Hasta las Manos
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Las Manos y la Pluma
Han existido escritores y existen aún, que piensan que escribir a través de una máquina es algo frío
Las Manos y la Pluma

El oficio de escribir me retrotrae a tiempos de pluma y tintero, claro que pertenezco a una generación que los usaba en la escuela. El tintero de porcelana y la pluma cucharita, e incluso el plumín, para delinear mundos con tinta china, formaron parte de mi niñez. Las manos jugaban un importante papel, tener buen pulso era de vital importancia. Luego, llegó el tiempo de la lapicera y era mucho más práctico escribir. La delicadeza con que se usaba dependía de cada uno, pero el estilo no dependía de las manos, había algo más allá de la caligrafía, el pulso, la pluma o el objeto con el cual se escribía, y era y sigue siendo el sentido de crear.

Una pluma bonita en una hermosa mano no alcanza para el llamado de ninguna Musa que nos ayude en el proceso de escribir. Me refiero a la pluma y el oficio de ser escritor que coloca la mira en el proceso mismo de la escritura, y entonces la pluma es la computadora y las manos teclean a la velocidad del pequeño rayo que nos asiste, o gran rayo, como sea y aunque parezca una contradicción generacional no soy afecta a escribir con lápiz, birome, pluma o lapicera, tal vez porque el tiempo me humilla recordándome el hilo finito del propio carretel y entonces trato de ser ágil para ganarle el pulso a cualquier historia usando aquello que el progreso trajo. Por supuesto que es mi postura, que puede o no ser compartida, no creo en la inspiración a mano, creo que las manos son el instrumento que nos porta a llevar a cabo el proceso de escritura, pero jamás suplantarán las alas que la mente y/o imaginación tienen.

Y como me gusta hablar de vuelos, de todo tipo, emocionales, intelectuales, creativos, trato de florecer con la “pluma” de este siglo (computadora) y al compás de mis silenciosas manos. Ningún tiempo es fácil, supongo que cualquiera de los mundos que me hubiese tocado vivir, con vela, con lámpara a kerosene, con bombita de luz, con pluma, lápiz o palito sobre la tierra, con hojas, papel carbónico, máquina de escribir etc. hubiera sido necesario el uso de las manos como condición, pero no como condición sine qua non, hubo escritores que dictaban sus obras,  el verdadero placer es crear y para eso se necesita el “cervello” y el “cuore”, es decir el cerebro y el corazón, sin ellos no hay manos ni pluma que valga.

Han existido escritores y existen aún, que piensan que escribir a través de una máquina es algo frío, que en cierto modo se diluye el romanticismo del contacto directo entre las manos y el papel. Quizá la parte fatal de cualquier bordado, en sentido metafórico, es que hay que errar y acertar, dentro de la grandeza y la miseria del acto de escribir con aquello que el Siglo nos pone a mano. El mayor sobresalto sería no tener nada para decir, y en ese caso, las manos hablarían el lenguaje de la quietud fuese cual fuese el instrumento que usáramos. Por mi parte, la pluma la llevo en el error o la deuda de creer que cuando escribo me convierto en pájaro.

Ilustraciones de Miguel Lucero – 2000
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