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Un grupo llegó hasta el sexto piso gritando insultos. Sólo lo acompañaban su mujer y una hija. Intentó defenderse con un revólver pero fue reducido antes de hacerlo. En medio de forcejeos lo arrojaron por una ventana desde el sexto piso.

Las Vísperas
En la tarde del 23 de marzo de 1976, el diario porteño La Razón tituló en la tapa de su sexta edición: “Es inminente el final – Todo está dicho”; sincerando lo que sabía gran parte del país. En la madrugada del 24 la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón (Isabel) fue detenida mediante un engaño, cuando el piloto del helicóptero que la transportaba de la Casa Rosada a la residencia de Olivos, alegó una falla mecánica para aterrizar en el Aeroparque Metropolitano. Allí la Jefa de Estado fue reducida por efectivos militares y se sinceró el asalto al poder que ya había comenzado horas antes. La mandataria depuesta fue recluida en la residencia El Messidor (Neuquén) y luego pasó varios años en el Arsenal Naval de Azul.
Además de colocar “… el país bajo el control operacional de la Fuerzas Armadas” como advirtió el primer comunicado oficial de la flamante dictadura, las medidas iniciales ya libres de obstáculos constitucionales apuntan a la cacería de opositores políticos, reales o no. En todo el país se sucede una ola de detenciones a veces con personal uniformado y otras por grupos de tareas sin identificación (que operaban desde tiempo antes) y también desde las primeras horas se registran muertes de civiles en presuntos enfrentamientos.

Una de aquellas primeras víctimas fue el Teniente Coronel Bernardo Alberte, conocido en el mundo político como El Mayor Alberte; ya que éste fue el grado que tuvo hasta 1955. En 1973 el gobierno constitucional lo ascendió a teniente coronel (Retiro Efectivo), devolviéndole su estado militar perdido por razones políticas bajo una dictadura.
Cárcel y Resistencia
Bernardo Alberte nació en la ciudad bonaerense de Avellaneda el 17 de noviembre de 1918. Ingresó al Colegio Militar de la Nación, graduándose de subteniente en 1939.
En las jornadas de octubre de 1945 sostuvo la continuidad del coronel Juan D. Perón, actitud que le costó un arresto pero fue liberado después del 17 de octubre, cuando Perón le ganó la pulseada política a sus enemigos debido a la gigantesca movilización popular de aquella jornada.
Perón se impuso en las elecciones presidenciales de 1946 y en paralelo, Alberte ya había ascendido a Mayor. Con esa jerarquía en 1954 fue designado edecán del Primer Mandatario, estableciendo una relación estrecha con el fundador del justicialismo.
La atmósfera política a mediados de 1955 se había enrarecido debido a las tensiones entre el Gobierno y la oposición, a la cuál a esa altura de los acontecimientos, se había sumado la jerarquía católica. Una serie de acciones armadas de grupos antiperonistas agregan su cuota de inquietud.
El 16 de junio de ese año la Aviación Naval y algunos aparatos de la Fuerza Aérea bombardearon sorpresivamente la Casa Rosada, Plaza de Mayo y otras dependencias. El objetivo: matar a Perón.
Pero a nadie escapa que la intención incluía aterrorizar a la población para evitar que reaccione frente al golpe de Estado, ya que en la zona los “comandos civiles” en combinación con la Infantería de Marina atrincherada en el cercano Ministerio de Marina, esperaban que cese el bombardeo para asaltar la Casa Rosada.

