Tantos Centavos la Línea”
El aporte de Fray Mocho - José Seferino Álvarez - como Precursor de una Literatura Popular
“A Tantos Centavos la Línea”

1880-1910: funerales de un mundo y nacimiento de otro.- La vieja Argentina criolla y remansada de las litografías de Bacle muere para dar paso a la Argentina de los palacetes recargados de la Avenida Alvear y de los conventillos barulleros del Barrio Sur. Cambian las costumbres y se acelera el tiempo de la ciudad. Los tranquilos parroquianos de las viejas pulperías se hubiesen sobresaltado, seguramente, frente a la pavorosa e incomprensible bicicleta de Benito Sassenus, pero hay muchos años de diferencia entre ambos mundos, y casi un abismo entre las concepciones y los valores que los sustentan.

La primera presidencia de Julio Argentino Roca, el Héroe del Desierto, pondrá el sello definitivo al país que adviene Legislación liberal Gobierno de “Paz y Administración”. Ley de Educación Común, a tono con los nuevos tiempos.- Registro Civil.- Secularización.- Fomento inmigratorio. Ley sobre cecas de estancias. Repunte de las reservas y clima generalizado de prosperidad, que ira virando de manera progresiva hacia los grandes especulaciones y negociados de la etapa siguiente.

El país cambia.- Entre 1869 y 1895 la población urbana crece del 27 al 37%, y Buenos Aires aporta la tajada más suculenta: ella sola aglomera casi el 50% del aluvión inmigratorio y no faltan los medrosos que vaticinan hasta un cambio de idioma.

El viejo saladero criollo es suplantado por una nueva forma de explotación- el frigorífico-, que mezcla a reseros de estirpe gaucha y matambreros suburbanos con atildados caballeros que giran dividendos a los accionistas de Londres y Chicago. Si en una punta se brinda con “ginebra” y caña de durazno, en la otra abundan las generosas libaciones de whisky y brandy añejo.

Se esfuman las clásicas rencillas entre “nacionales” y “autonomistas”, ventiladas a punta de cuchillo en los entreveros ochentistas de Corrales y Puente Alsina, para dar paso a otro tipo de crónicas ciudadanas.- En 1882 se funda el Club socialista Wörwarts. En 1885 llega el anarquista Enrico Malatesta y hacia fines de la década del ´80 se realiza la primera huelga ferroviaria.

La etapa de 1880- 1890 muestra el desarrollo, todavía incipientes pero ya esbozado, de los diversos componentes de la Argentina moderna.- Se instalan, como dijimos, los novedosos frigoríficos y comienza a hablarse con insistencia de dos combustibles esenciales: el petróleo de Salta y el carbón de Río Turbio. El nacimiento de la Unión Industrial Argentina ya denuncia la existencia de un embrión industrial, que crecerá con variadas alternativas de éxito y fracaso. Se organizan patrones y obreros, precedentes en gran medida de las capas Inmigratorias.

Los extranjeros que se instalan en el país ya no son aquellos rubicundos ingleses- contrabandistas, comerciantes, tratantes de esclavos, espías- que llegaban a comienzos de siglo XIX, recorrían un par de provincias y luego escribían un libro de memorias generalmente ameno y pintoresco.

 Ahora se trata de miles de italianos, españoles, polacos, rusos, alemanes y franceses que viajan atraídos por el señuelo de una posteridad sin tasa ni medida. Algunos tendrán suerte y harán, como se decía por entonces. “La América”.- Otros, por el contrario, deberán contentarse con una angosta franja de tierra o con la pieza del conventillo y el pequeño formal.

No escribirán, por supuesto, el clásico libro de memorias de los viajeros ingleses, aunque con el tiempo esta masa de hombres muchas veces analfabetos encontrará sus cronistas y sus exactos “memorialistas” en esos escritores que narraron o documentaron literariamente el impacto del desarraigo inmigratorio, las gestas y peripecias cotidianas de esos hombres solos, o de esas inmensas familias que cruzaron el océano para encontrarse- muchas veces- con la amarga evidencia del fracaso y la vida gris. Esos cronistas serán escritores José S. Álvarez, el popular “Fray Mocho”, o como Félix Lima y Nemesio Trejo, o autores dramáticos como Carlos Mauricio Pacheco, Florencio Sánchez, Alberto Vacarezza, Armando Discépolo, Defilippis Novoa, etc.

