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Felipe Vallese
Tuvo el triste honor de convertirse en la primera víctima de desaparición forzada
Felipe Vallese

El Hombre

Transcurría el año 1962. En marzo el presidente constitucional Arturo Frondizi fue depuesto por las Fuerzas Armadas y por línea sucesoria, ya que el vice Alejandro Gómez había renunciado a los pocos meses de asumir, se hizo cargo del gobierno el senador José María Guido. El presidente provisional llamaría a elecciones presidenciales nuevamente condicionadas, para julio de 1963. La inestabilidad política y el estado deliberativo permanente que corroía la disciplina militar, tenían un telón de fondo: la proscripción del peronismo. Desde el establecimiento de la dictadura autotitulada “Revolución Libertadora” en 1955 y la posterior instalación de una democracia restringida, quedó demostrado que sería imposible un país normal sin la inclusión a la vida institucional de la principal fuerza política, como lo demostró el voto en blanco que predicaba ese partido.

Por otra parte los sectores antiperonistas más duros,tanto militares como civiles, dificultan cualquier posibilidad de acuerdo. En ese contexto, una nueva generación da vida a un alineamiento muchas veces sin conexión entre los diversos grupos que la integran: la Juventud Peronista (JP). Los jóvenes de mayor edad de esa corriente, vivieron la última etapa de gobierno justicialista y el contraste con las experiencias que le siguieron. Felipe Vallese fue uno de esos jóvenes que transitaron ambas épocas y que en 1962, militaba en la JP y en el sindicalismo. Trabajaba en una empresa metalúrgica a pocas cuadras de su domicilio: Trafilación y Esmaltación de Aluminios SRL (TEA), era delegado de la fábrica y afiliado a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).

En agosto de 1962 tenía 22 años y con su hijo Eduardo de tres años, vivía en una pieza alquilada en una casa de familia, en la calle Morelos 628 del barrio de Flores. El niño fue producto de una relación muy difícil por la hostilidad de los padres a Felipe. La chica en 1959 cuando quedó embarazada, tenía unos 16 años y Vallese 18. Los padres de ella, gente adinerada, se opusieron a la relación.

Más tarde el joven fue a buscar a su hijo, advirtiendo a los padres que si se negaban a entregárselo, daría estado público a la situación. Finalmente accedieron a que el chico quedara bajo responsabilidad del padre. Quizás porque Felipe Vallese era menor de 21 años o por seguridad porque su apellido podía ser inseguro para el bebé, una vecina y compañera luego lo registra con su apellido: De La Peña.

A la madre (menor de edad) luego de este hecho, la habrían enviado a EE.UU. Felipe y su hijo no volvieron a tener contacto con la chica. Eduardo De La Peña, aquel niño que convivió tres años con el padre y que en 2012 la justicia le restituyó su verdadera identidad y hoy se llama Eduardo Felipe Vallese, difundió en diversos medios de comunicación entretelones que recuerdan el secuestro de Felipe y retazos de la historia familiar. Todavía ignora el nombre de su madre biológica y en el siglo XXI, continuaba la búsqueda.

Pocos meses antes del secuestro y estando el presidente Frondizi con sus días contados por los golpistas, el peronismo gana en esas elecciones limitadas varias gobernaciones, incluyendo la estratégica provincia de Buenos Aires. La respuesta es la intervención de esos distritos y la anulación de los resultados electorales. El derrocamiento del presidente que había cedido a todas las presiones militares, se traduce en mayor incertidumbre y represión a las luchas populares. Grandes huelgas, algunas rudimentarias acciones armadas peronistas y la sombra siempre cercana de una dictadura abierta, marcan la política de aquellos días.

Según testimonio del hermano mayor de Felipe, Ítalo Vallese en “Carta de Lectores” de un diario porteño, afirma que “Felipe participó en la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre y estuvo preso en el barco ‘Granaderos’ junto a otros dirigentes políticos y sindicales de la época como Sebastián Borro, Augusto Vandor, Andrés Framini, John William Cooke” (1).

Desestimando también que su hermano participara en acciones armadas.

