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Botellas al Agua
De Naufragios, Botellas con Mensajes y Tiempos Espinos
Botellas al Agua

De Naufragios, Botellas con Mensajes y Tiempos Espinos

Todo lo que encierra secretos nos anima a buscar caminos para develarlos. Una botella arrojada al mar o enterrada, goza de las virtudes del misterio y el azar.

Alguien por la suma de fortuitas razones encontrará esa botella arrojada al abismo y porque así lo dicta la curiosidad humana, la recogerá.

Me pregunto qué es más importante si el hecho de que el tiempo amarrado a lo fortuito nos una indefectiblemente en un acto de sensible humanidad, o lo más importante es el mensaje desesperado que encierra el mensaje dentro de una botella.

El deseo de trascendencia, incluso, navega ríos y mares insospechados. En estos tiempos pareciese que las redes sociales nos nutren de posibles botellas que arrojamos a la mar de culturas y habitantes diversos.  De algún modo la desesperación por ser oído, visto o escuchado es la premisa fundamental para sentirse vivo. En definitiva, compartirnos los naufragios individuales y también los colectivos. ¿Estar con la soledad de muchos es una nueva forma de estar acompañados?

Página 12 – REP – 04-10-19

Cuando llega a mi mente la imagen de un náufrago en una isla desierta arrojando una botella al mar con pedido de auxilio, recuerdo a Leopoldo Marechal cuando escribió que “el pueblo recoge todas las botellas que tiran al agua con mensajes de naufragio, el pueblo es la gran memoria que recuerda todo lo que aparezca muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria” y me emociona leer y releer esa concepción tan humana de los hechos que nos atañen en manos nuestras, en las manos que nos dan pertenencia y que no nos permite el olvido, porque en la memoria habita el mensaje que restituye, reconforta y alivia de los sufrimientos.  A veces pienso que, todos en algún momento de la existencia, somos náufragos de un mundo que sabe más de hostilidades que de humanidad, y entonces los secretos que las botellas encierran son de todo calibre, color y tamaño. Desenterrar, abrir o decodificar los mensajes es una ardua tarea, una necesaria y ardua tarea que nos invita a reflexionar sobre el sufrimiento humano, sobre los tiempos espinos, sobre la solitaria desesperación del que nada tiene, nada guarda, nada proyecta porque todo, absolutamente todo, por un instante parece perdido. Y entonces me viene un aire de resiliencia que se parece a un viento manso que despeina las “testas” y me quedo con las manos que recogen, las puertas que se abren, las miradas que comprenden, las almas que no olvidan, y el infatigable destino de ser memoria de los días que vendrán porque en ellos habitan los sueños que otros y alguien si no yo misma ha puesto en juego. Me quedo con el mensaje de la botella y como en un juego de postas, alguien sino yo misma, la recogerá vacía para colmarla de una o varias palabras que al corazón de pueblo irrigará.

Ana María Caliyuri

Testimonios

Botella al Mar – REP – Página 12 – 24-11-20

Hallan Botella con Mensaje de 1914
Por qué el amor es más fuerte

Londres.- Una botella con un mensaje de amor, escrito hace 85 años por un soldado británico, fue hallada ayer, casualmente en el estuario del Támesis, por un pescador que navegaba por la costa de Essex, al sudeste de Inglaterra.-

Doce días antes de morir en la Primera Guerra Mundial, el soldados Thomas Hughes le escribió a su esposa Elizabeth un mensaje que concluía diciendo: “Adiós por ahora, mi querida, tu marido”, y lo echo al rio cuando se dirigía a Francia a luchar contra los alemanes.-

La esposa de Hughes murió en 1979, pero su hija Emily Crowhurst, se mostró muy emocionada al recibir noticia del hallazgo.-

“Solamente tengo unas pocas fotografías de mi padre, pero me he pasado toda la vida tratando de saber más de su vida”, manifestó Emily, quien actualmente reside en Nueva Zelanda.-

Hughes, quien tenía 26 años al morir en su primer día en las trincheras, se despidió de su hija cuando ella tenía dos años.-

El pescador Steve Gowan manifestó que enviara la botella y el mensaje a Emily Crowhurst, ya que considera que es un “final maravilloso para esta historia”.
BBC – 13-04-99

Una Botella Trajo la Carta de un Náufrago en Tierra
El mensaje fue escrito en 1939. La botella apareció en los jardines de la casa de gobierno de Neuquén, en obras. Era de  un poeta que trabajaba en la policía y quiso dejar su huella.