Los criollos mirarán de reojo a los nuevos inmigrantes, en quienes creerán entrever a un serio competidor o a un “bicho raro”, que habla “difícil” y tiene costumbres extrañas. Con el tiempo esta reticencia se irá limitando y juntos, criollos e inmigrantes, forjarán la nueva fisonomía económica, social, cultural y étnica del país.

Dichas revistas son del año 1901, desde el mes de marzo a octubre
gualeguaychu.gov.ar

Aquel País que Fue
Para muchos criollos este nuevo sesgo de la situación es un hueso duro de roer. Nacidos y aclimatados en el viejo país de Mitre y Adolfo Alsina, o inclusive en los tiempos heroicos de la “patria vieja”, les cuesta adaptarse a este nuevo clima efervescencia progresista que se vive desde los días inaugurales del “roquismo”. Si miran con asombro la erección de los palacetes decorativos  y sobrecargados que se alzan en el Norte, no dejan de añorar la profunda paz doméstica de las viejas casas criollas, con sus paredes lisas y blancas, a fuerza de cal sus grandes patios emparrados, sus aljibes y sus pisos de ladrillo regado y barrido tres veces al día. Pueden admirarse, a partir del 80, de la luz eléctrica, las obras de salubridad, el tranvía, el teléfono y las grandes avenidas con pretensiones de “boulevard” parisino, pero en e l fondo de sus corazones late todavía una ciudad quieta y mansa, agrandada quizás por la nostalgia, con faroles y serenos, con esquinas sin ochavas, con pulperías y milicos de quepí, en la que el tiempo pasaba sin demasiadas urgencias.-

Los días de “crudos” y “cocidos”, de “chupandinos” y “pandilleros”, se pierden en la distancia, lo mismo que las jornada de Cepeda y Pavón, de la partida hacía el Paraguay, de Lomas Valentinas y Boquerón, de los vivaques miliqueros de la Conquista del Desierto, de las escaramuzas de la Verde, de la trifulca entre “rifleros” y fuerzas nacionales; pero en la fibra más íntima de los viejos criollos ese mundo sigue vivo y la confrontación resulta con frecuencia amarga.

Si los gringos inmigrantes se sienten desarraigados y extraños, no faltan los criollos de ley que viven en esta nueva realidad de especuladores y arribistas “como sapos de otro pozo” y no es extraño, en consecuencia, el rebrote de ciertas fuerzas cuando en 1890 la crisis del sistema gobernado por Juárez Celman precipite el pronunciamiento cívico y arroje pro tierra muchos de los mitos del “roquismo”.-

De esa revolución, precisamente, surgirá la Unión Cívica Radical, una causa que expresa a la vez al país criollo, con sus viejas reivindicaciones fundamentales, y a las nuevas corrientes resultantes del proceso inmigratorio y de los cambios estructurales operados desde el ´80.

Fray Mocho en companía de Antonio Lambert, Martiniano Leguizamón, Pedro Godoy – Alberto Gache – Felix Outes – y otras Personas reunidos en un Café Porteño

Fray Mocho – Precursor de una Literatura Popular
Puede afirmarse que el tramo que se abre en 1880 y que podemos cerrar, simbólicamente, en los días del Centenario, se inventan y ponen a punto las grandes creaciones fundamentales de la nueva cultura popular.  Desde tango al sainete , desde el circo criollo al arte de los payadores, desde la viñeta costumbrista hasta las publicaciones de consumo masivo, desde el folletín de tema nacional hasta la narrativa que refleja las grandes líneas del proceso de cambio, desde la formación de actores netamente criollos- como los Podestá- hasta la fundación de un talentoso teatro nacional, que busca sus temas y su lenguaje en nuestra propia realidad, desde lo dialectal hasta el aporte de una literatura viva, juguetona y agudamente captadora que rematará sus avatares en la letra de tango, etc.-

