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Piratas del Caribe
“EL VIEJO TRUHAN, CAPITÁN”: LA MALDICIÓN DEL PERLA NEGRA — DISPONIBLE EN DISNEY +
Piratas del Caribe

La cultura popular se nutrió de las historias de piratas desde tiempos inmemoriales. Los temerarios hombres y mujeres que sembraban el terror en los mares alrededor del globo sirvieron de inspiración para escritores como Robert Louis Stevenson en La Isla del Tesoro; Emilio Salgari y su Corsario Negro e incluso el padre de Sherlock Holmes, Sir Arthur Conan Doyle, le dedicó una antología entera de cuentos a estos personajes en Relatos de Piratas.

Enrique Alcatena, prócer de la historieta nacional y mundial imaginó una versión de Batman en clave pirata, con guiones de Chuck Dixon, aunque dicen por ahí que en realidad fue “Quique” quien le puso los textos a la increíble aventura, ilustrada como los dioses.

El cine, obviamente, ha tomado la figura del pirata como inspiración, y en los inicios de la industria esta sub-categoría del género aventurero fue en extremo popular. El Pirata Negro con el eterno Douglas Fairbanks cautivó a las audiencias allá por 1926. El Capitán Blood, de 1935, fue protagonizada por el legendario Errol Flynn como el pirata del título. Incluso Alfred Hitchcock tuvo un acercamiento al género en 1939 con Jamaica Inn, uno de sus largometrajes menos conocidos por el público general.

Con el paso de los años este tipo de obras fueron quedando relegados. El público no se sentía tan atraído. Otros géneros sufrieron la misma suerte, como las épicas bíblicas o los western, pero eso no implicó que los directores no siguieran produciendo historias de piratas. Hook, de Steven Spielberg, es una nueva versión de Peter Pan con Robin Williams haciendo del otrora niño perdido volador, y Dustin Hoffman en el papel del Capitán Garfio. La actriz Geena Davis en 1995 llevó adelante, junto a su entonces marido Renny Harlin, el proyecto que en latinoamerica se conoció como La Pirata, en donde Davis protagoniza como la capitán Morgan Adams, una feroz pirata comandante de su propio barco. El film se considera uno de los peores fracasos en taquilla, se estima que tuvo pérdidas superiores a los cien millones de dólares, una injusticia dado que el film es una buena aproximación a un género que no se exploraba mucho.

Invertir en películas de piratas, en pleno siglo XXI, parecía una apuesta más que arriesgada. Disney quería empezar a explotar —aún más— sus famosos juegos de los parques de atracciones alrededor del globo, y uno de los más populares era el de Piratas del Caribe. Desde la década del ´90 la empresa del ratón tenía intenciones de crear una historia basada en la atracción, que seguía vigente pese a haberse creado en 1967. En aquel entonces los productores no tenían demasiada fe en el producto, y se habló siempre de un largometraje con un presupuesto modesto destinado al mercado hogareño, no el estreno en salas.

Hasta que el proyecto llegó a las manos de Gore Verbinski, uno de los directores visionarios más infravalorados del Hollywood moderno. El hombre tenía la intención de revivir el género “piratas” que tanto le había cautivado la imaginación de pequeño. Durante años había circulado el proyecto de adaptar el videojuego Monkey Island, que trataba sobre corsarios también, pero Gore quería hacer algo distinto. Alejado de las aventuras clásicas, su idea era tomar los personajes y escenarios de la atracción en los parques de Disney e imprimirles un giro fantástico, con un tono que mezclara comedia física, humor un poco más oscuro —siempre sin traspasar las líneas morales de la compañía— y algún toque ligero de terror.

Con un guion asegurado y un presupuesto de ciento cincuenta millones de dólares, que consiguió argumentando que las empresas rivales estaban invirtiendo esas sumas en sus franquicias, llegó el momento de elegir al gran protagonista. Originalmente querían a Jim Carrey, Christopher Walken y Michael Keaton para que tomen el rol del Capitán Jack Sparrow, pero como todo el mundo sabe, Johny Depp terminó ganando el lugar.

Con Depp a bordo y un director visionario detrás de cámara, lo que podría haber sido una película más de aventuras se convirtió en una de las franquicias modernas más importantes de Hollywood.

El actor le puso como condición a Disney que le permitieran completo control creativo a la hora de darle vida al pirata. Depp tenía una idea clara sobre como abordar el personaje. Veía a estos personajes históricos como estrellas de rock oscuras, por lo que eligió al guitarrista de los Rolling Stones, Keith Richards, como principal referencia estética. Si uno compara el look de ambos las similitudes son evidentes. Richards se sintió tan halagado que aceptó aparecer en otras entregas como el padre de Jack Sparrow.

