Al Pie de la Letra
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Democracia Norteamericana
Relato de Pablo Diringuer
Democracia Norteamericana

New York, New York… y en esa gran-grande avenida 5ta. los taxímetros amarillos gastan neumáticos de aquí para allá todo ese tiempo exclusivamente norteamericano y displicente de retratos inevitables a la hora de decantar obligaciones inherentes al quehacer supranacional.

Edificios de 800 pisos provocadores de tortícolis cuando se osase mirar hacia ese arriba lleno de estratósferas o pájaros urticantes bajo esas alas transpiradas de agitar habitáculos al por mayor.

Gentes de todo tipo y variados colores, veredas con pocos árboles y ese Central Park que compensa cacas de pajaritos y caminitos multi uniformes y curvilíneos de transeúntes al azar, displicentes de toda convicción brujulera de vida.

Los zapatos inundados de colorinches que raspan pisos llenos de estrellas famosas, universales del conocimiento humano trascendental a través de esas pantallas televisoras o computeriles de masividad generalizada. Nadie presta atención a nada, sólo, de a ratos, algún músico o malabarista desemboca su arte y su gorro suplicante al cielo por la llovizna de algunas monedas; la vida transcurre como un simple viaje en un transporte cotidiano sin sobresaltos ni pormenores condicionantes en donde células adrenalíticas trastocasen ninguna alteración sobre la alfombra normal y cotidiana.

A miles de kilómetros de ese cemento norteño, en ese Medio Oriente impreciso de costumbrismos y comportamientos occidentales, una y varias ciudades ligadas a esas culturas ignotas para este ambiente cotidiano occidental se departen en la incertidumbre y el desasosiego del saber fehacientemente cuándo, esa guadaña impuesta por el Poder del Establishment decidirá una vez más ese brindis masacrador de vidas que… sólo quieren respirar y ver crecer a sus hijos como la normal flor aspiradora de los rayos del sol.

Misiles o bombas sobre Damasco, capital de la República Árabe Siria, y ese simple y cansino caminar del transeúnte común sobre su suelo natal, se ha transformado en una gran aventura peligrosa imposible de descifrar cualquier final normalmente usual y despreocupado del quehacer cotidiano. Ya las veredas no están limpias, ni siquiera los pies raspan tacos sin apuros ni se tropiezan por zanjas obreras arregladoras de cables o estructuras eléctricas gastadas por algún tiempo. No, nada de eso frecuente en la queja y el reclamo ciudadano y popular existe en ese presente de todos los días en esa Sociedad Siria en donde los lunes o viernes o feriados o domingos o el día que fuese, marque la diferencia de algún día en particular para disfrutar de manera distendida esta vida que nos catapultó hacia ese paisaje respirador de vida.

No hay taxis en Damasco, o mejor dicho, el atrevimiento de vehículos zigzagueantes sobre el pavimento ciudadano, ha quedado relegado de a ratos sobre el infortunio de la lotería giradora, que de inesperada manera, puede justo arrojar alguna bolilla sobre el próximo cadáver humano.

Nunca se sabe cuándo ese monstruo volador con forma de cohete puede llegar a aparecer y diseminar carnes descuartizadas entremezcladas con piedras de lo que hubieron de ser simples casas. Balas gigantes sobre los cielos exclusivamente sirios y esos escasos taxis escabullidos entre ese susto latente que todo o casi todo lo prohíbe, como por ejemplo salir como cualquier transeúnte a comprar algo a algún almacén o que los chicos vayan tranquilamente a una escuela o a una plaza a jugar o ir a un trabajo y subir por el ascensor a un piso 10 y tomar un café entre papeles de trabajo. Tampoco serán tranquilas las conversaciones en los bares ni el concentrarse del espectáculo en la penumbra de un cine. Aquellas calles asfaltadas y veredas limpias y camiones recolectores de basura y pájaros construyendo nidos sobre los árboles han quedados relegados hasta nuevo aviso, hasta que esa imposición guerrera de los que manejan los hilos del Poder no pueda ser frenada del modo que sea.

Mientras tanto en esos lugares donde se juntan todos los señores de camisas y corbatas y anteojos que leen bonitas frases ejemplificadoras de justicia… Nada logra funcionar, nada llega a buen puerto mientras torpedeen a todo lo que se mueve en las crestas del oleaje soplado por la evidencia del imperio que se niega a asumir su decadente poder lleno de insoportable supremacía guerrera, porque no sirven las palabras cuando el humo del plomo rompe los dientes al apenas abrir las bocas.

Nada de esto sucede en New York o Washington D.C. allí es otro mundo lleno de distensión y desparpajo conviviente con las buenas costumbres, aquí las hamburguesas se comen completas y chorrean como tiene que ser grasas jugosas y las migas caen sobre los platos o sobre las mesas y después alguien vendrá a limpiar esas sobras para terminar como corresponde en un ignoto tarro de basura, y los taxis amarillos seguirán por esas quintas o centésimas avenidas; aquí solamente importa lo sucedido en este perfecto mundo que tocó en suerte bajo el “modo de vida occidental y cristiano”; aquí sólo interesa el aquí y ahora, el “I’m american, i’m american!” y las palabras de ese presidente millonario de rubio peluquín que salpica saliva en su exultante discurso lleno de vacías palabras con olor a muerte.

De Pablo Diringuer -2019

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