Anécdotas
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Picardía o Sabiduría
El General Perón y Algunas de sus Tantas Anécdotas
Picardía o Sabiduría

La palabra anécdota proviene del griego anekdotos; esto significa inédito.

Las anécdotas suelen tener como fuentes la tradición oral, los testimonios directos o los documentos; éstos últimos pueden ir desde un acta notarial que certifique un diálogo o una situación determinada, hasta la crónica periodística audiovisual o escrita. Pero en todos los casos, esos instrumentos tenderán a perpetuar en el tiempo el episodio narrado.

No en vano transcurrieron muchos siglos y distancia desde que fuera enunciada con el sentido original. Hoy para nosotros y el  mundo globalizado significa historia breve o un fragmento de historia, que contiene alguna circunstancia de interés para quien la escucha o lee.

El vasto universo peronista fue y es un terreno fértil para las anécdotas. Las hay de todo tipo; alegres, trágicas, absurdas, inteligentes, heroicas, procaces. La inmensidad del horizonte anecdótico justicialista tiene que ver no sólo con las adhesiones multitudinarias, sino también con la composición policlasista del Movimiento; el cual se convierte en caja de resonancia de culturas diversas y también de intereses que no siempre son coincidentes, como lo demuestran distintas circunstancias que a lo largo del devenir justicialista, se tiñeron de contradicciones que alcanzaron no pocas veces picos de dramatismo.

En esta ocasión y siempre teniendo como eje conductor a la anécdota, sería interesante recordar algunas de aquellas que involucran directamente al Viejo, que de alguna manera dejan entrever esa visión pragmática y a la vez aleccionadora del fundador del movimiento peronista

Una de las primeras, refiere a una entrevista que el entonces coronel – y hombre fuerte del gobierno que terminó con la Década Infame en 1943 – Juan Domingo Perón, sostuvo con el embajador estadounidense Spruille Braden. El 5 de julio de 1945 sostuvieron una entrevista para conversar sobre temas de interés bilateral. Se cuenta que el diplomático encaró hacia su terreno favorito: los negocios. Estaba apurado por definir el destino de los bienes de los países enemigos incautados por la Argentina en el fin de la Segunda Guerra Mundial y también, manifestar su interés por el establecimiento de rutas aéreas en nuestro territorio; obviamente,  para depositarlas en mano de empresas norteamericanas. A cambio, Perón contaría con el beneplácito y la neutralidad estadounidense en la futura contienda electoral. El coronel habría simulado escuchar con sumo interés la propuesta; pero en determinado momento alegó la existencia de un problema. “¿Cuál es?” preguntó  el yanky; a lo que Perón respondió: “En mi país al que hace eso se le dice que es un hijo de puta.”

Hacia fines del 66 con Perón en  pleno exilio y con el gobierno de Juan Carlos Onganía surge una de las tantas historias de resistentes que lo tiene al General con toda la picaresca. “En una charla en el Sindicato de Farmacia entre Pepe Azcurra, Jorge Di Pascuale y Héctor Tristán, sobre las posibilidades de un golpe interno a la dictadura de Onganía, pro­piciado por sectores del nacionalismo y de algunos «peronistas sin Perón». -¿Y qué dijo Perón que yo no sepa, Jorgito? -se sacudió Tristán asegurando el mate en su mano. -No te emociones: al viejo le fueron con el cuento de que Onganía quería echar a los amigos de Krieger, los Martínez de Hoz y toda, la oligarquía para gobernar como Franco durante muchos años. Se apoyaría entonces en los nacionalistas. Por eso, algunos traidores del peronismo buscan instalar desde ese lugar, un peronismo sin Perón, nacionalista; como en el’55. -Eso sería la vuelta de Lonardi, mucha­chos. ¿Y que dijo el viejo? -Dijo que Onganía tenía un problema porque Franco para gobernar veinte años seguidos tiene a sus espaldas un millón de muertos y, en cambio, Onganía tiene a sus espaldas un millón de vivos”

Cuando en muchas oportunidades nos referimos a que el movimiento nacional justicialista no es excluyente y es permanente su vocación frentista no hacemos más que referirnos a la necesidad de la unidad nacional y una muestra es lo que sigue, “Fue precisamente Carlos Imbaud quien acercó la mayoría de los partidos provin­ciales al Frejuli. El jefe del Movimien­to de recuperación de Tucumán y ex gobernador de dicha provincia durante la presidencia de Levingston se había incorporado a la estrategia de Perón en 1971. En una de sus visitas a Madrid, en el año 1972, Imbaud expresó al líder justicialista su intención de disolver su partido y afiliarse al peronismo. La res­puesta de Perón fue por demás elocuen­te: “No, licenciado… peronistas ya tengo muchos. Es mejor que Usted permanezca en la Federación de Partidos Provinciales y procure sumar sus integrantes al frente nacional que habremos de formar.”

Para reafirmar que Perón había superado ya los límites de su propio movimiento es reveladora la anécdota que transcribe Pablo Hernández, “Al comenzar la década del ‘70, cuando las peregrinaciones a Madrid convocaban también a flamantes creyentes, llegó hasta la residencia de Puerta de Hierro quien había sido un hombre del riñón de Eduardo Lonardi, aquel que en 1955 mediante un golpe de Estado clausurara la democracia hasta entonces vigente. El coronel Juan Francisco Guevara, solemne, planteó esa vez su decisión de incorporarse al peronismo. La respuesta del conductor fue tan rápida como tajante: ‘Coronel, parece cosa del destino que usted y yo siempre tengamos que andar a contramano: usted viene al peronismo cuando yo ya me estoy yendo’.

Como colofón y para cerrar, nada mejor que volver siempre al viejo equilibrio que caracterizó al movimiento y en particular a su líder.  En un discurso pronunciado ante el Consejo Nacional Justicialista el 24 de mayo de 1974 el General decía: “Nosotros no somos un partido político sino un gran Movimiento Nacional y, como tal, hay en él hombres de distinta extracción. Por mi parte, siempre cuento una anécdota de algo que me sucedió en la etapa inicial de nuestro Movimiento. Cuando empecé a organizarlo, había hombres que provenían de la derecha y, en realidad, eran de la reacción de la derecha. Del otro lado, había unos de izquierda y algunos, un poquito pasados de la izquierda. Pues bien: un día vino un señor de la derecha y me dijo: ‘Ge­neral, usted está metiendo a todos los comunistas’. ‘No se aflija’, le respondí, agregando: ‘Yo pongo a esos para con­vencerlo a usted, que es reaccionario’. Los movimientos populares y masivos como el nuestro no pueden ser sectarios. El sectarismo es un factor de elimina­ción y es poco productivo cuando en un movimiento de masas se comienza pre­maturamente a eliminar a aquellos que no piensan como el que lo forma. Vale decir, resulta necesario ver esa enorme amplitud, sin ningún sectarismo.”

Muchos de sus discursos, mensajes, cartas y frases han servido como base para lo que a posteriori fue el dogma peronista. Peso si bien todo lo escrito fue importante lo mas destacado como fuente de doctrina son los hechos.

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