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Tilingos
Patricio Giménez desde Uruguay
Tilingos

La característica sobresaliente del tilingo es parecer antes que ser. En su afán de mimetizarse con lo que no es, de copiar el modelo que en su imaginario es el ideal, se excede; se sobrecarga de atributos que en su obsesión camaleónica, paradójicamente lo terminan alejando del codiciado original. La copia termina siendo tan evidente, que llama la atención.

La construcción del personaje en nuestro medio, viene de lejos. En el período en que la Nación estaba organizándose como tal, el modelo a imitar por mucha gente era la “alta sociedad.” Pero ese círculo de poder que hasta alrededor de 1880 todavía conservaba algunas costumbres frugales propias de la etapa colonial, como tomar mate, vivir en amplias casonas bajas, o relacionarse con los vecinos de la cuadra, empieza a cambiar durante el auge de la llamada Generación del Ochenta. La Gran Aldea que había sido Buenos Aires, al ritmo de la acumulación de capital generada por las exportaciones, se transforma aceleradamente en una gran ciudad que en su afán de copiar a Europa, importa arquitectos, palacios, coches de lujo, artistas y una colosal cantidad de objetos suntuarios.

La “clase alta” se convierte en una élite que habita magníficos palacios que sólo abren las puertas para recibir a sus pares e ir a veranear a las estancias o a Europa. Sus códigos están cerrados, pero una incipiente clase media y algunos nuevos ricos pujan por acceder a ella. Copian sus ropas y modales, tratan de mostrar una vida social intensa, desesperan por ingresar al Club Del Progreso o al Jockey Club y sobre todo, ser parte de esa clase mediante un casamiento afortunado; son los primeros tilingos. El escritor Santiago Calzadilla en su obra “Las Beldades de mi Tiempo”, da un colorido testimonio de esa densa trama social, donde se entrecruzan ricos en caída, apellidos ilustres sin un peso y tilingos en ascenso.

El tango se ocupó profusamente del tilingo. Un buen ejemplo es “Niño bien” de V. Soliño y R. Fontaina, con música de Juan Collazo.

“Niño bien pretencioso y engrupido
que tenés berretín de figurar;
niño bien que llevás dos apellidos
y que usás de escritorio el Petit Bar.”

Luego, el retrato revela el origen menos que plebeyo del personaje:

“Niño bien que naciste en el suburbio
en un bulín alumbrado a kerosén”

Y finalmente el tiro de gracia a las fantasías del tilingo:

“Mientras tu viejo pa’ ganarse el puchero
todos los días sale a vender fainá.”

En esa pieza muy antigua, se menciona al Petit Bar, un local gastronómico de la avenida

Santa Fe donde acostumbraba reunirse parte de la “crema” del Barrio Norte. En ese sitio se habrían originado a fines de la década de 1950, los “petiteros”. A los jóvenes “petiteros” se los estigmatizó por su indumentaria: sacó derecho y muy corto, con martingala en la cintura y dos tajitos en los costados, el saquito “culero.” Pantalón muy ajustado, completaba la figura. El culto al naciente rock and roll terminó por condenarlos. Hasta que la moda petitera llegó a los barrios y dejó de llamar la atención, los precursores sufrían todo tipo de burlas. “Tilingo…” era lo menos que le gritaban a muchos de ellos en los barrios hostiles.

Es que al tilingo se lo emparentaba con el compadrito, que pocas décadas atrás pisó fuerte en las calles porteñas. El compadrito fue la versión devaluada del compadre. Aquel le copiaba los modales a este, pero no la sobriedad. Todo lo exageraba, comenzando por la ropa: saco culero, pantalón bombilla con trencita en la botamanga, bota con tacón, “funyi” requintado y lengue. Los hubo provocadores y barulleros, pero en general fueron pacíficos.

Algunos de estos compadritos, proto tilingos, llegaron al extremo de calzar vistosos anillos sobre los guantes: se los llamó “relajados.” En su pretensión de “fino” o “distinto”, el tilingo se cruza en algunos aspectos – en general copiados- , con el fifí, shusheta, y el ideal del tilingo: el cajetilla, el niño bien de verdad, por cuna y fortuna. Arturo Jauretche define al tilingo como “Una frustración, una decadencia sin haber pasado por la plenitud.” Es que este personaje entre risueño y patético, siempre “ninguneado” por sus semejantes y la realidad misma, se refleja en el espejo de la vida con la imagen disminuida de lo que no pudo ser. Pero el tilingo genera una cultura y un vocabulario: tilingada, tilinguería, tilinguear, tilinguismo. Hace muchos años, el tilingo soñaba con ser considerado un cajetilla, aunque hubiera nacido “En un bulín alumbrado a kerosén.” En el siglo XXI el tilingo aspira a viajar a Miami, Europa u otros destinos turísticos pagando el viaje en cómodas cuotas. En muchos casos, su hora más gloriosa será aquella aventura con la que aburrirá a todo el barrio durante años. Pero en los últimos años el personaje invadió muchos ámbitos. Por ejemplo los medios de comunicación, donde encontró un terreno propicio que le da fama y en algunos casos, lo convierte en referencia para muchos tilingos ignotos.

