Serie Fantástica
Fecha de Publicación:
Silenciosa Campana
Del libro Goles Mixtos –Ediciones Tahiel - 2018 - Finalista - Faja de honor de la SEP - Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires
Silenciosa Campana

Justo ahí, bajo el farol, en medio de la calle polvorienta, se armaban unos partidos memorables durante las noches, más precisamente después de cenar. Ese jueves de primavera que mi mente trae con regocijo, no había pelota para jugar.

Silenciosa Campana
A menudo pienso en mi niñez y no escapo a los recuerdos del fútbol, de mis muñecas bailarinas, de los buñuelos de manzana de los domingos, y de los partidos llenos de inquietud  que se jugaban en mi barrio. Y me acordé del farol, del único farol que estaba en la esquina de mi casa  para iluminar poco y nada, pero que a fin de cuentas era todo lo que necesitaban los pibes de la cuadra.

Justo ahí, bajo el farol, en medio de la calle polvorienta, se armaban unos partidos memorables durante las noches, más precisamente después de cenar. Ese jueves de primavera que mi mente trae con regocijo, no había pelota para jugar y los chicos sentados en la vereda mascaban aburrimiento y rabia. Es que Fernandito tenía paperas y la única pelota de futbol era la de él y para colmo se la había olvidado en casa de su abuelo Lesá, y todos le temían a Lesá, por eso de que tenía mal carácter y que de tanto en vez los había sacado corriendo con la escoba, cuando la pelota caía sobre su huerta. Así que a Pecos Bill, asi lo habían apodado a Gabriel por las pecas, se le ocurrió una idea, y me dijo: “Marianita te necesito de campana” y yo no sabía bien que era ser campana, pero Pecos Bill era bueno y todos confiaban en él. Lo seguí embelesada, era la primera vez que los pibes del futbol necesitaban de mí, y si tenía que tocar campana o  hacer de campana o lo que fuese, lo haría. Pero no me llevó a la Iglesia, la pasamos de largo, y me hizo sentar en el umbral de su casa con la única consigna de tocar tres timbrazos si aparecía su mamá Coca, que había ido a misa de ocho.

Gabriel entró a su casa y tardó un rato, yo estaba un poco nerviosa porque a lo lejos me pareció ver venir a la Coca, pero fue solo mi imaginación.

Cuando salió,  me dijo: “gracias Marianita, te podés ir” y yo no me quería ir porque intuí que algo escondía. Corrió hacia donde estaban todos los pibes y yo corrí tras él con tanta mala suerte que me tropecé y caí. Se rasparon mis rodillas y me aguanté el dolor, y así medio renga me fui acercando a la rueda que habían hecho. No alcanzaba a ver mucho, pero si escuché que Gabriel decía: ”metéle, hacéle el torniquete, no no , así no, para adentro, metéle diarios, dale tres vueltas” y me dio ganas de llorar porque yo había sido campana y ellos no quisieron que yo viese nada, pero el farol iluminó la sonrisa de Pecos Bill justo cuando lanzó al aire una pelota brillante, pequeña. Me di cuenta que no picaba y no solo eso, en una de esas vino la luminosa a parar al lado mío por un pase mal hecho de Juan Cisneros, y la toqué con mis manos, y sentí que era sedosa, y como quien no quiere la cosa corrí hasta abajo del farol para ver con más nitidez y me di cuenta que era una pelota hecha con media de nylon. Y se me subieron todos los colores a los cachetes, sobre todo porque la vi venir a Coca, furiosa hacia donde estábamos. Cuando estuvo cerca de su hijo, lo agarró de una oreja, mientras le decía: “dejaste las medias tiradas en el piso y falta una de mis medias que seguro usaste para hacer la pelota” y yo me sentí cómplice por primera vez, no obstante dejé la pelota en el suelo y salí corriendo. Los chicos empezaron a corear ”Coca, Coca, Coca” y se ve que nadie escapa al segundo de gloria chica y la madre de Gabriel se detuvo, y con un gesto de fastidio mal estudiado, agregó agitando su dedo índice. “que sea la última vez “ y pateó la pelota hacia donde estaba Valentín, que a pesar de tirarse a lo largo de su cuerpo no pudo evitar el gol. Y todos aplaudieron, menos yo que me sentí descubierta cuando me dijo: “Marianita te vi sentada en la puerta de casa hace un rato. ¿Necesitabas algo? Y negué con la cabeza,  dos o tres veces, y me puse a peinar mis muñecas como si nada hubiese sucedido, después de todo había sido elegida para ser una silenciosa campana.

 Del libro Goles Mixtos – 2018- Ediciones Tahiel – Finalista Faja de honor de la SEP

Temas
Comentarios
Creencias, Mitos y Leyendas
Yósi

Yósi

Andan por lo común desnudos, aunque se cubren a veces con una capa de piel de zorro. Hablan bajo y con muchas señas. Se esconden en las cavernas y las quebradas montañosas, aunque para vivir prefieren la espesura del bosque.
Personajes
Orelie de Tounens  el Rey de la Patagonia

Orelie de Tounens el Rey de la Patagonia

El Rey Francés de la Patagonia se dedicó a una paciente tarea de persuasión de los distintos caciques de la zona, planteándose como un monarca que organizaría las distintas tribus bajo su liderazgo y sería secundado por los caciques.
Lunfardo
El Primer Texto Lunfardo

El Primer Texto Lunfardo

El lunfardo, como hoy llamamos al lenguaje popular de Buenos Aires, responde a necesidades sociales, ecológicas y ambientales de una ciudad cambiante. Un invento y reinvento de los sectores más marginales, para comunicarse entre ellos.
Semblanzas
Contar Ovejas

Contar Ovejas

La cabeza que se parte y se fragmenta y del paladar que arrastra la sequedad de haber rumiado por días estribos de bronce. La victima del insomnio deviene en un zaparrastro, un botarate aletargado incapaz del descanso del sueño.
- Central -
Crece Desde el Pie

Crece Desde el Pie

En casa lo recordamos siempre. Una canción en ritmo candombe: Crece desde el pie, nos dice con su letra de una gran profundidad que no hay revoluciones tempranas porque ellas crecen desde el pie, o sea, desde el pueblo.
Columnistas
Más Artículos