Nos encontraremos, ciertamente, frente a una nueva realidad, y la literatura afilara sus armas tradicionales- pluma o tijera- para dar cuenta acabada de sus limitaciones y grandezas. Toda una pléyade de escritores aportará una visión notoriamente impregnada por las recetas naturalistas en boga, como puede verificarse en Cambaceres.- Podestá, Martel, Argerich y muchos de los novelistas del denominado “ciclo de la Bolsa”. Literatura recia, documentadora, generalmente pesada, que recuerda demasiado nítidamente sus obvios modelos franceses, y en especial las lecciones del maestro Emiliano Zola.-

En este contexto, precisamente, comienza a producir su obra un escritor entrerriano que ha realizado una productiva experiencia de la vida urbana, y que posee una especial sensibilidad para captar los perfiles esenciales de las cosas y los tipos José S. Alvares, más conocido literalmente por su seudónimo de “Fray Mocho”, ha nacido en Gualeguaychú en 1858 y se ha “mudado” a Buenos Aires en 1879, para ingresar como reportero en el diario El Nacional, primer eslabón “grande” de su fructífera carrera periodística.- En 1882 publica un volumen de cuentos. Esmeraldas, que hace honor por su contenido al color de la citada piedra.- Poco después, en 1886, obtiene un puesto de comisario de pesquisas y completa, a través de él, su profundo conocimiento de los mundos marginales y hamponescos de la ciudad ochentistas, conocimiento del que dará testimonio un libro que tituló Memorias de un vigilante y que firmó con el seudónimo de “Fabio Carrizo”. A estos libros deben sumarse du Vida de los ladrones celebres y sus maneras de robar (1887) y dos obras que lo mostraron en plena madurez creativa: Un viaje al país de los matretos (1897), semblanza de la costa brava entrerriana, y En el mar austral (1898), una crónica de los canales fueguinos que el autor redactó con asombrosa fidelidad son conocerlos en forma directa.

Pero nos interesa aquí otra vertiente literaria de “Fray Mocho”: la del escritor de cuentos, diálogos y viñetas publicadas semanalmente en la revista Caras y Caretas, la de ese escritor fecundo que fue estructurando, paso a paso, un muestrario vivo y palpitante de los personajes y las situaciones de ese Buenos Aires de fines y comienzos de siglo, todavía  caballo entre dos épocas cruciales.

Agudo, irónico, resabido, y al mismo tiempo comprensivo, Fray Mocho observa a sus criaturas desde la perspectiva de un humor de estirpe criolla que sabe distinguir los matices y encontrar el “lado flaco” para anotarlo con gracia e inclusive con tolerante simpatía de hombre que conoce el exacto peso y medida de las cosas.

En esos cuentos o bocetos de costumbres está de cuerpo entero el escritor y la nueva realidad del país .- En ese espejo se reflejan el inmigrante, el criollo venido a menos, el pícaro profesional, el advenedizo infatuado por el prestigio de las modas europeas, el viejo soldado convertido en vigilante, el compadrito que reivindica una identidad transformada, el vivillo, el burócrata consuetudinario , político logrero que compra libretas y encumbra figurones: toda la fauna, en suma, de esos días ferméntales de la Argentina moderna.

Álvarez fue, como lo señala Giusti, “popular sin descender a lo chocarrero; picaresco, pero medido en la expresión; satírico, pero sin hiel”, y fue así porque, entre otras cosas, arrastraba una limpia tradición de auténtica cultura popular y porque percibía, con meridiana claridad, las características reales de ese vasto público que esperaba semana a semana famosas colaboraciones.- Un auténtico profesional y un agudo observador de su contorno.

Al cumplirse el tercer aniversario de su muerte, ocurrida el 23 de agosto de 1903, sus amigos reunieron una parte de esa producción dispersa en el volumen de Cuentos de Fray Mocho, publicados con un prólogo de Miguel Cané.- Años más tarde otra porción de notas y artículos periodísticos apareció recopilada como Salero Criollo, completando el panorama esbozado por sus Cuentos y Cuadros de la ciudad.

