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Operativo Retorno – 1 de 2
Los Antecedentes - El exilio interminable
Operativo Retorno – 1 de 2

Los Antecedentes
El gobierno de Juan Domingo Perón fue derrocado por un golpe cívico militar el 16 de septiembre de 1955. Durante tres días fuerzas leales y rebeldes se enfrentan en distintos focos sediciosos y ante la amenaza de la Flota de Mar sublevada en bloque, de bombardear las destilerías petroleras de Dock Sud, el presidente delega el mando en una Junta Militar leal, que es la que se rinde a los golpistas. La decisión de los sediciosos de hacer uso de toda su fuerza, está probada por el brutal bombardeo aéreo sufrido por el Centro porteño el 16 de junio del mismo año, en el primer intento de golpe fallido. Cientos de muertos y heridos inocentes coronaron la intentona. No había por qué creer que en septiembre no harían lo mismo si lo creían necesario para lograr sus objetivos. El 16 de septiembre en su avance sobre Buenos Aires, la Flota de Mar cañoneó instalaciones petroleras de la ciudad de Mar del Plata como demostración de fuerza.

Después de abandonar el gobierno, Perón se refugia en un buque de guerra paraguayo y así inicia un exilio que durará 17 años, peregrinando por varios países y estableciéndose finalmente en España.

En ese extenso período pasó de todo. El jefe de la autodenominada Revolución Libertadora, general Eduardo Lonardi de origen nacionalista católico, intentó hacer un gobierno cooptando algunos sectores peronistas y evitando la represión indiscriminada. Fue derrocado pocas semanas después por el ala más dura del antiperonismo militar y civil, acusándolo de ser “tibio” frente a los derrotados. Vale recordar que los militares estaban asesorados por una Junta Consultiva, integrada por dirigentes políticos antiperonistas, entre ellos Américo Ghioldi, Alicia Moreau de Justo, Miguel Ángel Zavala Ortiz, Oscar Alende y otros; en representación de la Unión Cívica Radical (UCR), Partido Socialista, demoprogresistas, conservadores y demócratas cristianos. La Junta era presidida por el vice presidente de facto almirante Isaac Rojas y usurpó el Congreso Nacional para cumplir sus funciones. Además de apoyo político la Junta brindaba asesoramiento legislativo a los golpistas.

El 13 de noviembre de ese año, un golpe palaciego desplazó al “tibio” Lonardi y el general Pedro E. Aramburu asumió la presidencia de facto, acompañado por Isaac Rojas y contando con el apoyo de la Junta Consultiva.

Entonces se desencadenó una represión masiva sin precedentes en la Argentina moderna.

Fueron intervenidos la Confederación General del Trabajo (CGT), sindicatos y otras organizaciones sociales y políticas. Detenciones y torturas, comisiones investigadoras de bienes que arrojaban dudosos resultados, pero que sometían al escarnio a los presuntos investigados. El cuerpo embalsamado de Eva Perón fue robado por un comando militar de su lugar de descanso en la CGT y permaneció desaparecido durante 16 años. La Constitución Nacional reformada en 1949, fue abolida por decreto y en su lugar se restableció el antiguo texto de 1853. Paralelamente, el gobierno de facto devenido en dictadura comienza a aplicar planes económicos liberales y en política exterior se encolumna claramente con los Estados Unidos, rompiendo la tradición de no alineamiento que caracterizó a los gobiernos peronistas. El decreto dictatorial N° 4161, prohibió nombrar a Perón y Evita, una serie de palabras vinculadas al peronismo y también cantar o silbar la marcha Los Muchachos Peronistas, Evita Capitana y otros absurdos por el estilo.

Frente a esa situación asfixiante, el 9 de junio de 1956 un grupo de militares y civiles intenta un alzamiento armado para convocar a elecciones libres en seis meses y restaurar la vigencia de la Constitución Nacional derogada por decreto de Pedro Eugenio Aramburu.

El pronunciamiento fracasó, 27 hombres fueron fusilados y cientos de militantes detenidos.

El peronismo bajo condiciones de rigurosa clandestinidad, se organiza con luchas sindicales, agitación política y expresiones rudimentarias de lucha armada. Nace la Resistencia Peronista.

1956 – Exilio-Panamá – Conferencia de Prensa con Periodistas Cubanos

El Exilio Interminable
Las primeras políticas para borrar de la historia los años del justicialismo en el gobierno, parecían en buena parte copiadas torpemente de las medidas de “desnazificación” aplicadas por los aliados en Alemania desde 1945. Lo curioso es que partidos políticos argentinos de larga tradición democrática, participaron entusiastamente de las ordalías proscriptivas de la dictadura y también, ocuparon cargos y embajadas representando a la Revolución Libertadora.