El presidente se refugió en el cercano Edificio Libertador (Ejército), los “comandos” golpistas se retiraron antes por la demora del ataque aéreo y el saldo fue pavoroso:
entre doce y catorce toneladas de bombas descargadas sobre la población civil, con un saldo de más de 350 muertos y cientos de heridos. La Casa Rosada fue defendida por el personal de guardia que registró 12 muertos y 55 heridos; el edificio sufrió graves daños.
Alberte habría participado en la defensa de la Casa y en su rol de edecán, acompañó al Presidente hasta su alejamiento del gobierno a raíz del golpe subversivo del 16 de septiembre, la “Revolución Libertadora” había triunfado.
El mayor Alberte, como muchos otros militares leales fue a prisión. Conoció la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, donde meses después sería fusilado el general Juan José Valle, luego el penal militar de Magdalena y la cárcel de Ushuaia, traslado debido a que habría tenido relación con el alzamiento del general Valle. La prisión de Ushuaia fue cerrada por Perón y reabierta por la dictadura de Aramburu – Rojas para alojar presos peronistas.
Luego Alberte, su mujer e hijos se exiliaron en Brasil. En 1958 la Ley de Amnistía del gobierno frondizista le permitió regresar al país y sobreviviendo con modestas actividades comerciales, profundizó su militancia vinculándose a la Resistencia Peronista. En ese ámbito se relaciona con hombres que serían claves en la Tendencia Revolucionaria, como Julio Troxler, Gustavo Rearte, y otros referentes. Participó de la creación del periódico “Con Todo” y en 1967 el general Perón lo designó Delegado Personal y Secretario General del Movimiento Peronista.
En diciembre de 1964 Perón intentó retornar a la Patria, confiando en la palabra del gobierno de Arturo Illia el que había asegurado que no había impedimentos para su regreso. No obstante, a pedido del canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz la dictadura brasileña detiene el avión y lo obliga a retornar a España. El país perdió una oportunidad invalorable para recuperar pacíficamente una democracia plena, sin proscripciones y permitiendo la plena vigencia de la Constitución Nacional.
Al año siguiente cuando Isabel Perón llega a nuestro país para abortar la maniobra del metalúrgico Augusto Vandor que planteaba un peronismo sin Perón, Alberte la aloja en su casa por razones de seguridad.

En esos años El Mayor impulsa la Corriente Peronista 26 de Julio y un espacio en el que participan militares retirados y otros dados de baja: la Organización de Estudios y Acción Nacional. El Líder exiliado está al tanto de todas éstas actividades y las aprueba.
Bajo la nueva dictadura (1966) comandada por el general Juan Carlos Onganía, en 1968 nace la combativa CGT de los Argentinos conducida por Raymundo Ongaro, la que cuenta con el aval del Delegado de Perón. En ese año Alberte renuncia a su cargo pero continúa militando en la corriente peronista que enfrenta a la dictadura sin concesiones.
Un año después rechaza la amnistía y devolución del rango que el Ejército ofrece a los militares sancionados a partir de 1955. Alberte no acepta y replica con una crítica frontal a sus pares, mediante el documento titulado “Participacionismo con uniforme” (1). Pero en ese mismo año, la “pax onganiana” estalla bajo los golpes de un auge de luchas populares que comenzó en Corrientes y siguió con El Rosariazo, el Cordobazo y un virtual estado de movilización nacional, a la que la dictadura responde aumentando la represión, generando una conflictividad social desconocida en esos últimos años; a lo que hay que sumar la presencia creciente de organizaciones armadas de distinta orientación política que hostigan a diario al gobierno de facto.
El secuestro y ejecución del ex dictador Pedro E. Aramburu por la organización Montoneros, hasta entonces desconocida pero que se identifica con el peronismo, sella la suerte del “hombre fuerte” que prometía una dictadura de veinte años. Onganía es echado por sus pares sin miramientos.
A Onganía le sucedió un ignoto general llamado Marcelo Levingston el que poco después también es desalojado por la Junta Militar, asumiendo el último tramo de la autotitulada “Revolución Argentina” Alejandro A. Lanusse, quien reconociendo el fracaso del gobierno militar convocó a elecciones para el 11 de marzo de 1973, pero mantiene la proscripción de Perón a cualquier candidatura.

