Por Amor al Arte
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Molina Campos
El Pincel que Bautizo lo Nuestro
Molina Campos

Podía parecer gratuito abocarse a Molina Campos como un problema no resulto de la plástica Argentina, cuando ya pareciera que había sido rotulado, encasillado, y si se quiere, en cierta forma consagrado.

En efecto, no faltan hoy dedicatorias , homenajes, muestras y por sobre todo, un prestigio obtenido históricamente, que se traduce en nuestro mercado de arte en las más altas cotizaciones.- Y ha sido y es, solamente, esta cotización a que ha llevado, en la mayoría de los casos, a que “nuestros críticos e historiadores” de arte le hayan dedicado espacios en distintos medios, a pesar de no comulgar con su estética.- Basta con recorrer estos textos para entrever la resistencias; Molina Campos nunca ha sido valorado como uno de los pilares básicos del arte nacional, sino siempre ubicado en los umbrales menos categorizados por ellos, de “ilustrador”, “costumbrista”, “tradicionalista”, “evocador histórico”, etc., etc.

Estas resistencias de nuestros ilustres estetas con índices reveladores de quienes han debido rendirse ante la realidad pero en el fondo mascullan la bronca del mercenario de los medios.- Porque no vayan a pensar que alguien que estudio tanto de teoría  se convierta en un elogiador de un pintor de almanaques.- Porque la pintura al óleo es otra cosa: no huele a cocina, bares, talleres mecánicos y demás.

Pero como la nota hay que hacerla por que las cuentas a fin de mes hay que pagarlas, nada mejor que eludir sin complicarse.- Entonces viene lo de “que humos, ¿viste?”, “que divertido” o, para los más serios, “es nuestro Daumier”, “es espectáculo, pero nunca más que eso”: “documento, historia, una literatura autóctona, calificada , gráfica y pictóricamente…”.- Claro, no vaya a ser que se los confunda el óleo las galerías y los museos tienen otro olor.

El problema Molina Campos subsiste y como tal conviene tratarlo, y si bien en las razones que se exhiban no se podrá aportar novedades ni contribuciones a la vieja contradicción de mentalidad neocolonial y mentalidad nacional, si podemos arrimar un ejemplo.

Molina Campos exhibe como pocos, quítales de los más preciados  envidiados por cualquier artista y crítico de países no dependientes culturalmente.

1º) Es el único artista nacional del cual el pueblo ha hecho pinacoteca.
2º) Es uno de los pocos que se ha consagrado de la periferia al centro.
3º) Es uno de los contadísimos que nos revela desde su poética con textos reales: geográficos, históricos, religiosos, sociales y raciales.
4º) Es casi el único que elaboro un estilo original que nos revela lo esencial y permanente, desde lo particular accidental.
5º) Es el único artista en cuyo desarrollo histórico no se puede hacer correlato con los estilos europeos o norteamericanos.
6º) Es el que redefine el objeto artístico no categorizando una técnica por encima de las otras; dándole carácter de popular a un medio expresivo preñado históricamente de caracteres individuales u de elite.- El objeto único pictórico es trascendido como medio limitado de comunicación por el almanaque, el afiche, la ilustración de libros, las postales, el rediseño de naipes, etc., etc.

Y son estos méritos que exhibe Molina Campos como propios y consagratorios de una cultura nacional y popular los que dificultan la apreciación de los que recurren a las anteojeras universalistas.

Molina Campos y su Tiempo

Su monumental obra realiza en el periodo 1926-1950

Es el periodo en que “nuestro medio artístico”, restringido a la calle Florida, va consolidando poco a poco su desarraigo artístico heredado del desarraigo de las viejas clases dirigentes esforzadas en instaurar el modelo europeo.

Es la época en que Pertorutti “trae” el cubismo, del grupo “La escuela de Paris” y del arte concreto.

Es la época en que la elite artística desarraigada de la Nación comienza la construcción de la historia ficticia del arte argentino; con la aparición de los primeros textos históricos y notas periodísticas en medios gráficos, en general, y revistas especializadas.

En esa época Molina Campos asume justamente los valores que son la antítesis de la consagración de las elites.

Veamos.

Plasma imágenes con las que se identifica con la población rural del país (y que por ello fueran atesoradas) y que carecían de significación para una elite capaz de valorar únicamente lo foráneo.

Fue ojos y portavoz de un sentir popular marginado por la City porteña, por lo que no podía tener otro valor que un “very tipical” para los que se autoconsideraban prolongación de Europa.

Se constituyó en un artista que tampoco podía ser valorado con la revelación en imágenes de contextos propios, porque el único contexto posible era el provisto por imágenes de importación, en un medio arquitectónico, de hábitos, costumbres, modos sociales y educación importados, para una mentalidad importada de primera o de segunda mano.- La revelación de estos contextos propios más que indiferencia provocaron repulsión en una elite que quería esconder lo que no quería ser.

Molina Campos, consustanciado con su tiempo histórico y su naturaleza, supo ver lo que de permanente y esencial ofrecían una flora y fauna particular, un horizonte de pampa, un hombre conviviendo y luchando en esa naturaleza, hábitos y costumbres reflejados que trascienden, en todos los casos, la mera anécdota para convertirse constantemente en símbolos de un hombre, de una naturaleza y de una historia determinadas.

Supo encontrar en su sensibilidad artística, para su tiempo u lugar, la mejor academia que le proveyó el estilo más original de nuestro arte.

La historia del arte nos da ejemplos sobrados de que cuando los artistas profesionales antipopulares, han sido los no profesionales expresión del pueblo y desde ellos han aportado los más vitales y originales estilos de la historia del arte.

