Serie Fantástica
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Héroes Mínimos
Proyecto Gribón. Vigésima segunda entrega de una seguidilla de capítulos con personajes disímiles y un viaje a Marte
Héroes Mínimos

Chaofair le pide más precisiones a Dea Ram acerca del Proyecto Gribón.

Héroes Mínimos
Debería poder expresar a ciencia cierta de qué se trata el proyecto Gribón, después de todo, ellos son mis amigos en suelo marciano, hemos sufrido penurias y transformaciones y hemos llegado a las puertas del abismo de la conservación de la especie. No puedo decirles que acabamos de huir del infierno del último día en Tierra para arribar al infierno de los primeros estertores en Marte.

No sería justo irnos de aquí sin haber acabado con las ansias endiosadas de Tantra. Él todo lo convierte en impuro, en manipulación, presión y opresión, es más, desde el cosmos se ha podido oír el llamado desesperado de Bairoleidi, la sirena de las transformaciones. Es ella quien acompaña al pez koi, es ella quien traduce las oscuras intenciones del tal Tantra, es ella quien no permite que se encripten los quejidos de los pocos terráqueos que aquí habitan.  Nos expulsaron de la estación espacial porque nosotros cuatro escuchamos el desgarro de esa mujer sirena, y decidimos ayudarla, aceptamos el desafío de sobrevivir sin más ayuda que nuestras propias miserias y fortalezas. Sabíamos que nos habían traído a Marte para subyugarnos. Sin dudas, los dueños del Proyecto Gribón, el proyecto más audaz en la creación de una nueva especie, desconocían que traíamos dentro nuestro a los Baktron. Ínfimos seres en continuo hormigueo, capaces de inquietar a los dioses cuando se aglomeran,  capaces de generar imágenes inexistentes para salvaguardarse y salvaguardarnos de los Clark.

Los Clarks se multiplican, son cientos de miles de robots que se encargan de fascinar a los humanos de la estación espacial con el único objetivo de dominarlos en favor de Tantra. Pero, nosotros cuatro, somos la síntesis de los principales elementos: fuego, aire, tierra y agua, tenemos la misión de devolverle la esencia marítima a Bairoleidi, diezmar al dios menor hasta convertirlo en polvo cósmico, echar fuego sobre viejas dominaciones y sobrevivir con el propio llanto hasta hallar al inmortal Gilgamesh o alguno de su descendencia para morir en sus brazos.

 “alea jacta est”, la suerte está echada desde hace milenios.

Texto: Ana Caliyuri
Ilustraciones: Tadeo Zavaleta de la Barra

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