Lunfardo
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Carnero
Esquirol, obrero que se presta a realizar el trabajo abandonado por un huelguista
Carnero

Carnero: Leng. gen. Esquirol, obrero que se presta a realizar el trabajo abandonado por un huelguista

«… Marcos: En cuanto haya una huelga, verán como trabajo. ¡Y que me griten carnero, …».
La Utopía Contrariada – Eva Galluscio – Estudios del Teatro Argentino e Iberoamericano – Osvaldo Pellettieri – 2004

“No les envidio la suerte a quienes tienen la honrosa misión –dicho con toda ironía- de forzar a la gente a carnerear.”
 La Razón – Subardini – 22 01-86

“…el desprevenido conductor recibió de un desubicado del grupo, que nunca falta, el calificativo de “carnero”, en el día en que los taxistas se habían concentrado para reclamar al Ministro del Interior…”
Ámbito Financiero – 26-01-00

 Carnerear: trabajar cuando los compañeros están en huelga.

 “…aunque un sector más duro del gremio comenzó a difundir la intención de “escarchar a los carneros”.
Página 12 – 24-11-99

Huelga en Rosario (noviembre de 1904).
En una de las paredes de la sociedad de empleados los dependientes de comercio
escrachan a los carneros.

Comunicado de la Academia Porteña del Lunfardo
Transitando una colección de “Caras y Caretas” (perteneciente a la Biblioteca Popular de esta ciudad) del año 1904, en el ejemplar fecha 10 de diciembre de tal año, tropecé con la caratula en colores ya clásica en la popular revista: el grafico comentario humorístico de un tema de actualidad. En aquellos lejanos días era una huelga general que había estallado en Buenos Aires. Ya en el interior de la revista dí con una nota = reportaje titulada “Interview al carnero” y firmada por Julio Castellanos. Por lo que dIcha nota dice el comienzo el insultante mote carnero aplicado al obrero que no se pliega a un movimiento de huelga impuesto por sus compañeros comenzó a circular por vez primera en la Capital Federal y con motivo de dicha huelga toda vez que, desbordando los limites capitalinos de su inicial debut, saco carta de ciudadanía en toda la provincia bonaerense y, supongo, en la totalidad del país, sin descartar la posibilidad de su expansión a países vecinos.

Dicho reportaje arroja alguna luz sobre el popularizado apodo cuyo propósito es definir en tono denigrante, el llamado rompehuelgas. Dije alguna luz por estimar que, en realidad, la nota de marras nos ilumina acerca de la circunstancia y de la fecha en que se adoptó ese sobrenombre peyorativo; pero queda en la sombra el origen de la denominación  carnero. Dicha nota nos desayuna acerca de cuándo nació el apodo, pero nos deja con la apetencia del porqué. Nos falta el antecedente, el ejemplo ilustrativo (así sea este un carnero de ficción, hijo de un cuento o una fábula) en el cual se nos muestre un ejemplar ovino que, adoptando una conducta desertora, sea capaz de quebrantar esa invisible unidad  que es un rebaño lanar.

Estimo que dicho comportamiento  resulta más que insólito: imposible. Un atavismo propio de la raza condena al carnero a ser perpetuamente fiel a ese instintivo sentido de la unión.- Una especie de espíritu de clan (o de alma tribal que es inseparable del cuerpo de la majada  y es connatural de la especie) los mantiene en perfecta unidad.

Por otra parte (y merced a esta invisible asociación de ideas que siempre origina el ponerse a discutir sobre cualquier tópico), para robustecer mis frágiles y magros argumentos, proporcionándome con los suyos un sólido y sobresaliente punto de apoyo, termina de acudir en mi auxilio nada menos que Rebelais.- Vale decir su inmortal “Gargantúa y Pantagruel”. En el capítulo referente a los antológicos  “carneros de Dindenault”.- El sabroso episodio de Rabelais nos advierte claramente  que las apariencias engañan; que una cara de angelito bien puede esconder al diablo y que es prudente “calcular la correntada antes de tirarse al rio…” y aun otra advertencia: que el ejercicio de la venganza no es placer reservado para el exclusivo deleite de los dioses. El vengativo Panurgo, puesto a aplicar la ley del Talión, se cobra a superlativo precio el agravio de Dindenault. Con su descomedimiento y mal trato verbal, el autoritario comerciante contrae con el peligroso ofendido una grave duda de la cual, en su grosera y ciega imprudencia, no tuene la menor sospecha. Lejos de su imaginación que deberá saldarla a muy breve plazo y acompañada por tan leonino reajuste: “diente por diente” indexado nada menos que aun costo de dentadura eterna…

Pero… los “carneros de Dindenault” que, estúpida pero solidariamente, se lanzan a la muerte en respuesta a los gemidos angustiosos del hermano, son una prueba más del indiscutible instinto de la raza ovina.

Puedo apelar a otro testimonio literario. No tiene; pero de algún modo sí que tiene alfo que ver con el tema.- Por contener una suerte de simbolismo muy significativo. Quizás sea este casual, como puede ser deliberado, buscado por su autor. Me pregunto: ¿Existe –o existió antaño- en algún lugar de España la aldea, o villorrio, de nombre Fuenteovejuna? Supongo que no. ¿No es curioso el nombre? ¿No es sugestivo que en el feudo de Lope de Vega sitúa la acción de su denso drama que verifique (caso quizás único en la historia) una alianza humana tan férrea, un pacto de silencio tan estricto que no es quebrantado por hombre ni mujer algunos? Amenazas, castigos y torturas no logran convertir en delación esa unánime repuesta del pueblo en rebeldía: Fuenteovejuna… Con este nombre, título de la obra, el Fénix de los Ingenios ¿no habrá querido indicar que los humildes habitantes de ese feudo se identificaban cabalmente con el nombre del mismo; vale decir, que tenían la hermandad, la unidad inquebrantable de una majada de ovejas? Tal se me ocurre pensar, no sé si antojadizamente….

