Fuera de Serie
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Obi – Wan Kenobi
¿LA DERROTA DEL JEDI? – DISPONIBLE EN DISNEY +
Obi – Wan Kenobi

(Nota del autor: contiene spoilers de los episodios)

Las precuelas originales de Star Wars, los episodios I, II y III escritos y dirigidos por George Lucas a inicios del nuevo siglo, siguen siendo materia de debate entre los fanáticos. Los que se criaron con las películas originales no consiguieron adoptar la renovada visión de sus películas favoritas, mientras que nuevas generaciones conocieron a los personajes y el universo fantástico que creó el director gracias a estas tres entregas.

Si bien la calidad de aquella trilogía es discutible, hay un consenso general entre defensores y detractores: Ewan McGregor fue el punto más alto al ponerse en el rol de Obi-Wan Kenobi, aquel aprendiz de Jedi que toma bajo su manto al pequeño Anakin Skywalker, quien estaba destinado a derrotar a las fuerzas oscuras Sith pero que terminó convirtiéndose en el principal antagonista. El actor consiguió expandir un personaje importante pero secundario en la trilogía original, cargándolo de carisma y sabiduría en el proceso.

Cuando empezaron a salir los rumores sobre el futuro de la franquicia tras la compra de Disney, el personaje de Obi-Wan fue el más requerido por los fanáticos. McGregor siempre manifestó su deseo de retornar al universo para contar, al menos, una aventura más del maestro Jedi en aquellos años de retiro en Tatooine, en donde estuvo apostado dos décadas cuidando del pequeño Luke Skywalker.

Lo que en algún momento se pensó como una película terminó siendo una mini-serie, que contó también con el regreso de Hayden Christensen como Darth Vader, portando el traje y todo. El actor debe haber tomado esto como una revancha, ya que su papel en las precuelas fue uno de los más cuestionados.

El problema principal con el personaje de Anakin no radicó en la actuación de Christensen sino en la escritura del guion y la dirección de George Lucas. Los diálogos eran demasiado acartonados, y los momentos más ridículos de aquella fantasía épica espacial se salvaron gracias al actor y sus compañeros.

En Obi-Wan Kenobi, la serie que estrenó Disney + hace un mes y que finaliza mañana, el problema es exactamente el mismo que tuvieron las precuelas: la escritura y la dirección.

La premisa es simple: un grupo de mercenarios —comandados por Flea de los Red Hot Chili Peppers— secuestran a la princesa Leia, que tan solo tiene diez años y la interpreta la pequeña Vivien Lyra Blair.

Tras una persecución que da vergüenza ajena (tres adultos supuestos cazarecompensas experimentados apenas pueden agarrar a una niña desarmada que corre demasiado lento) Leia desaparece y Bail Organa, senador del planeta Alderaan y padre adoptivo de Leia contacta a Obi-Wan para que rescate a la chica.

Obi-Wan vive de incógnito en Tatooine cuidando en silencio al pequeño Luke. Al final del Episodio III nos muestran como la tarea de velar por la seguridad de la niña es responsabilidad de Bail y el maestro Jedi no debe abandonar su puesto porque si Darth Vader encuentra a su hijo, las cosas pueden salir muy mal en muy poco tiempo.

Pese a esto, Obi-Wan Kenobi abandona sus responsabilidades para ir a encontrar a la princesa —y cubrir el error del tutor responsable de ella— mientras cae en la trampa de la Tercera Hermana y aspirante a Gran Inquisidora, interpretada por Moses Ingram.

Obi-Wan, aparte de romper el pacto de cuidar a Luke, se va a la aventura disminuido en sus poderes. A pesar que vimos como Yoda le había dado una serie de entrenamientos para acceder a un tipo de poder superior de los Jedis, acá el maestro apenas utilizará su sable láser, le cuesta canalizar La Fuerza y, de golpe, se ve perseguido por el Imperio, por su antiguo aprendiz que quiere la revancha de aquella batalla que lo convirtió en un cyborg… pero cuando lo tiene malherido, a la merced, no sólo no lo ejecuta sino que lo deja escapar sin oponer mucha resistencia. Darth Vader, dos episodios más tarde de aquella bochornosa pelea, es capaz de detener una nave espacial con sus poderes, pero es incapaz de retener a un hombre malherido porque lo tapa una escueta cortina de fuego.