Tilingas y Tilinguería Intelectual

La mujer tampoco es ajena al fenómeno y suele utilizar la tilinguería como trampolín en el ascenso social o en la búsqueda de fama y popularidad, como su par masculino. En años lejanos, el “berretín” de una madre ambiciosa era casar a sus hijas con un caballero de abolengo. Para ello, la moneda de cambio era la presunta honestidad de las hijas, la belleza y un vago e improbable pasado patricio. Existen anécdotas sobre familias que publicaban en un diario importante la noticia de que viajaban a Mar del Plata – entonces coto restringido a las clases pudientes – y en realidad pasaban todo el verano encerradas en su casa porteña, sin dejarse ver. Las transformaciones del siglo XX atenuaron las diferencias de clase pero no las eliminaron. Los sectores altos hicieron más sutiles y más exclusivas las pautas, para filtrar a los arribistas. La moda se encargó de eso. El humorista Juan Carlos Colombres (Landrú), hizo en los años sesenta una magistral radiografía de esa competencia entre quienes querían mantener su exclusividad y aquellos que a cualquier precio pretendían imitarlos.

La tilinguería no se ocupa sólo del ascenso social. Con la democratización de la cultura, aparecieron los “tilingos ilustrados.” Los que hicieron de su bagaje cultural un sello distintivo. Entonces, mencionar oportunamente un director de cine, un escritor o un artista plástico, daba el áurea de pertenencia necesario para hacer notar que uno “estaba en la cosa” ; en vez de pasear por Florida con bastón y polainas, alcanzaba con andar con un libro en la mano o el folleto de una exposición.

Con la globalización, los tilingos y tilingas se instalaron en la política, en la farándula, los deportes y en cuanto escenario les permite brillar, aun fugazmente. Su mejor aliada es la era mediática y sus herramientas, donde el inquieto investigador, puede encontrar tilinguería como “para hacer dulce.”

Desde la mansión de Susana en Uruguay, Patricio Giménez atacó al peronismo

Patricio Giménez está pasando la cuarentena en la casa de Susana en Punta del Este y desde allá fue durísimo contra el gobierno y el peronismo

Patricio Giménez, hermano de Susana, está pasando la cuarentena en la casa que la diva tiene en Punta del Este, Uruguay. Pero, pese a estar en la mansión de su hermana, no deja pasar oportunidad para seguir y criticar lo que pasa en Argentina.

Este viernes, decidió compartir en sus historias de Instagram un fuerte mensaje dirigido al Gobierno y a sus seguidores, en el que habló de la situación económica y social de la Argentina y explicó cómo esto lo afecta en lo personal a pesar de estar viviendo en el extranjero.

 “Chiques, ¿qué pasó con los trolls? Porque hasta ahora recibí sólo elogios. ¿Qué están, todos tomando tierras?”, comenzó diciendo Patricio utilizando el filtro de El Guasón y después simular hundirse al ritmo de la marcha peronista. Y siguió: “Saludos. Después paguen los impuestos…Y acuérdense: siembren manzanas y lleven gallinas. Pero ojo, nunca tomen tierras fiscales que se vendieron a seis pesos en Santa Cruz. ¡No sean malos!». “Y si vos pensás que yo la tengo gratis, tengo a mi mamá con cáncer en Argentina. Y a mi abuela, con 98 años, en Argentina. Y no las puedo sacar de ahí. Si no, los mandaría a todos a la conc… de su madre”, retrucó el hermano de Susana. Enseguida, Giménez continuó con su crítica al Gobierno y recordó la excarcelación de presos por la pandemia.

“Un día ustedes liberan cuatro mil quinientos presos, porque afuera no hay COVID. Y, después, gastan treinta y ocho mil millones de pesos en patrulleros, para meter de vuelta a los presos. ¿A dónde? A donde hay COVID”, aseguró.

…Y desarrolló su teoría: “Ustedes quieren una clase media que baje a la pobre para decirle: ‘Bueno, nos subimos a un camión y ahora, con dos choripanes y un plan, vamos a manifestar’. Yo eso lo vi de ustedes, empleados de correo y de muchas empresas. Y ustedes, sin impuestos, no son nada. Y nosotros somos los impuestos”. Para terminar, Patricio se refirió a quienes criticaron al gobierno de Mauricio Macri, al que tanto él como su hermana apoyaron: “Al pelotudo que piensa que Macri lo puede salvar en cuatro años, yo no lo defiendo, pero con 14 años de kirchnerismo, más este año de kirchnerismo, no lo salvaron…

… Después, mostrando un billete de mil pesos partido al medio, aseguró: “La plata es un billete. Y un billete no es nada, es un pedazo de papel y confianza. Eso es, nada. Nada. Felicitaciones”.

diariouno@grupoamerica.com.ar

24 de Octubre de 2020

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