En cuanto a carnero en su acepción macabra (la que procedió al hoy denominado osario) aparentemente no tiene connotación alguna con el tópico aquí tratado.

He subrayado en la página “Caras y Caretas” el párrafo donde rambouillet reporteando recuerda que se le llamaba carnero al político que se vuelca haca el gobierno de turno. Ello vale como antecedente del apodo. Pero tampoco le hallo el porqué de carnero. En consecuencia, creo valederos y aplicables los argumentos ya esgrimidos.- Por lo demás, nunca oí endilgarse tal apodo a un desertor político, sino otro motes más peyorativos: ocote (por darse vuelta), vendido, etc.

En conclusión, que estoy como al principio, pero sudando tinta y con un jeme de lengua afuera, tras haber corrido, inútilmente, tanta extensión de prosa, detrás de un carnero al cual no consigo hallarle la similitud con su homónimo humano.- Lo dejo y me quedo en paz.

Aníbal de Antón
San Pedro – Buenos Aires – 25 de Febrero de 1985
Académico Correspondiente

Comunicación Académica Nª 1069

Interview al Carnero
La semana pasada los obreros en huelga, dieron en calificar con el sobrenombre de carnero, al compañero que no había abandono del trabajo. Queriendo nosotros conocer el origen de la nueva acepción que se da a esa palabra para incorporarla al léxico criollo, nos trasladamos a una majada de la que forma parte un inteligente rambonillet, que en el pedigré de la cabaña figura con el nombre de una Lagas.

Aunque baqueanos en eso en eso de hacer interviews, debemos confesar que aun encontramos con la batuta correspondiente al acercarnos al distinguido por no saber en la lengua que debíamos hablarle para que nos entendiera; si en la salada o la charqueada.

Por fortuna, el carnero conoció nuestras intenciones y con un: “que se le ofrece” nos volvió la tranquilidad de que tanto necesitábamos en aquellos momentos.

Una vez que le dimos a conocer nuestras intenciones y que el comprendió que no eran las de un matarife, se arrellano en una mecedora, pelo un cigarrillo, lo encendió, se quedó un rato reconcentrando sus ideas y a poco empezó a hablar. “Si, amigo, si. Nosotros los carneros siempre hemos sido sacrificados por el hombre. Nuestros antepasados servían de víctimas propiciatorias para honrar a Dios.-Ya sabrán ustedes que Abrahan inmolaba cuatro o cinco de mi familia siempre que tenía que pedir algo al Padre Eterno, y esa mala costumbre que Albarracín debía hacer suprimir, ha llegado hasta nuestros días.- Ya sabrán ustedes que cuando un político quiere pedir el voto a sus electores pone al asador cuatro o cinco de mi familia y eso no está bien. ”

-Según como este hecho el asado.
-¿Qué dirían ustedes si nosotros pusiéramos cuatro o cinco políticos al asador?…
-Según qué clase de políticos.
-Sí, amigo, créame, nosotros los carneros estamos llenos de mansedumbre para con los hombres, y estos no lo agradecen. ¿De qué se vestirían ustedes sino fuera por nuestra lana?

-De algodón

-No son ustedes considerados con los carneros, no señor, nos tienen errantes por la Pampa, donde somos una riqueza viviente, se aprovechan de nuestra lana de la que hacen casimires tres cincuenta el metro, sacan de nuestros cuernos y pezuñas peines y botones y todavía nos sacan el cuero para que los niños hagan pis sin estropear los colchones. Es infame lo que hacen con nosotros, créame. ¡Toma nuestro nombre como adjetivo denigrante!…

¡Es el colmo! Y no es esto solo, sino que nuestro nombre lo hacen figurar ustedes siempre para mal. Cuando uno de ustedes muere, dicen que canto para el carnero. Si es un charlatán y embustero que se atribuye la previsión de algo, le salen ustedes al paso diciendo: que no hay tales carneros y al individuo de la especie de hombres que cuida la majada de la cual formamos parte, le califican ustedes con desprecio de majadero.

Ya sabía que al político que funda su voto en favor del gobierno, le llamaban ustedes carnero, pero jamás me imaginé que al hombre honrado que no quiere abandonar su trabajo le colgaran el mismo alias.

-¡Carnero! ¡Créame, esa noticia que usted me deja congelado!

-Me parece que usted exagera.
-¡Sin exageración! Ustedes formaron un partido político denominado  “vacuno” pero a nadie se le ocurrió formar uno llamado carnero.- Ustedes, con el pretexto de que estábamos sarnosos nos tomaron para el específico tratando siempre de ridiculizarnos.- En fin , que ustedes no han perdonado ocasión para tomarnos para la farra.

– ¡Consuélese usted, señor carnero, porque si a usted lo toman para la farra, al chancho le toman la butifarra!

-¡Bonito consuelo! El carnero indignado se levantó de su asiento y dando una vuelta de las suyas, salió corriendo a reunirse con sus compañeros para dirigirse a los Nuevos Mataderos, donde tenían esa tarde una reunión de alto interés para el comercio.
Caras y Caretas- 10-12-04 – Por Julio Castellanos – “Interview al Carnero”

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