A eso le sumó infinidad de detalles en el vestuario que reflejarían todos los sitios en donde vivió sus aventuras. Por eso tiene, por ejemplo, su cabellera con dreadlocks, dientes de oro y el clásico maquillaje en los ojos. El andar un poco ebrio es producto de todo el ron que bebe y bebió en su vida. El nivel etílico en sangre se refleja, también, en su forma de hablar, un poco arrastrada. Combinó estos elementos con personajes de dibujos animados clásicos y el histrionismo físico de Errol Flynn para terminar de diagramar a Sparrow.

El resultado, cuando lo vieron los directivos de Disney, fue de estupefacción. Nadie entendía qué quiso hacer el actor con el rol protagónico. Pensaron que Johnny lo había hecho gay adrede, no comprendían por qué hablaba como hablaba, ni porque se movía y luchaba de forma aparentemente errática. Pero Depp se mantuvo firme, no cedió ante la presión de los ejecutivos y les ofreció, como única alternativa, que lo despidan si no les gustaba lo que había hecho.

El resultado fue una nominación a los premios Oscar como protagonista, una anomalía en aquella categoría, que siempre se enfoca en papeles dramáticos, no en personajes de fantasía y comedia.

El instinto del actor y la pericia del director al otorgarle semejante libertad creativa probó ser una de las claves del éxito. Pero no fue la única. Geoffrey Rush le dio vida al principal antagonista, Hector Barbossa, el pirata rival que se disputa el tan preciado barco Perla Negra, fuente de una obsesión enorme por parte de los enemigos, tanto como los tesoros que persiguen. La historia también empieza a narrar las peripecias de Will Turner (Orlando Bloom) y Elizabeth Swann (Keira Knightley) quienes se convertirán en la pareja estable de la franquicia, los personajes más humanos dentro de un contexto fantástico, sobrenatural dosificado con humor.

El estilo de Verbinski era dinámico, repleto de escenas de acción vertiginosas que elevaron el género de “piratas” y lo pusieron a la altura de las super producciones industriales de la época. El mix de elementos de terror, efectos especiales de avanzada y un guion que nunca buscó parodiar a personajes que parecían sepultados en la cultura popular hizo de Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra un éxito que contradijo todas las predicciones de los críticos. Con una recaudación superior a los seiscientos cincuenta millones de dólares a nivel global, sumado a elogios por doquier a cada aspecto de la producción, el film no tardó en convertirse en un clásico y en una franquicia exitosa que, hasta la fecha, solamente se detuvo por el juicio que Depp terminó ganándole a su ex-pareja hace unas pocas semanas.

Piratas del Caribe disparó cuatro secuelas, todas de enorme éxito aunque de calidad dispar, que si bien no consiguieron revitalizar las películas de piratas, la saga pudo convertirse en un ícono popular, elevando al personaje de Jack Sparrow como uno de los más importantes e influyentes del cine moderno.

El director probó ser capaz de manejar un género que parecía veneno para la taquilla y entregó un largometraje apasionante, que supo dosificar el humor con la aventura y el terror. Incluso logró que por primera vez en la historia de Disney una de sus obras obtuviera una calificación “para mayores de 13 años” sin que esto dañase la recaudación o la reputación de la empresa.

Hoy el panorama en las oficinas del conglomerado de medios es distinto. Ya no existen riesgos en sus producciones, casi todo se realiza en base a fórmulas ya testeadas, intentando contentar a todo el mundo.

Piratas del Caribe sufre el mismo tratamiento, pese a haber sido pionera en su momento. Mientras Depp luchaba por limpiar su nombre y reputación, Disney ya estaba planificando como continuar la saga sin el elemento clave que convirtió a una película que parecía ser una más del montón en un fenómeno global que lleva casi veinte años de éxito ininterrumpido. Se ha hablado de secuelas sin Sparrow, se ha hablado de un reinicio de la historia. Se ha hablado de películas que cuenten historias paralelas al arco argumental principal. Todo suena a ideas desesperadas, carentes de una motivación artística real.

La realidad es que sin Johnny Depp tambaleándose delante de cámaras, la saga Piratas del Caribe parece condenada convertirse en un producto mediocre más, de esos que salen todas las semanas, que cumplen con el espectador durante las dos horas de metraje pero cuyo destino final es, inevitablemente, el olvido.

Por suerte tenemos la primera entrega disponible en Disney + para recordar o descubrir la magia que un par de visionarios consiguieron llevar a la gran pantalla.

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