Cámpora al Gobierno – Perón al Poder
La recuperación de la democracia con el binomio Héctor Cámpora – Solano Lima, trae esperanzas de lograr de una vez la Reconstrucción Nacional.
Los militares proscriptos desde 1955, recuperan su condición de uniformados y como en el caso de Bernardo Alberte, se lo promueve al grado inmediato superior: teniente coronel. El ex Mayor acepta. La diferencia entre la promoción en democracia y la “amnistía” onganiana, es que aquella provenía de un gobierno constitucional como una justa reparación; la oferta de Onganía que algunos aceptaron, sonaba más a soborno que a un franco espíritu de reconciliación, como lo denunció Alberte fundamentando su rechazo. El flamante teniente coronel (R.E.) no ocupó cargos públicos pero continuó con su habitual pasión militante.
En medio del aumento de las tensiones internas en el Movimiento, Cámpora – Lima renuncian el 13 de julio del mismo año para facilitar la elección del General Perón, bandera principal de la militancia peronista durante dieciocho años. El 23 de septiembre la fórmula Juan Perón – Isabel Perón, triunfó con un resultado aplastante: más del 62 por ciento, asumiendo el 12 de octubre de 1973. Con Perón en el gobierno las cosas parecían encarrilarse, pero meses después falleció el General, asumiendo la vice Isabel.
Derrumbe y Golpe
La lucha interna por el poder se agudiza, los sectores económicos presionan para romper el Pacto Social (como lo denunció el mismo Perón en su última aparición pública el 12 de junio de 1974), las organizaciones armadas intensifican su accionar y la Triple A provoca decenas de muertes, como preludio al Terrorismo de Estado blanqueado a partir de marzo de 1976. El tercer gobierno peronista con la ausencia del Líder y la sombra enquistada de José López Rega, ve erosionarse su credibilidad a partir del “Rodrigazo”; el plan económico de sesgo liberal que implementó Celestino Rodrigo, el desconocido ministro de Economía llevado al gobierno por López Rega.
El super aumento de los servicios públicos, disparó una fuerte puja entre precios y salarios y el límite fue la decisión de Isabel de poner tope a las paritarias, desatando una huelga general ordenada por la CGT; la primera vez que la central obrera le hacía un paro general a un gobierno peronista. El gobierno cede y permite la libertad de negociación. El triunfo sindical eyecta del gobierno a Rodrigo y López Rega, comenzando una sucesión de ministros de Economía en el contexto de una inflación galopante.
Alberte critica la gestión gubernamental desde la Corriente Peronista 26 de julio, pero ve claro el derrumbe.
Días antes del golpe una banda armada llegó a una oficina de la Corriente buscando al Mayor. No lo encontraron pero se habrían llevado a otros compañeros. La Corriente 26 de Julio y su principal referente, estaban bajo la mira de la Triple A.

En ese contexto se llega al 24 de marzo. En la madrugada más de una docena de vehículos militares cercaron la zona del domicilio de Alberte (Avenida Libertador 1160) y un grupo llegó hasta el sexto piso gritando insultos. Sólo lo acompañaban su mujer y una hija. Intentó defenderse con un revólver pero fue reducido antes de hacerlo. En medio de forcejeos lo arrojaron por una ventana desde el sexto piso, mientras se apropiaban de papeles y documentos.
Había escrito una carta a Videla para entregarla el día 24. En la misma se refiere al asesinato de un joven militante de su espacio, del intento de secuestro que sufrió el día 20 de marzo y advierte al jefe del Ejército, entre otros conceptos:
“Sin duda, avanzamos hacia un enfrentamiento hacia el que se nos quiere llevar gradualmente con falsas opciones y manejando falsos valores, y alarma observar la ligereza y hasta la irresponsabilidad con que ciertas personas y ciertos sectores que tienen poder, poder transitorio, alientan el enfrentamiento con hechos o con palabras” (2). La misiva, cuyos conceptos se adelantan al accionar de la dictadura que comenzaba ese día, fue escrita un año antes de la célebre carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar, en la que hace un descarnado balance de un año de dictadura.
La familia querelló a Videla por el asesinato, pero la denuncia habría recorrido catorce juzgados, sin resultados positivos.
En 1985 la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal archivó el caso.
Nadie fue preso. Las leyes de impunidad sancionadas en 1987 (Punto Final y Obediencia Debida) garantizaron la libertad de los asesinos, hasta que en 2003, con la derogación de las leyes que protegían a los genocidas de la dictadura, el expediente “Alberte” se incorporó a la megacausa “Primer Cuerpo de Ejército”.
En diciembre de 2006 el Congreso de la Nación ascendió a Bernardo Alberte al grado inmediato superior: coronel (post mortem).
De aquel escrito titulado “Participacionismo con uniforme” que Alberte le envió a Onganía en 1969, se destaca un párrafo profético: “Un día vendrán los hombres sencillos a preguntar qué hicieron cuando la Patria se apagaba lentamente (…). Quizás para ese momento, la vergüenza que provoque el silencio como respuesta, no sean suficiente castigo”.
1) Semanario Miradas al Sur – Buenos Aires, 20/3/2011.-
2) Revista Crear – Buenos Aires, abril 1988.-
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