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Y agrega el General Perón: “Mi mujer decidió dedicarse a la asistencia social y se instaló en el Ministerio de Trabajo del cual era titular José María Freire. Sus tareas eran distintas: Eva intervenía en los casos infinitos, que escapaban al control y la actividad del ministro.

Políticas Sociales de los dos Primeros Gobiernos Peronistas – (1946 – 1955) –
Introducción
El concepto “Políticas Sociales” es muy amplio, pero el período que nos ocupa abarca construcciones de uso comunitario que incluyen hospitales, escuelas, universidades, hogares de tránsito, centros recreativos, planes de viviendas, hasta la ayuda directa para cubrir necesidades básicas.
Tal vez por la fuerte intervención de la Fundación Eva Perón en ese terreno, lo que más trascendió fue lo que se conoce como “ayuda social”.
Quién mejor define qué fue la Fundación, es Evita en su libro “La Razón de mi Vida”.
Allí dice: “Me causa gracia la discusión, cuando no se ponen de acuerdo ni siquiera en el nombre del trabajo que yo hago. No es filantropía ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad social, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto ese. Para mí, es estrictamente justicia”(1).
Y agrega el General Perón: “Mi mujer decidió dedicarse a la asistencia social y se instaló en el Ministerio de Trabajo del cual era titular José María Freire. Sus tareas eran distintas: Eva intervenía en los casos infinitos, que escapaban al control y la actividad del ministro. Así nació la Fundación Eva Perón, un organismo de ayuda social encaminado a cuidar de niños, muchachos, hombres, mujeres y ancianos creando asilos, escuelas, etcétera, a los que accedía el pueblo sin gasto alguno” (2).
I – Los Antecedentes
En 1779 el virrey del Río de La Plata, Juan José de Vértiz y Salcedo, creó en Buenos Aires la Casa de Niños Expósitos. Allí alojaban bebés abandonados. Si no eran adoptados, al convertirse en adultos se los destinaba a oficios o diversos trabajos (casi siempre manuales) y el destino de las niñas se limitaba al servicio doméstico, a recluirse en conventos o en el mejor de los casos, al matrimonio.

Casa de Niños Expósitos
El derrotero de la Casa de Expósitos fue complejo y siempre condicionado por las carencias económicas, cambiando periódicamente de domicilio. Al comenzar el siglo XX se le anexó un hospital y al conjunto se lo conoció como Casa Cuna, ya en el domicilio histórico de la Avenida Montes de Oca en el porteño barrio de Constitución. Y pese a que el nombre oficial es Hospital Nacional de Pediatría Dr. Pedro de Elizalde, hoy no son pocos los ex pacientes que lo siguen llamando Casa Cuna; pese a que hace muchos años dejó de ser un asilo infantil. También de finales del siglo XIX data el Patronato de la Infancia (PADELAI) cuya sede histórica se ubicó en el barrio de San Telmo y con otros domicilios, aún subsiste.
Volviendo a los expósitos se los identificaba con el apellido Expósito, y pese a que hoy es un apellido corriente (con “x” o “s”), durante muchos años reveló el origen tal vez muy lejano, de quien lo portaba. Siendo más que un rasgo identitario básico como el apellido, fue un estigma social que el paso de los años y los cambios socio culturales, enterraron en el olvido.
Pero en 1823 nace la Sociedad de Beneficencia administrada por damas de la alta sociedad. Recibía donaciones y aportes del Estado. Duró 120 años hasta que la Revolución de 1943 la puso bajo control estatal y luego la Fundación Eva Perón la desplazó por completo.
Atendía casos individuales y también administró hospicios, algunos hospitales y colonias de vacaciones; pero siempre bajo la idea de la caridad; hasta que el primer gobierno peronista y la Fundación, dotaron a ese frente de recursos y planificación; y el concepto de caridad fue reemplazado por la solidaridad social, en el marco doctrinario filosófico de la Comunidad Organizada que profesaba ese gobierno.

El Presidente Hipólito Yrigoyen en 1929
II – Las Experiencias Radicales
También hubo algunos intentos antes de 1943 de encarar desde el Estado el drama de la niñez, adolescencia y vejez desvalidas. Como las denuncias del diputado socialista Ángel Gimenez en 1933 en el Congreso de la Nación, o la Primera Conferencia Nacional sobre el tema, que concluye diciendo: “Las obligaciones del Estado sobre la asistencia social siguen siendo consideradas subsidiarias de la “acción filantrópica privada, ejercida individualmente o por medio de instituciones de beneficencia” (3). El pensamiento dominante en aquellos años conocidos como la Década Infame (1930 – 1943), fueron de retroceso social y político respecto a la etapa radical anterior. En el marco de la crisis mundial (1929) que golpeó duramente a nuestro país por la caída brutal de las agroexportaciones, su consecuencia inmediata fue el golpe cívico militar que terminó con el gobierno de Hipólito Yrigoyen.
Entonces Argentina quedó expuesta en su debilidad económica estructural; desocupación, miseria, fraude electoral (postdictadura de Uriburu) y abandono del Estado en funciones claves del área social. Las enfermedades llamadas sociales (sífilis, tuberculosis, desnutrición, mortalidad infantil, paludismo, Mal de Chagas – Mazza y otras, relacionadas a las malas condiciones de vida) hacían estragos en la población más pobre. A su vez, las mafias y las organizaciones prostibularias eran un cuasi Estado paralelo con ramificaciones en todos los niveles de poder.
Pese a carecer de una planificación sistemática de atención social a la comunidad, sin dudas hubo avances en los gobiernos radicales previos: Código del Trabajo, Descanso dominical, apoyo a las cooperadoras escolares, planes de salud pública, Fondo para pensiones de vejez, invalidez y tareas especiales; y otras demandas que fueron cubriendo necesidades populares, pero que carecían de un Plan Orgánico Nacional y decisión política que movilizara todos los recursos del Estado.
Dos hechos represivos de gran envergadura contra el movimiento obrero empañaron los logros de ese primer gobierno democrático: la Semana Trágica de enero de 1919 en Buenos Aires y los fusilamientos de la Patagonia en 1921; ambas acciones dejaron cientos de víctimas a manos del Ejército, fuerzas policiales y grupos armados de extrema derecha. El sucesor de Yrigoyen fue su correligionario Marcelo T. de Alvear (1922 – 1928) que transcurrió su mandato sin mayores sobresaltos y luego retornó Don Hipólito (1928 – 1930), que como se ha dicho, fue desalojado por el Ejército y reemplazado por el general José F. Uriburu, quien instaló una feroz dictadura que duró menos de dos años; suficientes para desquiciar la vida política, económica y social de la Nación. Lo sucedió otro general, Agustín P. Justo, quien inauguró una sucesión de gobiernos fraudulentos que finalizan el 4 de junio de 1943, cuando un pronunciamiento militar pone fin al ciclo comenzado en 1930.
Por su parte la Iglesia Católica a partir de la Encíclica Papal Rerum Novarum (finales siglo XIX) del Pontífice León XIII, había comenzado a gestar organizaciones para la atención de los trabajadores como los Círculos Católicos de Obreros, la Federación de Asociaciones Católicas de Empleadas (FACE), la Casa de la Empleada y otras estructuras afines. Además de brindar cierto grado de ayuda social, también le sirvió para disputarle al anarquismo y al socialismo su influencia sobre las masas trabajadoras.

“Hogar de la Empleada General San Martín”. Nombrado en honor al prócer de la independencia argentina, ubicado a pocas cuadras de la Plaza de Mayo en la amplia y arbolada Avenida de Mayo número 869
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