Su Hijo Eduardo – Página 12 – 24-09-06 – Foto Arnaldo Papillon

“Un Grito que Estremece…”
La noche del 23 de agosto de 1962 Felipe salió de su casa para la fábrica, ya que cumplía horario nocturno. En la calle Canalejas (actual Felipe Vallese) a la altura del número 1776 un grupo de hombres se le abalanzó para detenerlo. Vallese se defiende con fiereza, aferrándose a un árbol frente a ese número. Finalmente lo reducen introduciéndolo en una Estanciera IKA. EL incidente atrajo a algunos vecinos que fueron amenazados por los secuestradores. La camioneta parte acompañada por otros dos vehículos de apoyo. En el raid de la patota fueron también detenidos otros hermanos de Felipe (en distintos puntos) y los vecinos de la casa habitada por Felipe. El hecho conmocionó al mundo sindical y político. Se cree que debido a esa presión los detenidos fueron “blanqueados” y liberados unos cuarenta días más tarde. Todos menos Felipe Vallese. El joven peronista fue trasladado a un destacamento policial del partido de San Martín y después a la comisaría de Villa Lynch, donde según se reconstruyeron los hechos, habría hallado la muerte en una sesión de tortura.

Evaluando declaraciones de testigos, se considera que los secuestradores buscaban al dirigente juvenil peronista y militante del sindicato jabonero, Alberto “Pocho” Rearte.

Pensaban llegar a él mediante Felipe. A Rearte la policía lo acusaba de la muerte de dos efectivos (no está claro si federales o bonaerenses) que cayeron en un enfrentamiento armado, en el que se dijo habría participado Pocho Rearte. Fuentes cercanas a éste siempre sostuvieron que las balas que mataron a esos hombres, provinieron de un intercambio de disparos entre las policías capitalina y provincial, debido a la confusión del momento. Cierto o no el motivo del secuestro del 23 de agosto, lo real es que Vallese era un militante conocido por los servicios de inteligencia, con los riesgos que eso implicaba.

Los días pasan pero la militancia no olvida. Manifestaciones, volantes, afiches, solicitadas en los diarios… todas las expresiones confluyen en un reclamo común: “Un grito que estremece, Vallese no aparece”. En la calle y en las redacciones circula un rumor que día a día toma cuerpo: “fueron policías”. La especie de que había sido desactivada “una célula terrorista” no convencía a nadie. Ante el escándalo, el Ministerio del Interior designó a un investigador ante quien un testigo declaró que Vallese fue secuestrado por varias personas que lo introdujeron en una Estanciera IKA cuya chapa identificó. Ese dato llevó a ubicar al dueño, quien pudo demostrar que había vendido el vehículo. El último propietario para esa fecha estaba preso por un delito común, pero informó que su camioneta la utilizaba con frecuencia, personal policial de la comisaría 9°. A su vez, el titular de esa dependencia había estado a cargo de la investigación de la muerte de los dos policías. Ese hecho ocurrió un mes antes del secuestro de Vallese (2).

La investigación conduce al entonces jefe de la Brigada de Servicios Externos de la Unidad Regional San Martín de la policía bonaerense, oficial subinspector Juan Fiorillo, considerado el principal sospechoso. Se lo acusó de haber capitaneado el operativo y participar en las torturas de Vallese.

La causa no prosperó y Fiorillo continuó su carrera.

En el año 2006 la Justicia ordenó la detención del entonces comisario y presunto secuestrador y ejecutor de Vallese, pero no por aquel asesinato sino por estar acusado de participar en más de cien crímenes de lesa humanidad en el llamado “Circuito Camps”, durante la dictadura procesista. Falleció en su casa en el año 2008 bajo arresto domiciliario y sin llegar a juicio.

El Salón Central de la CGT se llama Felipe Vallese

A su vez, la figura de Felipe Vallese se convirtió en un símbolo de la Juventud Peronista (JP) y de las mejores tradiciones de lucha del sindicalismo obrero. El Salón Central de la CGT se llama Felipe Vallese, igual que muchas agrupaciones sindicales y políticas, sanatorios de la UOM y otros espacios merecedores de llevar su nombre. Felipe Vallese tuvo el triste honor de convertirse en la primera víctima de desaparición forzada. Su cuerpo continúa desaparecido y sus asesinos, sin castigo.

1) Clarín – Buenos Aires – 03-09-62
2) Primera Plana – Buenos Aires – 16-04-63

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