Miren al Pajarito
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Los Vendedores Ambulantes en el 1900
Los vendedores de pescado hacían pender de una caña, que soportaban sobre los hombros, sus grandes peces
Los Vendedores Ambulantes en el 1900

Si ante el huésped ilustre pasaran éstos con carritos y perchas, cajas de cestos, cargados de verdura, de carne y peces y otras cosas que vemos llevan a veces, sería ese desfile por la Avenida la «fiesta del olfato», la más lucida.

Vendedora de Chorizos

Los Vendedores Ambulantes en el Buenos Aires del 1900.
Más exigentes normas de higiene y otros tipos de comercialización, han hecho desaparecer los vendedores ambulantes de comestibles -por ejemplo, «pescado fresco», frutas, verduras- que en otros tiempos pasaban con sus grandes cestas por las calles de Buenos Aires. Los vendedores de pescado hacían pender de una gran caña, que soportaban sobre los hombros, sus grandes peces, así como los de «ranca, manana, torano e pera» -como dice un tango- hacían lo propio con sus cestas, cuando no era el cebollero o el vendedor de ajo el que de tal modo cargaba su mercancía.

Verdulero Ambulante

Talán Talán
Talán, talán, talán…
pasa el tranvía por Tucumán.
«Prensa», «Nación» y «Argentina»
gritan los pibes de esquina a esquina.
«Ranca e manana, torano e pera»
ya viene el tano por la «vedera».
Tango – 1924 – Música: Enrique Delfino – Letra: Alberto Vaccarezza

Vendedor de Ajos

Los vendedores ambulantes -en buena parte italianos- eran humildes personajes que vivían habitualmente en conventillos, y que no tenían empacho en dormir, en muchas oportunidades, sobre la propia mercancía que salían a vender, cuando la naturaleza del producto lo permitía.

Precisamente, un poema de Luis García -seudónimo de Luis Pardopinta el caso de estos personajes, vinculándolos a la recordada visita a Buenos Aires del entonces presidente del Brasil, Campo Salles.

Carnicero Ambulante – Buenos Aires 1901

Luis García (en realidad, Luis Pardo) era un hombre serio, un insigne bebedor de cerveza, a quien Luis Cané ha evocado en una interesante página. Parecía increíble que aquel gran señor, con todas las reglas de la urbanidad posible, y con la cortesía grave de un hidalgo español, fuera el autor de poemas humanísticos retorcidos, ingeniosos y desopilantes, en los que se proponía verdaderas metas de suprema dificultad, como, por ejemplo, escribir un poema entero sin emplear nunca una determinada letra.

El poema que sobre los vendedores ambulantes publica en Caras y Caretas Luis García, apareció el 13 de octubre de 1900, en el N° 106 de la famosa revista, y dice así:

Vendedor de Pescados

AMBULANTES:
Se habla de suprimirlos últimamente y están alborotados por consiguiente, pues, aunque a veces, dicen, suele ser putrefacta la mercancía, que venden, nutre.

En su ruda faena forman constantes un gremio poderoso los ambulantes.

Son nueve mil sujetos flacos o lucios, que podrán ser honrados, pero son sucios.

Ellos van por doquiera todos los días, portadores de múltiples «mercaderías» pregonando en su idioma tan pintoresco

iHay narranca y manana. ¡Corbina fresco!

Este lleva en su cesta tira de vaca o pejerrey pintado con goma laca:

y aquel, chauchas, repollo, papas, frutilla y extraños embutidos de cabritilla.

¿No solemos oírlos por cualquier parte probando a voz en cuello su amor al arte?

¿Y no hay entre estos miles de ciudadanos, además de barítonos, mezzo sopranos?

También son hoy tan útiles como importantes para la ciencia médica los ambulantes, puesto que se dedican con gran empeño a un ensayo rarísimo durante el sueño.

Duermen sobre los ajos y las manzanas que deben vender luego por las mañanas y obligan a que pasen, de mano a mano, vegetales con mezcla de suero humano.

¡Y hablan de suprimirlos de nuestras calles cuando con la visita de Campos Salles se podría una fiesta de las mejores idear con los nueve mil vendedores!

Si ante el huésped ilustre pasaran éstos con carritos y perchas, cajas de cestos, cargados de verdura, de carne y peces y otras cosas que vemos llevan a veces, sería ese desfile por la Avenida la «fiesta del olfato», la más lucida.

Vendedor de Gallinas

El humorístico poema, publicado en colores, lleva dos ilustraciones de Aurelio Giménez (que firma simplemente Giménez): un vendedor con sus dos cestas, pregonando sus hortalizas, y otra con un carrito con caballo vendiendo a una morena un repollo, o algo parecido.

Vendedor de Cigarrillos

Por León Benarós – Todo es Historia  – Septirmbre 1987

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