Al Pie de la Letra
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Tormenta Conocida
Relato de Pablo Diringuer
Tormenta Conocida

Dio la prostituta casualidad que, el vecino de al lado, cada vez que llueve a nivel tormenta, se encamota con su novia o quien fuere de fortuito, y justo su habitación lindante con mi casa, deja traspasar esos ruidos -que son gemidos al por mayor- como una flor de película porno XXX recontra XXXXX.

Barrio de Caballito, y esas casas tipo dúplex nuevas, cuyas paredes simulan intimidad y prolijidad bien remuneradas en monedas verdes del norte, pero sus estructuras de cajas de zapatos, se hacen eco de gemidos acalorados sobre todo en este día domingo nocturno de tormenta.

Justo, pero exactamente justo, esa habitación del vecino, pareciera ser ideada por el mismo arquitecto o ingeniero y me tocó en suerte estar disfrutando en stéreo el goce de ése y ésa y yo… sólo miro fantasmas en la oscuridad del ambiente.

Quién me manda a estar soltero, sobre todo, en esta noche furibunda de rayos, truenos y aguas inundadoras de calles y goteras esporádicas de tejas heridas.

No voy a decir que semejantes sonidos provenientes del vecino, han contraído los músculos de mis partes bajas… pero nobleza obliga a franquearme el rebote de mis orejas, sobre cómo esas onomatopeyas regurgitan dentro de mi Ser.

El reloj marca la hora 22,30 y el patio interno de mi casa, amenaza con transformarse en el lago Titicaca y enseguida pienso que la segunda parte de esa palabra será la que indefectiblemente quedará de mi lado.

Lindo domingo pre-lunes y el gato berreta que me acompaña -que no es ninguna mala metáfora femenina- observa cómo las gotas repiquetean sobre ese charco a punto de invadir terrenos prohibidos de habitaciones de pisos parqueteros.

Finalmente, los gemidos han cesado, y la lluvia… ha caducado de atrevimiento; ese gato gris y blanco que contaba las gotas con sus ojos extraviados de curiosidad, también ha pasado a otro tema, quién sabe, tal vez más importante.

Todo empieza y todo termina… o viceversa… la lluvia, el polvo vecino y el gato entretenido con sus gotas salpicadoras… El domingo también… las hormigas que somos en este vecindario acomodamos hojas ligustres casi tanto como para saber fehacientemente que todo gira y gira y de vez en cuando gemimos para luego dorarnos bajo el sol de alguna playa en donde las fotos que nos sacamos formarán parte de ese álbum que mostraremos a nuestros legados.

De Pablo Diringuer

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