Al Pie de la Letra
Fecha de Publicación:
Tiempos Molestos
Relato de Pablo Diringuer sobre la muerte de un vendedor ambulante discapacitado en “vivo y en directo”
Tiempos Molestos

Cuando llegué al lugar, la policía acordonaba el sitio y habían tapado su cuerpo con unos plásticos. Había también un pequeño grupo de personas que no dejaba de comentar y hasta cuchichear de los hechos. Había uno que lo había visto morir en vivo y en directo.

Cold Toned Picture: A Corpse Lying on the Floor and Covered. Victim’s Hand is Peeking Out. Accidental Manslaughter Leaving Young Man for Dead. Glasses and Blood Marked as Evidence Next to the Corpse

Tiempos Molestos
Difíciles tiempos. ¿Acaso los hubo más fáciles en otro momento del transcurso vivencial?

Estaba esperando el colectivo sobre la avenida de Mayo, ahí, casi a media cuadra de las vías del ferrocarril Sarmiento en Ramos Mejía. Casi quince minutos de espera y, cuando aparece el mismo, tres unidades juntas amuchan gentes embadurnadas de paciencia trasnochada de hastío.

¿Hasta dónde va? –pregunta el chofer, robotizado de rutina-

La tarjeta “sube” paradójicamente “baja” el contenido de la misma; hasta la plaza de San Justo las monedas inexistentes grafican el lánguido económico que me identifica. Viaje de… veinte minutos parado absorbiendo dolores perfumados por desodorizados antitranspirantes y teléfonos celulares cableados de músicas dispersas mientras esos tímpanos rebotan y rebotan como un recreo al son de esos instrumentos sonajeros “medicinales” de esparcimiento. Nadie mira a nadie y si lo hacen es por algún dueto que no para de contar vicisitudes cotidianas al son de esa realidad porosa del comunicar.

Yo viajo solo, como identifica mi realidad circundante en estos últimos años y en este sentido, no me privo de dar rienda suelta a mis ojos y mente mientras la nada misma nubla conclusiones esporádicas, que jamás recordaré al final de… esa rutina costumbrista que nos pinta cuando los años identifican esas grietas cutáneas sabedoras de vida.

Me imagino un reloj de arena, pero no contenedor de mis años; no, no me sonrío por tal desproporcionado tamaño curvilíneo de vidrio, pero sí me lo imagino contenedor de esos veinte minutos transportador del periplo en cuestión y trasplantando pensamientos absurdos imaginándome si no existiesen relojes con agujas ni celulares contemplativos del tiempo transcurrido, y claro, si así lo fuese, imagino plagado de bolsos, carteras o lo que fuese colgado de muñecas “bracescas” para identificar lo tangible del lapso pasado.

Una vez más doy rienda suelta a mis absurdos pensamientos caídos de ese más allá inexplicable de la mente, tal vez presos de esa zozobra incursa producto de los tiempos que corren y la imprevisión se halla todo el tiempo a la vuelta de esa esquina plagada de baches, sobre todo, anímicos y económicos. De amplios conocimientos se sabe, que en la actual situación social-laboral, luego de los empleados de comercio, los que estamos ligados al gremio de prensa, somos parte de la gran desocupación en la Argentina, y en este sentido, como segundos en la tabla en cuestión cuando aparece algún pedido de free lance o colaboración pasajera de algún comentario o gacetilla, bienvenida sea ésta y me tiene ipso facto como “alumno re-aplicado” para la misma.

¿Pagar la factura del gas o la electricidad o el monotributo? Y bueno… aquí vamos…

Plaza de San Justo, día de semana cualquiera, me sugirieron recabar datos de la “malaria” monetaria en la calle que, aunque sea para nada sorpresivo debido al desastre económico social propuesto por el actual gobierno nacional, desde la provincia de Buenos Aires, algunas cosas dejan entrever que hay cierta flexibilidad hacia el común de los que están completamente en el llano, y en este sentido, lo que hízome llegar hasta ese lugar fue el dato que me filtraron de una persona prácticamente en estado de calle. Que hubo de estar tiempo atrás también en situación de neto desamparo pero por aquel entonces en la CABA y que también se dedicaba a vender productos en la calle. Este hombre de alrededor de cuarenta y cinco años, carecía de una pierna y, en varias oportunidades autoridades policiales de diferente índole de la ciudad lo presionaban o trataban de intimidarlo con el absurdo pedido de parte de las autoridades de algún permiso amén del correspondiente certificado de discapacidad, como si fuese necesario a pesar de la notable evidencia en cuanto a la falta de su pierna izquierda.

Man holding hand of girl lying on road, unconscious victim of car accident, 911

En varias oportunidades por aquel entonces le decomisaron la poca mercadería que poseía, lo que motivó que volcara su esfuerzo para poder seguir viviendo el trasladarse hacia el gran Buenos Aires, esto fue, a la ciudad de San Justo. En este sitio, hacía alrededor de un año que, todos los días se dedicaba a vender paltas, limones o ajos a muy bajo precio y así fue que ya era por demás conocido por el común de los transeúntes ya sean estos de paso o exiguos habitantes del barrio.

La noticia no podría haber pasado por un simple hecho de la degradación actual de un laburante que trata honestamente de ganarse el sustento básico de vida. Pero no, o por lo menos, he aquí que, esa mañana ese señor llamado Pedro C. junto a su humilde puesto callejero de paltas, limones y ajos sobre cajones de maderas húmedas y lonas grises acompañadas por sus dos bastones, fue hallado muerto.