Una botella de esas que arrojan los náufragos y los desesperados fue encontrada, pero no en una playa de mar sino bajo tierra, en la Casa de Gobierno de Neuquén. Su autor, Humberto Ligaluppi, era poeta, pintor, fotógrafo y lector de Shakespeare pero desempeñaba, cuenta la carta, “una tarea ingrata”: trabajaba como fotógrafo policial. Página/12 reconstruyó la hipotética historia: un hombre que se quiere artista arrastra “la obligación de pasar lo mejor de nuestra vida en estos parajes”, lejos de todo. Entonces –fotógrafo, habituado a calcular de un golpe de vista– decide su estrategia: arroja su botella, no al mar que se dilata en el espacio sino al que se extiende en el tiempo. El adivinó (deseó) que el mensaje haría fama y previó que entonces un pedazo de su obra llegaría, aunque fuese por un día, a todo el país. Hoy lo consigue.

Unos operarios que excavaban en los jardines de la Casa de Gobierno neuquina, durante la Obra de Recuperación del Casco Histórico, encontraron una botella de naranjín, aquel refresco tan popular. La tapa estaba lacrada y en su interior había una nota perfectamente legible: “Para que en tiempos futuros, cuando de nosotros ya no queden rastros, sea ésta un motivo”. El texto, según estableció su autor en 1939, “ha de servir para evocar estos tiempos tan difíciles en todo orden, y más aún para nosotros los empleados de policía, que, además de desempeñar una tarea tan ingrata por muchas causas, estamos obligados a pasar lo mejor de nuestra vida en estos parajes”.

Humberto Ligaluppi tenía 43 años cuando, el 5 de abril de 1939, lanzó su botella al mar. Estaba muy solo. Había nacido en 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, y en 1920, recién casado, viajó con su mujer a Neuquén, donde había conseguido trabajo como fotógrafo policial. Pero extrañaban la ciudad natal, donde estaban sus familias, y diez años después decidieron volver. Ya habían nacido sus cuatro hijos. En 9 de Julio Ligaluppi puso una empresa de pintura pero no le fue bien: “Eran épocas bravísimas”, recuerda su hija predilecta, para quien Humberto había elegido el nombre de Ibel.

Así las cosas, desde Neuquén le escribieron que su empleo todavía estaba vacante. Los hijos ya habían empezado la escuela y él volvió solo. Cada vez que podía viajaba a 9 de Julio: dos días en tren hasta Buenos Aires y la espera para otras cinco horas de tren hasta su familia. En esa soledad escribió la carta de la botella, que terminaba con un ruego: “Quiera Dios que el tiempo de encontrar este papel sea mucho mejor”. Ocho años después, murió. “Siempre tenía que viajar al interior de la provincia para hacer relevamientos fotográficos: el frío y la nieve lo afectaron, tuvo reumatismo y después insuficiencia cardíaca”, según Ibel.

“Todos sus hijos ignorábamos que había dejado ese mensaje”, confiesa Ibel. Ella conserva los cuadros que pintó su padre, las fotografías que quedaron de su relevamiento en la provincia inhóspita. “Mi papá era un autodidacta. Leía muchísimo, tocaba el violín que era una belleza, aunque nomás aprendió las primeras notas cuando era chico”, testimonia Ibel.

Ella desempolva viejas revistas donde su padre escribió: “Una tensión nerviosa reina en el mundo y las manifestaciones espirituales no entusiasman a las mayorías, no porque carezcan de educación estética sino porque la frivolidad se apodera del espíritu”. El, además, “tenía un humor muy especial; hacía caricaturas”. Fundó la Biblioteca Pública de Neuquén.

En 1939, Neuquén era un pueblito: “Tenía la tercera parte de la población actual. Las calles eran pura arena inhóspita y se andaba a caballo”, recuerda Ibel. La economía se organizaba alrededor de las tres bases militares, y una de gendarmería, que allí se asentaban. Había cierta prosperidad: “Íbamos al cine, se hacían cabalgatas”. Los habitantes provenían de todos los puntos del país; también, en las chacras, había alemanes, suizos, italianos.

En uno de sus viajes por la provincia Ligaluppi escribió su poema al río Limay: “Entre márgenes festoneadas de esmeralda / te deslizas suavemente /bajo el palio del sauzal. / A tus márgenes me allego / en busca de reposo / quiero aspirar aromas de consuelo / olvidar que hay pena / viendo en tus aguas el cielo / bajo el palio / frondoso / del sauzal”.
Página 12 – 10-08- 99- Por Pedro Lipcovich.-

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