Una retórica donde probablemente la exageración y la descripción minuciosa son los rasgos salientes, conforman su original estilo el cual se manifiesta en una línea que describe y exagera lo esencial y un espacio que siempre nos remite a un espacio vivido y, conocido, interpretando todo con una técnica, en que, como en las sorprendentes obras de arte, nada sobra no nada falta.

Estilo que no puede tener sentido para quien ni siquiera  reconoce el accidente donde vive.-

Las cosas nuestras no tenían nombre y Molina Campos comenzó a bautizarlas, mientras la elite artística le ponía nombre a los nombres de lejanas cosas.

Molinas Campos fue el arte mismo, el ser artístico, lo que es justamente la antítesis de los valores consagratorios de la elite desarraigada y de la crítica y el arte  que se esforzaba, en el “parecer”, en la imitación.

Poco valor puede otorgar a este merito quien considere que “todo el mundo” posible al cual se debe el arte son las cuatro cuadras de la calle Florida y que, por otra parte, dá por descontado que el “vulvo”, “la chusma”, el pueblo puedan tener estética, ojos para diferenciar lo que le es propio de lo ajeno, lo bueno de lo malo.

Por supuesto, también el objeto de multiplicar la imagen única única por medios no tradicionales, tendrá otra categorización cuando la propugne Romero Brest desde la galería Promenade, pero para esto faltarán 30 años.- Después los almanaques de Molina Campos y por otra parte el seriado de la imagen Promenade estará dirigido a “todo el mundo” de Palermo chico.

En síntesis, la unidad y coherencia de la propuesta estética de Molina Campos es totalizadora, como toda genuina manifestación artística; y esencialmente su obra  está caracterizada por su contenido popular, su estilo y lenguaje popular y, fundamentalmente , por el medio de difusión popular: el almanaque, el afiche, la postal, etc.

Con esta nota, el Grupo Pintores Argentinos, quiso rendir un homenaje en el que no se trata de cortar una cintita más, sino de concretar  un homenaje que es compromiso de tomarlo como uno de los referentes fundamentales de la “otra” historia del arte nacional, lamentablemente no escrita.
Grupo de Pintores Argentinos
Miguel Alzugaray, Horacio Porto, Rubén Segura,
Raúl Moneta, Roberto Rollié, Carlos Zanatta
Revista CREAR- Junio 1983

Algunos intelectuales han querido ver por el carácter ”grotesco” de sus imágenes una intención despectiva en la representación de los personajes.- La prueba más concluyente para rebatir este punto de vista es la total identificación popular con su obra.- Una de las tantas anécdotas que ilustran este tema cuenta que Molina Campos y su esposa llegan a un almacén de campaña y observan que hay una serie de sus trabajos colgados a una altura considerable, le preguntan al dueño por que los había colgado tan alto y el hombre les responde: “para que no me los roben” Molina Campos se presenta entonces como el autor de la alegría de los parroquianos es indescriptibles y realiza allí algunos dibujos y los regala.- Cuando se retiran, un paisano se acerca a la esposa y le dice al oído “cuídelo mucho porque es nuestro ídolo”.-

Sus obras muestran la representación de un mundo cargado de contenidos vividos.- La captación  de los rasgos físicos de los personajes, sus actividades típicas.- Situaciones que muestran las sutilezas de las relaciones humanas.-El paisaje como experiencia  viva, donde las estaciones, las inclemencias del tiempo, etc., están presentes en sus aspectos estéticos, humorísticos y dramáticos.

La singularidad de la obra de Molina Capos se debe a su total identificación con los intentos que representaba.- En EE.UU, Walt Disney le prepuso realizar imágenes de los vaqueros del oeste norteamericano, con el mismo sentido que lo había hecho con nuestros gauchos.- Después de algunas pruebas, desistió y le manifestó a Disney que no podía hacerlos porque no los conocía y no los sentía, pues todo eso le era ajeno e imposible de captar con sentido profundo.-

Florencio Molina Campos

Pintor, ilustrador y grafico  argentino, nació en Buenos Aires el 21 de agosto de 1891.-

Realizo pinturas, esculturas, ilustraciones para libros, almanaques, diseño de tarjeras postales, naipes y dibujos animados.-

Vivió y estudio en la ciudad de Buenos Aires, pero pasó largos periodos en la estancia paterna “Los Ángeles”, en los pagos del Tuyú (Partido de Gral. Lavalle, al sud del Rio Salado).-

Allí convive con el paisaje y los hombres que liego representará en su obra.-

En 1926 realiza su primera exposición de pinturas.-

En 1928 adquiera gran popularidad, se ocupan de sus obras diferentes medios periodísticos: La Razón, La Prensa, El Mundo, etc.

En 1931 aparece el primer almanaque de “Alpargatas” que se seguirá publicando hasta 1936 con una segunda aparición en 1940 y 1945.-

En 1937 gana una beca para estudiar dibujos animados en EE.UU, y en 1942 fue contratado por Walt Disney como asesor técnico.- En ese mismo año ilustra el “Fausto” que se edita en Buenos Aires.-

En 1944 diseña otros almanaques y publica postales y naipes.- En 1950 obtiene el premio “Clarín”, en el V, Salón de los Dibujantes.- En 1951 viaja a EE.UU., donde la originalidad de su obra había despertado gran interés; prueba de ello es que el cineasta  checo Jiri Trinka trato de realizar una película con los personajes del “Fausto”, que luego no llega a concretarse.-

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