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Miguel Victorica y su Carácter Intimista
Su obra exalta los valores expresivos, donde prevalece la mirada del artista, es decir, su sentimiento frente al motivo
Miguel Victorica y su Carácter Intimista

Miguel Victorica nació en Buenos Aires el 4 de enero de 1884. Fue hijo único de Miguel Calixto Victorica Peralta y de Manuela González Rivadavia Argerich, apellidos que conformaban la aristocracia porteña. Pasó su infancia y adolescencia en una quinta San Fernando, rodeado del afecto de sus padres, su abuela y sus tías maternas.

Miguel Carlos Victorica

Su vocación comenzó a los 8 años, cuando recibió de regalo una caja de colores. El dibujo se convirtió en su entrenamiento preferido. Desde  los 12 años tomó clases de dibujo y pintura en el taller del pintor italiano Ottorino Pugnaloni hasta que, en 1901, regresó en la escuela de la Sociedad Estimulo de Bellas Artes, donde tuvo como maestros a Ángel Della Valle, Eduardo Sivori y Ernesto de la Cárcova.

En 1911, su padre falleció y Victorica decidió viajar con su madre a París, ya que había recibido una beca del gobierno para perfeccionarse. Gracias a Ernesto de la Cárcova, jefe de becarios argentinos en Europa, alargó su estadía a siete años. Aprovechó ese tiempo para recorrer también España, Italia y Suiza. En París, tomo clases con Desiré Lucas y este aprendizaje fue decisivo para su formación artística, al igual que las visitas al Museo del Louvre.

La galería L’Ecletique de París le dio, en 1917, la primera oportunidad para exponer sus obras y, ese mismo año, también envió dos cuadros el Salón Nacional- el más importante de los concursos argentinos-, que lo premió en varias oportunidades. Al año siguiente, regresó al país y falleció su madre, por lo que decidió mudarse al barrio porteño de La Boca, frente a la Vuelta de Rocha.

Instalo su taller en un viejo caserón, al Palacio Cichero, donde también trabajaban Fortunato Lacámera y Benito Quinquela Martín. Ellos fueron sus grandes amigos.

Sin embargo, no fueron el paisaje del Riachuelo ni el movimiento portuario su inspiración. Sus obras tienen un carácter intimista: retratos, naturalezas muertas y escenas del interior de su estudio, aquel en el que vivió y trabajó casi cuarenta años. Era un lugar sencillo, con las paredes cubiertas de pinturas y dibujos de su autoría, y decorada con muchos recuerdos, como estampas religiosas, fotos y recortes de diarios. El crítico de arte Sigward Blum hizo una hermosa descripción del taller: “En el suelo, libros y cosas amontonadas otorgaban al lugar un perfecto aire bohemio. Más allá, en la perenne semipenumbra de su dormitorio, se vislumbraba un crucifijo sobre una pared y, sobre otra, colgado de un alambre, el libro Elogio de la locura, de Erasmo”.

Su producción pictórica fue única y personal. No se dejó influenciar por las tendencias artísticas de moda ni integró ningún grupo artísticas de moda ni integró ningún grupo artístico. Quizá por ello, no le resultó fácil vivir de la pintura.

El éxito y el reconocimiento llegaron tardíamente. Recién en 1931, realizo su primera exposición individual en la Argentina. Fue en la Asociación Amigos del Arte, ubicada en la calle Florida. Al año siguiente, el Salón Nacional le otorgó el Primer Premio, hecho que todo el barrio de La Boca festejó. Victorica recorrió las calles en un carro de bomberos, acompañado por una caravana de vecinos y amigos.

Naturaleza Muerta – 1946 – Óleo Sobre Lienzo

A partir de este hecho, fue invitado  a participar de importantes exposiciones y concursos; fue Premio Medalla de Plata en la Exposición Internacional de París (1937), Gran Premio Adquisición en el Salón Nacional (1941), Invitado de Honor en el mismo salón (1951) y en la Bienal de Venecia, en 1952, que lo obligó a viajar a Italia.

En Roma, tomó infinidad de apuntes. Los mismos fueron presentados al año siguiente en una exposición de la Galería Bonino, de Buenos Aires. Su gran amigo, Manuel Mujica Laínez, escribió en el prólogo: “Lo que ahí, por la soltura del trazo (…) parece obra de un momento fervoroso (…) es, en verdad, el resultado de estudios detenidos, de anotaciones minuciosas, de una meditabunda organización previa que supone una humildad y una veneración dignas del más alto respeto”. Esa era la forma personal de Victorica de abordar la temática del paisaje y dejó también maravillosas obras que surgieron cuando recorrió Chile, Bolivia, Perú y algunas provincias argentinas, en 1953.

Victorica fue un hombre introvertido, solitario y fervientemente católico. Se ganó el cariño y respeto de todos los que lo conocieron y recibieron sus innumerables signos de bondad. El 9 de febrero de 1955, a los 71 años, murió en su querido barrio. “La campana que cuelga en la Vuelta de Rocha, bajo un mástil, frente a su taller, dobló para despedirlo”, escribió Manuel Mujica Lainez.

Lo velaron en el Museo de La Boca, junto al retrato de su madre, que fue pintado en 1915 y hoy pertenece al museo creado por Quinquela Martín.

Pórtico de San Ignacio – Misiones – 1949 – Óleo Sobre Cartón

Su Obra
La obra de Victorica exalta los valores expresivos, donde prevalece la mirada del artista, es decir, su sentimiento frente al motivo. El artista no buscaba una descripción minuciosa de la realidad, aunque siempre ella era la inspiradora. Su temática fue muy amplia: retratos, desnudos, naturalezas muertas e imágenes religiosas. Su producción artística se puede dividir en varias etapas. La década del 10, transcurrida en su mayoría en Paris, aparece como un momento de formación, donde se adivina la gran influencia del francés Eugéne Carriére. El retrato y el desnudo fueron las temáticas preferidas de estos años, donde una atmosfera sugestiva rodea a las figuras.

Este tratamiento del fondo cambió hacia la década del 30, cuando las figuras comienzan a aparecer nítidamente recortadas. Finalmente, los 40 y 50 fueron décadas en las que Victorica tuvo una gran productividad, intensificó el  paisaje y dejó aparecer la temática religiosa como protagonista de sus obras.
Por Ignacio Gutiérrez Saldívar en Genios de la Pintura Argentina – Publicación de Editorial Perfil

Ruinas Jesuíticas – 1950 – Óleo Sobre Lienzo

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