Esta serie, como dijeron los creadores, es un vehículo para contar la historia de redención de la Tercera Hermana, una sobreviviente de la escuela Jedi, atacada por Anakin, quien masacró a casi todos los niños aspirantes a guerreros. Por eso es importante para los guionistas y la directora que el personaje central sea ella y no Obi-Wan Kenobi, quien queda casi como un secundario en la mayor parte de los episodios, reducido a un hombre que sigue las constantes ordenes de una niña de diez años, que jamás salió de su palacio pero que de alguna manera tiene más sabiduría que un hombre mayor que luchó en guerras y entrenó toda su vida.

Y para aquellos que justifican que una niña de diez años sea capaz de mandonear a un guerrero curtido y hasta sea capaz de resistir las amenazas de torturas de los Inquisidores —responsables de imponer el reino de terror del Imperio a lo largo y ancho de la galaxia— me tomo el atrevimiento de refrescar la memoria de todos:

Cuando Leia aparece por primera vez en Star Wars IV: Una nueva esperanza, la vemos pidiendo ayuda a Obi-Wan Kenobi porque fue secuestrada por Darth Vader. No consigue salvar a su planeta Alderaan, que termina atomizado, y la rescata un caza recompensas de dudosa moral y un granjero que en su vida había salido de su pueblo. El personaje de Leia va creciendo con el correr de las películas, demostrando que el poder se tiene que ganar. Ostentarlo de nacimiento o por caprichos del guion lo único que hace es reducir a un personaje que ganó fuerza mediante la experiencia, que se convirtió en guerrera por mérito propio. Volverla un personaje casi infalible en retrospectiva en esta serie es una falta de respeto al arco argumental que Carrie Fisher volvió icónico hace más de cuatro décadas.

Poco importan las incoherencias argumentales con la trilogía original, poco importa que el personaje de la Tercera Hermana o los Inquisidores estén destinados a desaparecer pocos años después en la cronología de la franquicia. El verdadero motivo detrás de Obi-Wan Kenobi no es contar su historia, sino contar la historia de otro personaje utilizando como vehículo narrativo —y para atraer espectadores— el nombre de uno de los protagonistas más queridos de la saga.

Los responsables en los guiones son Hannah Friedman y el experimentado Andrew Stanton, responsable de gemas como Wall-E o Buscando a Nemo. La directora es Deborah Chow, de larga trayectoria en televisión en shows populares como Better Call Saul o Mr. Robot. De alguna forma la suma de talentos con currículum impresionantes consiguieron dar a luz a la peor serie del universo Star Wars hasta la fecha, ofreciendo un espectáculo blando, con escenas de acción que parecen salidas de un proyecto hecho por fans sin mucha experiencia detrás de cámara. Los efectos especiales, que en series como The Mandalorian se veían increíbles, acá parecen tener la calidad de las precuelas en más de una secuencia.

No utilizaron la Marcha Imperial que compuso magistralmente John Williams para introducir a Darth Vader, una melodía que es esencial para el personaje, tanto como el look y la icónica voz de James Earl Jones.

Ni siquiera el carisma y encanto natural de McGregor o la siempre bienvenida presencia de Kumail Nanjiani consiguen salvar del bochorno a esta serie. Es poco probable que en el episodio que queda por delante las cosas mejoren drásticamente, pero siempre hay una luz al final del túnel.

Por eso más arriba resalto que la responsabilidad es del equipo creativo detrás de cámara y no de los actores que ponen el rostro y suelen llevarse la peor parte de los ataques. La base de fanáticos de Star Wars cuenta con detractores muy agresivos que, tras el estreno de los primeros episodios, tomaron las redes sociales como arma para atacar de forma vil a la actriz Moses Ingram, concentrándose principalmente en que es una mujer de color. El problema no es la actuación de ella, sino la dirección y los guiones que le fueron dados. Si hay algún factor que redime esta serie es, justamente, los actores, que hacen lo imposible por llevar adelante un material mediocre.

La violencia contra la actriz, o cualquier miembro del elenco, siempre es injustificada. No importa qué tan poco guste el producto, sigue siendo un proyecto de ficción hecho por gente que está trabajando, tratando de dar lo mejor. A veces las cosas pueden fallar.

Obi-Wan Kenobi es una serie más que no aporta mucho a la mitología de Star Wars. Tiene escenas de acción casi amateur, una historia redundante y la inclusión forzada de personajes que le copan el protagonismo al protagonista.

Tal vez el sexto episodio reivindique todo este largo viaje de cinco capítulos, que se sienten como veinte.

En unas horas lo sabremos.

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