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Doctor Strange en el Multiverso de la Locura
EL TERROR LLEGÓ A MARVEL — SOLO EN CINES
Doctor Strange en el Multiverso de la Locura

El estreno de Spider-Man: Sin camino a casa marcó la primera incursión real del concepto multiverso (diferentes universos que existen de forma paralela) con la aparición de Tobey Maguire y Andrew Gardfield repitiendo sus roles como Peter Parker provenientes de las franquicias anteriores. En aquel film uno de los actores principales en el abultado cast fue el de Benedict Cumberbatch como Doctor Strange, uno de los hechiceros más poderosos del Universo Cinematográfico Marvel (MCU).

También se sabía desde hace años que el título de esta secuela, que se estrenó el jueves pasado en casi todo el planeta, iba a ser Multiverso de la Locura, confirmando a los fanáticos que estos mundos paralelos son parte del canon vigente. Marvel, de la mano del por ahora todopoderoso productor Kevin Feige, necesita explorar nuevos caminos para la nueva fase de su franquicia, habiendo agotado a uno de los villanos más poderosos de su catálogo (Thanos) y tras “sufrir” la terminación de los contratos con los actores emblemáticos que dispararon este negocio multimillonario.

Scott Derrickson, director de la primera Doctor Strange, había firmado para dirigir la secuela tras el éxito inicial y la buena recepción del público a la impronta personal que había conseguido dar a su producto. Los efectos especiales eran inventivos, las peleas eran originales y los poderes de los hechiceros ofrecían un espectáculo que se sentía fresco pese a la abundancia de imágenes generadas por computadora. Cumberbatch probó ser un líder protagonista carismático, capaz de llevar él sólo esta porción de la franquicia. Derrickson había anunciado que esta secuela sería la primera incursión de Marvel en el territorio del horror, algo que emocionó a los seguidores y que despertó el interés de aquellos que no suelen comulgar con la fórmula Marvel.

Es por eso que tras anunciar la partida del director por diferencias creativas (LA excusa en Hollywood para no dar explicaciones sobre porqué un artista abandona un proyecto) Disney y compañía cerraron trato con una leyenda del cine de terror, uno de los responsables del cine de superhéroes moderno, y un visionario que llevaba casi una década ausente detrás de cámara: Sam Raimi, el hijo prodigo de Marvel gracias a su seminal —y hasta ahora superior— trilogía de Spider-Man, en aquellos años donde las adaptaciones de historietas eran un riesgo monetario y el tufo de Batman & Robin seguía acechando a los productores estadounidenses.

Todo parecía estar servido para un espectáculo sangriento, repleto de creatividad y con el estilo visual dinámico, vertiginoso y urgente que el mejor Raimi supo poner sobre la mesa en sus mejores films.

Después de mucha espera el gran público pudo asistir al retorno de un gigante detrás de cámara en Doctor Strange en el Multiverso de la Locura.

Desde el inicio, se nota que es un largometraje dirigido por Sam Raimi. La primera secuencia es una persecución y lucha entre Strange, America Chavez y un demonio. La cámara se mueve a gran velocidad junto a los protagonistas, que deben ir esquivando lo que parecen ser trozos de edificaciones que flotan en una dimensión tan colorida como terrorífica. La batalla no se desenvuelve como uno esperaría, y la primera sorpresa se da apenas iniciada la proyección. Las promesas de una gran obra están ahí, latentes, totalmente justificadas. Doctor Strange es un personaje interesante que tiene la capacidad de moverse por dimensiones alternativas, lo que permite a los directores aplicar toda la creatividad posible a las secuencias de acción.

La primera mitad del film es un desfile de escenas de acción con elementos de terror de gran calidad.

Pronto descubrimos que la villana del film es Scarlet Witch (Elizabeth Olsen) cuyo objetivo es recuperar a sus hijos, a quienes vimos desaparecer al final de la miniserie WandaVision. Para eso necesita de la pequeña America Chavez, cuyo poder es el de viajar en el multiverso… la chica es como un portal ambulante, con el único inconveniente que sus poderes solo se manifiestan cuando está muerta de miedo.

Strange y Chavez viajarán por distintos mundos paralelos mientras intentan obtener un libro que les de la capacidad mágica de detener a Scarlet Witch, uno de los personajes más poderosos del MCU, capaz de alterar la realidad a voluntad con su mente.

Sin embargo, a medida que el segundo acto de la película se va cerrando, Strange comienza a perder protagonismo pese a que la obra lleva su nombre. Chavez gana cada vez más relevancia porque, en el futuro, probablemente sea un personaje importante dentro de lo que conforme el próximo grupo de superhéroes que reemplazaran a la clásica formación de los Avengers.

Acá es donde radica, al menos para quien escribe, el problema que tiene Marvel en esta nueva fase de su franquicia. Cada película en solitario no es más en solitario, sino que son vehículos para introducir personajes nuevos con el fin de perpetuar la cadena de montaje. Cualquier mínimo cameo —que los hay, algunos muy esperados, otros completamente sorpresivos— es una posible nueva saga de películas o series de televisión. El resultado es que el protagonista debe cederle espacio narrativo a los nuevos, y en Doctor Strange no es la excepción.

No por esto la película es mala. Elizabeth Olsen consigue darle un giro espectacular a un personaje que lleva interpretando hace casi una década, y es la que se roba el show por completo. Sam Raimi conserva la magia intacta, haciendo referencias a películas viejas de su filmografía (hay muchos homenajes a Evil Dead que sacarán más de una sonrisa a los versados en aquella fabulosa trilogía) y creando escenas de acción con el suficiente atractivo visual para llevar a buen puerto el último acto del largometraje.

Esta secuela de Doctor Strange es una digna continuación de uno de los largometrajes más originales que había hecho Marvel en el pasado, y se beneficia muchísimo del oficio y las cuotas de terror que ofrece Raimi; la impactante interpretación de Olsen como la villana, el encanto sarcástico de Cumberbatch para darle vida al protagonista, y esas sorpresas tan anheladas por los fanáticos, que prometen grandes cosas.

Si sos seguidor de la franquicia este film será obligatorio para entender la cada vez más compleja continuidad del universo cinematográfico.

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