Cuando llegué al lugar, la policía acordonaba el sitio y habían tapado su cuerpo con unos plásticos. Había también un pequeño grupo de personas que no dejaba de comentar y hasta cuchichear de los hechos. En ese cúmulo de gente había uno que no paraba de hablar y según sus dichos, declaraba que lo había visto morir en vivo y en directo, debido a lo cual, me dispuse a acercarme y sólo dejarme llevar por sus dichos; me presenté no sin antes avisarle de mi presencia y los por qué de la misma, lo cual mostró mucha soltura en contar detallosamente los pormenores, así fueron sus declaraciones: – Me llamo Rigoberto y soy paraguayo de nacimiento, pero vivo en este país desde hace unos veinte años, soy vecino del barrio y desde hace mucho le compro a Pedro gran parte de lo que él vendía, hoy a la mañana vine como siempre lo hago y mientras le compré, lo que le di de dinero no me alcanzaba, por lo tanto me dijo que no me haga problema que después se lo llevase, y cuando estaba por llegar a la esquina, me di cuenta que en el otro bolsillo tenía más billetes, por lo tanto regresé para dárselo, y justo en ese momento que nuevamente estoy con él me hizo una seña rara como que le faltaba la respiración y de golpe hizo como un gesto de que le había dado una descarga eléctrica y, a partir de ese momento, se desplomó hacia un costado y su cabeza cayó sobre un cajón en donde apoyaba los ajos.

Al señor mientras contaba de lo que había visto y participado, de a ratos la voz le temblaba y no podía disipar la emoción que lo invadía, no obstante lo cual, viajaba en el tiempo en cuanto a dejarse llevar desde tiempos “ha” que fue cuando hubo de conocerlo a Pedro, cuanto le hubo de impactar cuando Pedro mismo le contó cómo fue que hubo de perder la pierna que le faltaba y que fue cuando en un accidente de tren por evitar que una mujer fuese atropellada, él la hubo de empujar y la salvó de la muerte, pero a Pedro el mismo le succionó el miembro producto de lo cual hubo de estar internado casi dos meses en un hospital luego de cual nunca más pudo vivir dignamente.

Rigoberto estaba tan conmovido que cuando se percató de mi actividad, no se privó de nada en sus declaraciones, y enseguida se largó a repudiar a los gobernantes de la Ciudad de Buenos Aires pues sabía en detalle las veces en que Pedro había sido parte de los atropellos por parte de la “policía de los ricos” –según sus dichos- y que en varias oportunidades Pedro volvió con las manos vacías producto del salvajismo y la arbitrariedad de parte de aquellas autoridades.

Lo vi tan acongojado a Rigoberto… sin embargo, de a ratos expresaba exabruptos  contra esa policía “de la casta” –según sus dichos- y que endosaba además sus dichos con un “si tuviese unos cuarenta o cincuenta años menos se las verían conmigo”…

Luego de alrededor de una hora, me retiré de la plaza justo cuando autoridades forenses-policiales, hospitalarias, municipales concluyeron su labor y los restos de Pedro y sus pertenencias tuvieron un final incierto.

De vuelta por los pagos capitalinos mi trabajo ciudadano del “vivo y en directo” de los hechos se había terminado y el sabor agradable del cometido inicial se hallaba muy mezclado con la indignación y la tristeza de este mundo que me rodea todos los días y que nunca se sabe a ciencia cierta en qué puede terminar lo apócrifo y putrefacto del egoísmo humano-no humano que hasta ahora no concluye.

Por Pablo Diringuer

Temas
Comentarios
Notas de Opinión
Hacete Amigo de las Sardinas

Hacete Amigo de las Sardinas

El pescado azul es rico en Omega 3, que son ácidos grasos, y se consideran grasas saludables porque juegan un papel clave en la reducción de los triglicéridos, que aumentan las posibilidades de contraer enfermedades cardiovasculares.
Semblanzas
La Lujuria

La Lujuria

La palabra lujuria proviene del latín luxuria. Según la religión cristiana es uno de los siete pecados capitales, consistente en el deseo excesivo del placer sexual. El acto compulsivo en sí que no se detiene frente al derecho y / o límite que le pertenece al otro.
El Arte de la Culinaria
Sofrito Puertorriqueño

Sofrito Puertorriqueño

El Sofrito de Puerto Rico se prepara con una mezcla de vegetales aromáticos junto con hierbas frescas que se procesan juntas, destacándose entre ellas el recao, conocido también como cilantro de monte o bien culantro.
Frases y Expresiones
El No Te Metás

El No Te Metás

El “no te metás” bordea esa zona gris y sinuosa, donde se mezclan la prudencia con el oportunismo más crudo. Ejemplo de ésta última filosofía, son los consejos del Viejo Vizcacha, aquel personaje del Martín Fierro.
Literatura Iberoamericana
Voces que no Conocen Fronteras 

Voces que no Conocen Fronteras 

Cuando una persona camina hacia lo desconocido, no se despoja de su pasado; al contrario, lo convierte en su armadura más sólida. La lengua materna, los cantos de la infancia y las leyendas de los abuelos viajan en el equipaje invisible del migrante...
Columnistas
Más Artículos