 “A Tantos Centavos la Línea”
José S. Álvarez, “Fray Mocho”,  puede ser presentado con holgura como el prototipo del periodista profesional del hombre que conoce a fondo los secretos del oficio y que posee, por añadidura, una clara conciencia de su ubicación como trabajador de los “medios”. En una etapa en la que prolifera todavía el clásico tipo del escritor “ochentista”, que consagra sus ocios a la redacción de ocasionales colaboraciones, o que practica el oficio de escribir con un sentido fundamentalmente “decorativo”, o a penas complementario de otras ocupaciones más categóricamente “serias”, “Fray Mocho” propone e impone el tipo del escritor profesional, del hombre que trabaja “a tantos centavos la línea”, y que lo hace sin sentirse menoscabado o sin percibir a la prensa como una suerte de “galera” en la que se frustran irremediablemente las grandes aspiraciones literarias.

Hacia 1890 Álvarez, Niño, Varas y otros colegas organizan la lucha del Centro de Cronistas contra la precaria situación laboral en que se encontraba el gremio, y lo hacen con una clara visión de su carácter de “trabajadores” de la cultura anticipando en años de postura de otros integrantes de ese campo.

El “Mocho” Álvarez ha trabajado en El Nacional, La Pampa, La Patria Argentina, La Nación, La Razón y Tribuna, como reportero, como cronista policial, como autor de viñetas y como responsable de no pocos editoriales. Álvarez según Roberto J. Payró, era un profesional ducho y fogueado: “era de los reporteros que ganaba más dinero, monopolizando noticias, dándolas a los diarios de segundo y tercer orden baratas y abundantes, pero iguales para todos.- Sin embargo, con este sistema contribuía al progreso de nuestro periodismo, muy poco noticioso en ese entonces, y que ahora nos ha ido la otra alforja” (Carta a Julio Piquet con motivo del fallecimiento del “Mocho”)… Y agregaba Payró en aquella oportunidad: “Después del Viaje al país de los matretos y de este último libro (En el mar austral), en Europa los editores hubieran rodeado a Álvarez, solicitándole y pagándole nuevas obras, poniéndole de lleno, al fin, en el camino de la producción.- Aquí no se movió una paja.- El que escribe tiene que caer en el periodismo, secarse en la tarea ramplona, deprimente y destructora, o reventar, si no tiene carácter para emprender el comercio, o correr tras de un empleo para sostener de él en cuanto lo consiga- generalmente tarde y mal- y renunciar al nombre literario que puede no servirle sino para crearle enemigos….”

Payró, que durante cierta etapa de su carrera vivió obsesionado por el fantasma del periodismo destructor y aniquilador de vocaciones, no mentía al realizar las observaciones transcriptas.

Exageraba, sin embargo, al negar la posibilidad de realizar desde periodismo una obra  de jerarquía literaria, inclusive una obra profundamente renovadora y original, y en este sentido basta el ejemplo de los cuentos y “viñetas” que prodigó, precisamente desde las páginas del periodismo, el destinatario de sus elogios.

“Fray Mocho”, por cierto, es un escritor original como lo demuestra acabadamente sus cuentos, y al tiempo un innovador de los modelos periodísticos de su época, con un impacto tan duradero como el que resulta tiempo más tarde de la tumultuosa irrupción de Natalio Botana con su diario Critica.

Hacia fines de la década de 1890 Álvarez tiene clara noción de la coincidencia de algunos factores excepcionales, que casi “imponen” la seductora aventura de un periodismo de nuevo cuño. Por un lado, la existencia de un público masivo, resultante del proceso de alfabetización iniciado por los hombres del 80, por otro, la existencia paralela de una nutrida falange de jóvenes escritores, procedentes en su mayoría de las filas del Modernismo y fogueados en algunas revistas precursoras como La Nueva Revista, El Búcaro Americano, Atlántida, El Mercurio de América, La Revista Moderna, etc.- Una falange de escritores que trae ideas nuevas, que posee un nuevo concepto del hecho literario y de la profesión de escritor y que alimentará, durante varias décadas las expectativas de ese público de “recién venidos” ávidos de papeles “legibles”. Entre esos autores están Horacio Quiroga, Manuel Gálvez, Alberto Gerchunoff, Benito Lynch, Antonio Monteavaro, Albert Ghiraldo, Emilio Becher y cien más.

