Hasta las Manos
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Las Manos, la Razón del Alma
hacedoras de vidas y circunstancias, como forma de acercamiento a lo más profundo del ser humano
Las Manos, la Razón del Alma

Hablar de las manos no es poca cosa. Las manos son las que nos traen al mundo, las que nos acarician por primera vez, las que gesticulan al compás de las palabras, las que usamos como herramienta para tomar una cuchara, un lápiz, un pincel, un objeto, un papel y enésimos etcéteras. Las que describen el sentimiento por los seres que amamos. Son, casi siempre, lo primero que nos tocan al nacer: sus dedos como enigmas necesitan ser contados. Mi abuela decía que contar los dedos de las manos y pies de sus hijos era una costumbre antigua, un modo de afinar la sensación de que el cuerpo del recién nacido, estaba completo. A partir de esa cajita u otra, se han sucedido, a lo largo de la historia de la humanidad, innumerables formas de estudiarlas; modos de determinarnos hasta el infinito. Indicios que vinculan la forma física de las manos con el temperamento, el futuro, la forma de ser, e incluso con las actividades que desarrollaremos a futuro, pero eso será harina para un pan de letras que amasaré en otra oportunidad.

Me gusta retrotraerme en el tiempo al pensar en el valor que han tenido las manos a lo largo de la existencia del ser humano sobre el planeta Tierra, incluso la necesidad de hacer huella con ellas en cuevas, grutas, baldosas, paseos, etc. como un modo de trascendencia.

Al sur de nuestro país, más precisamente en el Noroeste de la provincia de Santa Cruz, se halla la Cueva de las Manos, declarada patrimonio mundial por la Unesco dado el valor cultural que representa. Las manos hacedoras impresas en la cueva, muestran dibujos rupestres que nos hablan del ayer y sus pobladores primigenios: su forma de vida, sus actividades como cazadores, etc.  Se estima que la mayoría de las manos impresas en las pinturas rupestres halladas en el mundo corresponderían a mujeres. Más allá de que sea así o no, son las huellas dactilares del pasado que nos hablan. Sin lugar a dudas, las manos son moldes que sirven para narrar el tiempo que toque transitar, más allá de que las huellas de las palmas nos convierten en seres únicos e irrepetibles.

Innumerables artistas han resaltado el valor de las manos en sus obras, desde “La creación de Adán” realizada por de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina donde expresa el gesto de las manos en el encuentro entre Dios y el hombre hasta la poesía “Las Manos” de Miguel Hernández que nos dice “La mano es la herramienta del alma, su mensaje,”, o como expresa nuestro poeta músico Peteco Carabajal “Las manos de mi madre/son como pájaros en el aire”; en definitiva, son ellas el instrumento del tacto que afina las cuerdas de los sentimientos.

Las manos gesticulan en todos los idiomas. Sus posiciones y movimientos son la forma posible de romper la barrera de las diversas lenguas. En fin, las manos dicen lo que el alma desea expresar, por eso se extienden, se estrechan, se ponen en posición de oración, se tensan, transpiran, trabajan, escriben, pintan, dibujan en el aire, aplauden. Los dedos de las manos se acomodan de una u otra forma para significar distintas cosas. Es a través de ellas que existe el lenguaje de los sordos, y es también la posición que adopten un sistema abreviado de comunicación inmediata y universal para expresarnos: el pulgar alzado, la mano en alto, los dedos en V, el índice apuntando, son algunos ejemplos.

¿Será que en las manos habitan las formas más antiguas de la comunicación humana? ¿Será que ellas develan el valor de una caricia o el horror de un tormento? ¿Será que explican la guerra o la paz, la supervivencia, el holocausto e incluso los pensamientos sobrenaturales?  ¿Será que expresan nuestro sentido humano de pertenencia porque son el instrumento del amor?  Como sea, me gusta pensarlas como hacedoras de vidas y circunstancias, como forma de acercamiento a lo más profundo del ser humano. En definitiva, las manos son la razón del alma.

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