Uno y los Otros
Fecha de Publicación:
Uno y Uno – Mismo
Hombres y Engranajes – Heterodoxia - Ernesto Sábato - Santos Lugares - Marzo de 1951
Uno y Uno – Mismo

Justificación

Uno se embarca hacia tierras lejanas, indaga la naturaleza, ansía el conocimiento de los hombres, inventa seres de ficción, busca a Dios, Después se comprende que el fantasma que se perseguía era Uno-  Mismo.

Reflexioné mucho sobre el título y la calificación que deberían llevar estas páginas. No creo que sea muy desacertado llevar estas páginas. No creo que sea muy desacerado tomarlas como autobiografía espiritual, como diario de una crisis, a la vez personal y universal, como un simple reflejo del derrumbe de la civilización occidental en un hombre de nuestro tiempo. Este derrumbe que los comunistas imaginan un mero derrumbe del sistema capitalista, sin advertir que es la crisis de toda la civilización basada en la razón y la máquina, civilización de la que ellos mismos y su sistema forman parte.

Estas reflexiones no forman un cuerpo sistemático ni pretenden satisfacer las exigencias de la forma literaria: no soy un filósofo y Dios me libre de ser un literato; son la expresión irregular de un hombre de nuestro tiempo que se ha visto obligado a reflexionar sobre el caos que lo rodea. Y si las refutaciones de teorías y personas son muchas veces violentas y ásperas, téngase presente que esa violencia se ejerce por igual contra antiguas ilusiones mías, que sobreviven en letra muerta, en alfun libro, a su muerte en mi propio espíritu; en ocasiones, a su añorada muerte. Porque también podemos añorar nuestras equivocaciones.

El universo burgués me habla asqueado, como a tantos adolescentes, y me sentí impulsado hacia la revolución. Pero de pronto, ese movimiento revolucionario se me hundía bajo los pies, repentinamente me encontré en un vasto caos de seres y cosas. La existencia, como al personaje de La náusea, se me aparecía como un sensato gigantesco y gelatinoso laberinto; y como él, sentí la ansiedad de un orden puro, de una estructura de acero pulido, nítida y fuerte. Así lo había sentido ya en mi adolescencia, cuando me precipité hacia la matemática, y ahora se volvía a repetir el fenómeno, aunque con más fuerza y desesperación. De ese modo, retorné a ese universo no carnal, a esa especie de refugio de alta montaña al que no llegan los ruidos de los hombres ni sus confusas contiendas. Durante algunos años estudié, con frenesí, casi con furor, las cosas abstractas, me di inyecciones de transparente opio, vivi en el paraíso artificial de los objetos ideales.

Pero en cuanto levantaba la cabeza de los logaritmos y sinusoides, encontraba el rostro de los hombres. En 1938 trabajaba en el Laboratorio Curie, de Paris. Me da risa y asco contra mí mismo cuando me recuerdo entre electrómetros, soportando todavía la estrechez espiritual y la vanidad de aquellos cientistas, vanidad tanto más despreciable porque se revestía siempre de frases sobre la Humanidad, el Progreso y otros fetiches abstractos por el estilo; mientras se aproximaba la guerra, en la que esa Ciencia, que según esos señores, había venido para liberar al hombre de todos sus males físicos y metafísicos, iba a ser el instrumento de la matanza mecanizada.

Allí en 1938, supe que mi fugaz paso por la ciencia había concluido. ¡Como comprendí entonces el calor moral del surrealismo, su fuerza destructiva contra los mitos de una civilización terminada, su fuego purificador, aun a pesar de todos los farsantes que aprovechaban de su nombre!

De Francia pase a los Estados Unidos, donde pude ver el Capitalismo Maquinista en su más vasta perfección. Volví a mi patria y empecé a escribir un primer balance, que publiqué en 1945 bajo el título de Uno y el universo. En el prólogo, escribí: “La ciencia ha sido un compañero de viaje, durante un trecho, pero ya ha quedado atrás. Todavía cuando nostálgicamente vuelvo la cabeza, puedo ver algunas de las altas torres que divisé en mi adolescencia y me atrajeron con su belleza desposeída de los vicios carnales. Pronto desaparecerán de mi horizonte y solo quedara el recuerdo. Muchos pensaran que ésta es una traición de la amistad, cuando es fidelidad a mi condición humana-. De todos modos, reivindico el mérito de abandonar esa clara ciudad de las torres- donde reinan la seguridad y el orden- en busca de un continente lleno de peligros, donde domina la conjetura”.

Durante cinco años me he movido en este continente conjetural. Se mucho menos que antes, pero al menos ahora sé que no sé y sonrío melancólicamente al releer algunos capítulos de aquel primer balance, todavía habitado de tantos fantasmas, todavía candoroso creyente en ciertos cadáveres del mundo que fue. No incurrir en la nueva ingenuidad de imaginar que fue. No incurrir en la nueva ingenuidad de imaginar que ahora me de desembarazado de cadáveres y fantasmas. Pero si tengo la convicción de entrever ya con mayor crueldad los contornos del Uno- Mismo en medio de la confusión del Universo.
Hombres y Engranajes – Heterodoxia –  Ernesto Sábato – Santos Lugares – Marzo de 1951

Temas
Comentarios
Hacete la Película
Fahrenheit 451 y la Quema de Libros

Fahrenheit 451 y la Quema de Libros

¿Te resuena lo de la sociedad obsesionada con el entretenimiento vacío, cierto? Esa es la idea, porque Bradbury usa la distopia para crear una sociedad apenas ficticia, a la que podemos llegar tras algunos pocos tropiezos más.
- Central -
Flota Mercante del Estado

Flota Mercante del Estado

En 1997 se vendieron los últimos seis buques y desapareció ELMA, y toda la Marina Mercante argentina, esas medidas provocaron casi la pérdida de la soberanía en el sector y también la destrucción de la flota estatal de YCF, YPF y de la ELMA.
Costumbres
El Ajenjo

El Ajenjo

Wilde explicaba: “Después de la primera copa, ves las cosas como quisieras que fuesen. Después de la segunda, las ves como no son. Finalmente, ves las cosas como realmente son y ésa es la cosa más horrible del mundo”.
Lunfardo
Medicina y Lunfardo

Medicina y Lunfardo

“No puedo dejar de citar aquella anécdota que me fue referida por un colega cordobés: -¿Y a vos, chango, que te anda pasando? -Nada, doctor. Pateé descalzo y se me encarno la uña. Se trataba de una blenorragia”.
Ya fué
El Primer Prode

El Primer Prode

En 1972 Manrique puso en vigencia una especie de “totocalcio” italiano y desde el primer minuto de su instalación la gente se agolpaba en los lugares destinados al juego haciendo largas colas para ver si podía acertar los trece puntos.
Columnistas
Más Artículos