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Por siglos, el 14 de febrero ha sido una fecha teñida de rosas, cartas, promesas. Pero detrás de los corazones de papel y los chocolates se esconde una historia de valentía, fe y ternura que nació en la Roma del siglo III, cuando amar podía costar la vida.

Por Ada Noemí Zagaglia
El Mártir que Casaba en Secreto
Valentín era un sacerdote cristiano que vivió durante el reinado del emperador Claudio II, conocido como Claudio el Gótico. En una época en que el matrimonio estaba prohibido para los soldados —pues se creía que los hombres solteros eran mejores guerreros—, Valentín desafió las órdenes imperiales y continuó celebrando matrimonios en secreto. Su fe en el amor era más fuerte que el miedo al castigo.
Según la Enciclopedia Católica y los registros de la Basílica de San Valentín en Terni, Italia, el sacerdote fue arrestado y ejecutado el 14 de febrero del año 269 d.C. Antes de morir, escribió una carta a la hija del carcelero, de quien se había encariñado profundamente, firmándola con las palabras que aún hoy resuenan en millones de corazones: “De tu Valentín”.

Las Reliquias del Amor Eterno
Aunque Roma y Terni reclaman ser los lugares de descanso del santo, parte de sus reliquias viajó siglos después a Irlanda. En la iglesia de Whitefriar Street, en Dublín, se conservan fragmentos de huesos y una pequeña urna con su nombre. Cada 14 de febrero, parejas de todo el mundo acuden allí para pedir bendiciones, renovar votos o simplemente dejar una flor.
El padre John Spratt, quien recibió las reliquias en 1836 como obsequio del Papa Gregorio XVI, escribió: “El amor de Valentín no fue un amor de deseo, sino de entrega; un amor que desafía la muerte porque nace de la fe”.
El Amor en las Palabras de los Poetas
El amor, ese misterio que San Valentín defendió con su vida, ha sido también el refugio de los poetas. William Shakespeare escribió en Sonetos: “El amor no mira con los ojos, sino con el alma”.
Pablo Neruda, siglos después, lo transformó en fuego: “Es tan corto el amor y tan largo el olvido”.
Y Víctor Hugo, con su ternura infinita, afirmó: “Amar o haber amado, eso basta. No pidas nada más”.
Estas voces, unidas por el tiempo, parecen susurrar que el amor no es solo un sentimiento, sino una forma de resistencia, una manera de afirmar la vida incluso en medio de la oscuridad.

Un Mensaje para el Corazón Moderno
En un mundo que a veces parece olvidar la dulzura, el legado de San Valentín invita a creer de nuevo. Amar sigue siendo un acto de valentía. No se trata solo de flores o promesas, sino de mirar al otro con compasión, de sostener la esperanza cuando todo parece incierto.
Como escribió Antoine de Saint-Exupéry en El Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Y quizá eso sea el amor: lo invisible que da sentido a todo lo visible.
Hoy, más que un día comercial, el 14 de febrero puede ser un recordatorio de que el amor —en todas sus formas— sigue siendo la fuerza más poderosa del mundo.⁷
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