Un Nuevo Periodismo
En 1898 José S. Álvarez se confabula con el dibujante español Manuel Mayol  con el periodista Eustaquio Pellicer para inventar un “magazine” capaz de vehiculizar provechosamente esos nuevos fermentos. Caras y Caretas, la revista que el trio comienza a publicar el 8 de octubre de 1898, es una síntesis de los conceptos, las técnicas y los medios más modernos que puede aportar el periodismo finisecular.- Propuesta como revista o “magazine” de actualidad. Caras y Caretas puso en la calle un novedoso tipo de periodismo que equilibraba la noticia escrita con la información gráfica, el material puramente literario, las secciones de recreación, la nota de humor, la crónica de costumbres, la información cotidiana y todo aquello que podía interesar, generosamente, a los públicos más heterogéneos desde el punto de vista de sus intereses, su origen social, su edad o sus ocupaciones  habituales.

El “Mocho” y sus colaboradores – Cao, Fortuny, Leal, Pellicer, Zavattaro, etc.-, captaron casi con sutileza los gastos populares y el tono justo – ni demasiado serio mi demasiado chacotón- que debían emplear para dirigirse a ese nuevo público urbano: percibieron la frontera exacta de lo que interesa o puede llegar a interesar : advirtieron las reglas de juego que debían franquearse y las que debían ser escrupulosamente respetadas, etc.-Descubrieron, por ejemplo la importancia de la tapa, pensada casi como una nota más: “Con un propósito de sátira moral…tratando de poner en esa nota inicial de la carátula la traducción grafica de un sentimiento público, lealmente explorado”.

Descubrieron, asimismo, la importancia económica  periodística de la buena disposición de los avisos que aparecían intercaladas con las “actualidades” europeas. De este modo, según confesaban los responsables de la revista en su primer numero aniversario, los avisadores “ven empleado su dinero con mayor eficacia, pues el anuncio se lee un 50% más que si esas páginas estuviesen como antes destinadas meramente a anunciar”-

“El árbol, agregaban, ha evolucionado naturalmente con el auge y notoriedad de la publicación: antes el periódico buscada al avisador; ahora el avisador busca al periódico”.

El éxito de la formula Caras y Caretas quedará demostrado, como suele ocurrir en la industria cultural, con la irrupción de una absoluta prole que tratará de repetir, total o parcialmente, con mayor o menor genio, los grandes aciertos de su modelo: Don Braulio, P.B.T., Letras y Colores, Fray Mocho, Papel y Tinta, Tipos y Tipetes, etc.-

Pero mientras sus remedios naufragan tempranamente, Caras y Caretas seguirá navegando imperturbable hasta 1937, aunque sus tramos finales se muestren huérfanos de ese “ángel”, de esa capacidad inventiva y de esa originalidad que le había contagiado su creador. Terminaba su ciclo porque no había sabido (o no había podido) adaptarse a los nuevos vientos de la prensa y del gusto popular.

No Está Solo…
“Fray Mocho” no fue, ciertamente, un caso aislado.- Si es el heredero brillante de una tradición literaria con fuerte raigambre española y latinoamericana, tradición que el enriquece con sus certeros bocetos de la vida porteña, también es el punto de partida y el modelo para toda corriente de escritores costumbristas que publicará sus textos, fundamentalmente, en las páginas de los periódicos y magazines de mayor arraigo popular, como Crítica, el ya citado Cars y Caretas, P.B.T., Ultima Hora, Fray Mocho, etc.-

Entre los más dignos cultores de esa línea podemos ubicar a Félix Lima, cuyos trabajos fueron recogidos en Con los nueve y Piedrín, a Nemesio Trejo, payador y sainetero, a Santiago Dallegri, activo colaborador del P.B.T. de Pellicer, a Ángel Villoldo, pionero del tango, etc.- Dentro de esa corriente, así mismo, no es demasiado atrevida la adscripción de poetas como el Evaristo Carriego de El casamiento, un boceto que rompe con las clásicas recetas del romanticismo tardío y del Modernismo en boga para anticipar la jugosa lección de una poesía descriptiva, rica en detalles y certera en la captación del universo cotidiano, una poesía que rebrotará más tarde, con otra entonación dialectal y otros aportes, en las letras del tango, en la obra de bardos populares como Yacaré, Celedonio Flores, Contursi, Carlos la Púa, ,Manzi, etc.-
Cuadernos de Crisis – H. Bermúdez Loza – 1976

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