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Vuelta de Obligado – (3 de 7)
Desenlace de la Batalla de Obligado
Vuelta de Obligado – (3 de 7)

Desenlace de la Batalla de Obligado

Avanzaba la tarde del 20 de noviembre en la Vuelta de Obligado. Mansilla alcanzó a preguntarle a Alberti, su amigo italiano que le había suministrado los lanchones y botes para sostener las cadenas: “Che, Alberti, ¿qué están tirando al agua en aquel barco?”. Alberti abrió su catalejo y miró. “¡Son corpos, usía!”, respondió. Las cadenas aún no habían sido cortadas, pero Mansilla sabía que no podría sostener el fuego durante mucho tiempo. La pólvora y las municiones ya escaseaban. El vapor Fulton con sus cañones de 80 libras se acercó a los lanchones y acribilló a las baterías criollas, que concentraron su fuego sobre la nave enemiga. Dos veces intentó forzar el paso, pero una bala de cañón mató a su jefe de máquinas y perdió también uno de sus cañones. Se retiró con daños en el casco y las máquinas.

En una audaz acción y provisto de mazas y yunques, el capitán Hope y sus tripulantes del Firebrand pudieron cortar las cadenas. Sopló de nuevo el viento y el comandante francés cruzó la línea de lanchones, concentrando el cañoneo sobre la batería Manuelita, que literalmente fue destruida, mientras el capitán Sullivan disparaba sobre las otras baterías.

El bravo Thorne, rodeado de cadáveres y heridos, ahorraba disparos para no gastar la escasa pólvora y las pocas municiones que le quedaban, apuntaba él mismo los cañoncitos y a las 5 de la tarde hizo un último disparo, justo cuando lo volteaba una granada. «No fue nada», dijo, pero quedó sordo para siempre. Alsogaray resistió casi a la par, ya que las 16 había cargado un cañón del 24 y con serenidad lanzó una última andanada.

Los cañoncitos patriotas ya no respondían al fuego invasor, así que éstos desembarcaron 325 infantes. Mansilla ordenó una carga a la bayoneta a sus Patricios, milicianos y cuerpos rurales. El capitán Trehouart cambió balas por metralla en sus cañones y diezmó la infantería criolla. Sin embargo, ésta arrolló a los ingleses, que debieron reembarcarse a las corridas. Mansilla cayó malamente herido por un casco de metralla y lo sustituyeron el coronel Francisco Crespo y el coronel Ramón Rodríguez.

Volvieron a desembarcar los ingleses, apoyados por los infantes de marina franceses y toda la metralla y los cohetes Congreve de la escuadra, que concentraron el fuego sobre la infantería argentina. Crespo y sus hombres se replegaron en los montes detrás de las barrancas. Eran las 8 de la noche y Obligado había caído.

François Thomas Trehouart
Capitán de la Flota Francesa

Los defensores de la soberanía nacional lamentaron unos 250 muertos (según algunos historiadores, entre ellos estaría el gaucho Antonio Rivero, líder de la revuelta de los peones en las islas Malvinas, pero José María Rosa no lo individualiza entre las bajas) y 400 heridos. Casi la tercera parte de los 2.160 patriotas de Obligado, una proporción muy alta de bajas. Del parque de artillería, sólo se salvaron los 9 cañoncitos móviles, quedando los 21 restantes en poder del enemigo, que se llevó de recuerdo algunos de bronce, inutilizando al resto.

Los aliados invasores reconocieron 26 muertos y 86 heridos, pero se supone que fueron más, pues hubo 14 oficiales muertos, lo que da a entender que debieron ser bastante más los 12 reconocidos entre la tropa. Las averías en las naves obligaron a la escuadra anglo francesa a quedarse unos 40 días en la zona para reparaciones de mayor urgencia, sobre todo en la San Martín, el Fulton, el Dolphin y el Pandour.

El parte del capitán Trehouart a su Almirantazgo rindió tributo al valor argentino: «Siento vivamente que esta gallarda proeza se haya logrado a costa de tal pérdida de vidas, pero considerando la fuerte posición del enemigo y la obstinación con que fue defendida, debemos agradecer a la Divina Providencia que no haya sido mayor».

por José Rodolfo Maragó

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