En 1957 Aramburu convoca a elecciones para elegir constituyentes destinados a regularizar la situación constitucional. El peronismo está impedido de participar. Resultado: el voto en blanco impulsado por Perón obtuvo la mayoría. La Asamblea Constituyente queda herida de muerte cuando los radicales intransigentes (Frondizi, Alende) se retiran denunciando los vicios de representación. No obstante, la nueva Carta Magna se vota con todas las irregularidades denunciadas. Un año más tarde y con el justicialismo proscripto, se elige al presidente de la Nación. Arturo Frondizi rompe con el ala radical unionista y crea la UCR – Intransigente; acuerdo con Perón mediante, obtiene el triunfo. Poco después y debido a los incumplimientos del mandatario, Perón denuncia el pacto y la masa peronista pasa a la acción. Frondizi responde con el Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado) militarizando a los trabajadores de servicios públicos y profundiza el plan económico liberal, llevando al ingeniero Álvaro Alsogaray al gobierno.

El presidente intenta un equilibrio imposible entre las presiones cruzadas del campo popular, el poder económico y la indisciplina militar. Levantó la intervención a la CGT y permitió al peronismo presentarse a elecciones legislativas y para gobernador en varias provincias, pero bajo nombres de fantasía, ya que estaba vigente el decreto aramburista proscribiendo a Perón y sus símbolos. La jugada de Frondizi fue que si el peronismo perdía, la derrota alcanzaba también a Perón. No obstante, el justicialismo ganó las gobernaciones de provincias claves y obtuvo un buen número de legisladores e intendentes. Los militares obligaron al presidente a intervenir las provincias pero eso no lo salvó del desastre; días después fue derrocado. Lo reemplazó el senador José María Guido que quedó prisionero del poder castrense y anuló definitivamente las elecciones de marzo de ese año. La anarquía militar generó dos enfrentamientos armados (azules y colorados), que se

resolvieron a favor de los primeros, presuntamente legalistas, encabezados por el general Juan Carlos Onganía.

Perón desde el exilio conduce el complejo tablero interno del Movimiento y recibe en Madrid a representantes de la multitud de grupos y tendencias. Pero algo quedó claro después de años de conducción a distancia y de todos los intentos fracasados para eliminar al justicialismo: la lealtad de sus seguidores esperando el retorno y por otra parte, el crecimiento del poder sindical.

En las elecciones de julio de 1963, una vez más con el peronismo proscripto, ganó las elecciones el candidato radical (UCRP) Arturo Illia con algo más del 23 por ciento de los votos; asumiendo la presidencia el 12 de octubre de ese año. Por otra parte, en el movimiento obrero un dirigente se va destacando con perfil propio: el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.

A poco andar el gobierno enfrenta varios conflictos. Anula los contratos petroleros firmados por el gobierno de Frondizi, previa indemnización a las empresas extranjeras afectadas; dos leyes sobre control de producción, comercialización y publicidad de medicamentos, lo enfrenta a los grandes laboratorios. La nueva Ley de Asociaciones Profesionales apunta a reducir el poder sindical, ya que entre otros aspectos permite bajo ciertas condiciones, la negociación paritaria por parte de los pequeños sindicatos de empresa; una figura introducida por el ministro Álvaro Alsogaray durante el gobierno frondicista. Su objetivo, atomizar al movimiento obrero para quitarle poder negociador. Es éste uno de los principales puntos de fricción con el sindicalismo.

Por otra parte, a principios de 1964 la Confederación General del Trabajo (CGT) presenta al gobierno una serie de demandas y poco después, anuncia la implementación de un Plan de Lucha.

La medida se cumplió escalonadamente hasta concluir a mediados de año, con la toma de unos 11.000 establecimientos fabriles. El descubrimiento de un foco guerrillero en la provincia de Salta, agrega un condimento extra a una Argentina que aumenta la temperatura social y política. En ese contexto en el mes de agosto, Perón anuncia mediante la Comisión Pro Retorno que llegará al país antes de fin de año.

Pese a que sobre el exiliado pesa una serie de causas judiciales abiertas después de su derrocamiento, el gobierno radical sostiene que no impediría su regreso.

A su vez, a principios de octubre arriba al país el presidente francés Charles De Gaulle.

Hacía poco que el líder galo había concedido la independencia a Argelia después de una prolongada guerra. También se aleja del atlantismo pronorteamericano y se acerca a los países no alineados. Esa postura lo identifica de alguna manera con el peronismo y es entonces que Perón ordena ganar la calle para saludar al caudillo francés y de paso, transformar la movilización en un ejercicio de masas. Así fue que la visita protocolar del visitante, estuvo rodeada de incidentes entre manifestantes y policías.

El 17 de octubre, Día de la Lealtad para el justicialismo, culmina con represión gubernamental en un acto en Plaza Once al que concurrieron unas 70.000 personas.

También la dirigencia peronista en ese encuentro ratificó el Operativo Retorno. Augusto Vandor aparece como el más entusiasta, frente a otros dirigentes escépticos sobre las posibilidades de éxito del vuelo del “avión negro”. Paralelamente, en las calles de las grandes ciudades aparecen carteles con el rostro del exiliado y una leyenda al pie: “Irrevocable, Perón vuelve en 1964”. El debate se instala en los mentideros políticos y en las cúpulas sindicales.

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