Entre Caminos y Estrategias
La próxima vez que estés en Arequipa, no corras hacia el cañón del Colca sin antes detenerte aquí. Siéntate en una banca, escucha el murmullo de la ciudad, mira cómo el Misti te observa desde lejos y deja que la magia te envuelva.

La Plaza de Armas de Arequipa: Donde la Historia se Toma un Café con el Volcán
Si alguna vez has estado en Arequipa, sabes que la Plaza de Armas no es solo una plaza. Es el alma de la ciudad, el punto donde todo comienza y donde todo se siente más vivo. Y si aún no la conoces, prepárate para enamorarte de un lugar donde la historia, la arquitectura y el buen humor se mezclan como un buen rocoto relleno.
Ubicada en el corazón del centro histórico, la Plaza de Armas de Arequipa es una joya colonial que parece sacada de una postal. Rodeada por elegantes portales de piedra blanca y dominada por la imponente Catedral, esta plaza es el lugar perfecto para sentarse, mirar, respirar y dejarse llevar por el encanto arequipeño.

La primera impresión que causa es de asombro. ¿Cómo puede una plaza ser tan simétrica, tan limpia, tan fotogénica? Es como si cada piedra hubiera sido colocada por un artista obsesionado con la perfección. Y en parte, así fue: la plaza fue diseñada en el siglo XVI por los españoles, quienes no escatimaron en belleza ni en proporciones.
Pero lo que realmente la hace especial es su entorno. A un lado, la Catedral de Arequipa se alza majestuosa, con sus dos torres que parecen saludar al volcán Misti cada mañana. Esta catedral, construida con sillar —una piedra volcánica blanca típica de la región—, ha sobrevivido terremotos, incendios y selfies mal encuadradas.
Frente a la Catedral, los tres portales coloniales: el Portal de Flores, el Portal de San Agustín y el Portal de la Municipalidad. Cada uno tiene su historia, sus leyendas y sus cafés con balcón.
Desde ahí, puedes ver cómo la plaza cobra vida: niños corriendo, palomas esquivando turistas, vendedores ambulantes ofreciendo helados de queso y señoras con sombrero vendiendo artesanías.


Y sí, hay palomas. Muchas. Algunas posan para las fotos, otras se creen dueñas del lugar. Pero todas forman parte del paisaje. Hay quienes las aman y quienes las esquivan como si fueran drones descontrolados. Pero nadie puede negar que le dan movimiento y chispa a la plaza.
La Plaza de Armas también es el escenario de celebraciones, protestas, conciertos y desfiles. Si hay algo que celebrar en Arequipa, se hace aquí. Desde el aniversario de la ciudad hasta las procesiones religiosas, pasando por ferias gastronómicas donde el chupe de camarones es el rey.

Y hablando de comida, alrededor de la plaza hay restaurantes que ofrecen lo mejor de la cocina arequipeña. Puedes probar un adobo en el desayuno, un ocopa al almuerzo y terminar con una cerveza artesanal mientras el sol se despide detrás del Misti. Todo con vistas a una plaza que parece cambiar de color según la hora.
Por la tarde, la luz dorada baña los edificios y convierte la plaza en un escenario de película. Los fotógrafos se multiplican, los músicos callejeros afinan sus guitarras y los visitantes se sientan en las bancas como si esperaran que algo mágico ocurra. Y ocurre: el ambiente, la energía, la historia… todo se siente especial.
De noche, la plaza se transforma. Las luces iluminan la Catedral, los portales brillan y los bares cercanos se llenan de vida. Es el momento perfecto para caminar, conversar o simplemente contemplar. Porque en Arequipa, la noche también tiene alma.


Pero no todo es solemnidad. La Plaza de Armas tiene su lado divertido. ¿Sabías que hay una banca donde, según la leyenda, si te sientas con alguien y no discutes, es amor verdadero? ¿O que algunos balcones tienen vistas tan espectaculares que los locales los llaman “miradores VIP”?
Además, la plaza es punto de partida para explorar el centro histórico. Desde aquí puedes caminar hacia el Monasterio de Santa Catalina, la Iglesia de la Compañía, el Museo Santuarios Andinos (donde está la famosa momia Juanita) o simplemente perderte por las calles de sillar que parecen susurrarte historias.

Y si eres amante de los datos curiosos, aquí va uno: la Plaza de Armas de Arequipa fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, como parte del centro histórico de la ciudad. Así que cuando la visitas, no solo estás en una plaza bonita, estás en un lugar que el mundo entero reconoce como valioso.
En resumen, la Plaza de Armas de Arequipa no es solo un lugar para pasar el rato. Es un espacio que vibra, que respira, que te invita a quedarte un poco más. Es el punto donde la historia se mezcla con el presente, donde el arte se encuentra con la vida cotidiana, y donde cada visitante se convierte en parte del paisaje.

Así que la próxima vez que estés en Arequipa, no corras hacia el cañón del Colca sin antes detenerte aquí. Siéntate en una banca, escucha el murmullo de la ciudad, mira cómo el Misti te observa desde lejos y deja que la magia te envuelva. Porque en la Plaza de Armas, cada piedra tiene algo que decir… y tú estás invitado a escuchar.
José Darío Dueñas Sánchez
Consultor de Negocios
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