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Repensarnos en la Inclusión Plena
la primera barrera que debemos romper es nuestra barrera mental, que es la que no nos deja ver más allá
Repensarnos en la Inclusión Plena

“La educación es el arma más poderosa si quieres cambiar al mundo”
Nelson Mandela

Muchas veces, leemos o escuchamos a personas que logran hacernos reflexionar sobre situaciones que, por estar tan instaladas en la sociedad, terminan siendo absolutamente naturalizadas. Es tan enriquecedor poder encontrarnos con alguien que nos haga detener y recalcular.  Esta persona que me movilizó es el Profesor Gerardo Echeita, Especialista en Políticas sobre Educación Inclusiva y Atención a la Diversidad. Él expresa que “todos los humanos debemos tener igual dignidad ya que tenemos los mismos derechos. Somos nosotros los que deberíamos construir una sociedad donde todos nos reconozcamos como iguales, a los niños como iguales, a las personas con discapacidad como iguales… ¿Nos pusimos a pensar en qué sociedad queremos vivir? “ Ante esta pregunta, Echeita plantea la necesidad de “repensar la escuela”, ya que es imperativo reformar el sistema educativo para poder cambiar, para poder avanzar como sociedad.

El planteo que realiza es simple: inclusión /exclusión. Las dos caras de un mismo tema.

¿Por qué cuándo pensamos en INCLUSION solo pensamos que es una reforma para la discapacidad?

No se puede identificar a la inclusión solo con eso. Es un movimiento mucho más complejo y profundo.

No es tan solo para un pequeño colectivo, sino todo lo contrario.

Entender que cuando se habla de inclusión no nos dirigimos a la inclusión de unos pocos, sino a la de TODOS, ya que TODOS somos diferentes. Diferentes en cuanto al color, la religión, la clase social, la identidad sexual, el género, la nacionalidad, a las capacidades, etc. Es poder pensar a los estudiantes como un colectivo único en el que TODOS deben estar, sin excepción, por derecho propio, por ser humanos iguales, pero con algunas particularidades que nos hacen diferentes.

Si podemos pararnos desde ese lugar, sin lugar a dudas vale la pena realizar ese movimiento profundo y complejo que es la inclusión. Mirándola de esa manera, deja de ser para unos pocos, y pone al descubierto otros casos, que se invisibilizaban y que también quedaban excluidos. Aunque de eso no se habla. No se habla de la EXCLUSIÓN que sufren los adolescentes que son discriminados muchas veces por sentirse identificados con un género distinto a su sexo, o de un adolescente con exceso de peso al que le hacen bullying. Y como si fuera poco, todo esto repercute negativamente en su rendimiento académico, lo cual hace, además, que queden fuera del sistema.

 Cuando se piensan las reformas de inclusión, en lo primero que se piensa es en la eliminación de toda barrera arquitectónica. Sin embargo, ese es un error, porque la primera barrera que debemos romper es nuestra barrera mental, que es la que no nos deja ver más allá o es la que nos pone los mayores impedimentos.

Se puede empezar con cambios pequeños, con ganas de cambiar, con ganas de mirar al otro, como otro como yo. Dejemos que ese otro nos interpele para poder avanzar hacia una sociedad mejor para todos.

 Somos docentes. Es verdad que más allá de las normativas vigentes, los recursos económicos, etc., dentro del aula, somos nosotros, los alumnos y los contenidos. Por lo tanto, lo que hace falta es la voluntad de cambio, esta es una primera semilla para comenzar a generar espacios más inclusivos.

 Es por esto que el rol del docente en la inclusión es fundamental. Debe estar convencido de que el cambio debe comenzar por él. Una vez que eso suceda, se arbitrarán los medios necesarios para eliminar las otras barreras, sin ninguna duda.

El docente, es el primer componente de este gran movimiento que es la INCLUSIÓN PLENA.

Todos tenemos alguna responsabilidad, y es por eso que todos los actores de la comunidad educativa debemos trabajar para que la inclusión educativa, no sea una utopía.

Claudia Ferretti
Prof. Lic. en Ciencias de la Educación

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