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El Capitán del Espacio
Jorge Newbery estimulara a su vez a la juventud a volcarse a la aventura de volar
El Capitán del Espacio

Newbwry: El Capitán del Espacio

Ya recorrimos buena parte de la vida de Jorge Newbery (1875-1914), su infancia, sus actuaciones deportivas y como Ingeniero Electricista.

En esta oportunidad recorreremos su carrera como pionero de la aeronáutica nacional y tal vez el primer ídolo popular de nuestra joven Nación.

Su primer encuentro con los vuelos fue el  25 de diciembre de 1907, a bordo del «Pampero», un globo de seda de 1.200 m3 que Aarón de Anchorena acababa de traer de Francia. Ambos partieron del «gasómetro de los ingleses». Estas experiencias exitosas, junto a varios fanáticos dio origen, a pocos días de esta gesta, al «Aero Club Argentino».

Esta institución se constituyó desde entonces en la vanguardia de la aeronáutica civil argentina y propulsora de la aviación de las fuerzas armadas.

El éxito de los primeros vuelos alentó a, su hermano, Eduardo Newbery a acometer la empresa de realizar un raid en globo para llegar a La Pampa y así se inició la aventura del «Pampero», que partió del Barrio de Belgrano, actualmente Luis María Campos y Maure, el 17 de octubre de 1908 y del cual nunca más se tuvieron noticias. Junto al sargento Eduardo Romero, se convirtieron en los dos primeros mártires de la aviación nacional. Si bien la idea era ir hacia La Pampa, la oscuridad y los vientos llevó al “Pampero” hacia el Atlántico y jamás se supo nada más de ellos, ni del globo.

Un mes más tarde Newbery le envía una carta a su amigo Aarón de Anchorena en la cual, luego de exponerle su teoría respecto a las causas del accidente de su hermano, le manifiesta su decisión de renunciar al Aero Club Argentino.

Gracias a la energía de su carácter fue posible mantener el entusiasmo de los deportistas de la época y a tres meses de la desaparición del «Pampero», el 24 de enero de 1909, Newbery partió de «Los Ombúes» (cerca de las Barracas de Belgrano) a bordo del globo «Patriota», de 1.200 m3, adquirido en París por el ingeniero Horacio Anasagasti y donado por éste al Aero Club.

Alfredo Palacios, alguna vez contó que Newbery, le confeso luego de la desaparición del Pampero: «Nadie quiere oír hablar de globos, doctor, desde la desaparición de mi hermano” y le dijo: “Si usted sube, se hará un movimiento favorable. Se borrará la impresión dramática de los actuales momentos. Necesito un hombre como usted».

Por aquellos días, el doctor Palacios iniciaba como su campaña para llegar al Congreso y luego transformarse en el primer legislador socialista.

En un día nublado, ambos se encontraron en la barquilla del «Patriota», junto a Lisandro Billinghurst: Se refería tiempo después Palacios: «Yo sabía lo que era una nube pero nunca la había tocado. Y cuando nos hallamos a pleno sol y la sombra del globo resbalando sobre las nubes, asistí a un maravilloso espectáculo que jamás viera ni imaginara. Todo envuelto en silencio, un silencio poético, suave, un silencio de nubes serenas. Llegamos a los tres mil metros, iniciamos el descenso y bajamos en la estancia de la familia Correa. Algunos campesinos, alarmados, creyeron en el retorno del «Pampero”. Nuestro descenso se produjo cuando la familia Correa se disponía a tomar el té. Se nos invitó y fuimos realmente, unos invitados caídos del cielo…»

Jorge Newbwry – PBT -23-03-51

Luego de realizar otros vuelos en el «Patriota» y en el «Huracán» que no hacen más que acrecentar en sus detractores la idea de llamarle «el loco de los globos», Jorge Newbery acarició la idea de realizar algo que conmoviese el sentir nacional y estimulara a su vez a la juventud a volcarse a la aventura de volar.

Newbery totalizaría 40 ascensiones en globo en tres años. Por ese tiempo actuaban también otros aeronautas argentinos como Eduardo Bradley, el teniente Angel María Zuloaga, Aníbal Brihuega, Pedro L. Zanni. Poco después, en homenaje a su hermano, mandó construir otro globo, el Eduardo Newbery, de 2.200 metros cúbicos, el más grande que se haya elevado en Argentina. En 1916, Bradley y Zuloaga cruzaron por primera vez la Cordillera de los Andes en este globo.

El 27 de diciembre de 1909, Newbery prepara el “Huracán” para realizar su mayor hazaña hasta entonces. Prepara y equipa pacientemente al globo y luego de experimentar la frustración de varias jornadas, en que los vientos no son favorables a la ascensión planeada, dos días después de Navidad se embarca, llevando como únicos compañeros de esta nueva aventura varios aparatos de precisión. En la barquilla del «Huracán», solamente está él. Newbery luego contaba su experiencia: «Es la emoción más intensa que puede experimentar un ser humano. El río hervía abajo, lleno de malos presagios y amenazando con su salvaje y extraño idioma, pero la luna plena que rielaba las aguas, hacía de cada onda un cambiante, y parecía la superficie del majestuoso río un campo de nácar y lentejuelas. Una impresión inmensa, dominadora, subyugante, se posesionaba de mí y en el ascenso se sentía algo como una dulce embriaguez que acariciaba los sentidos y el espíritu…»

Luego de un rato, la aparición del faro de la isla de Martín García le devolvió la calma y al cabo de las horas se encontró muy cerca de la ciudad de Río Negro, en el Uruguay. Su libreta de apuntes registra entonces una secreta confesión dirigida a su hermano: «Eduardo, ¿dónde estás? ¿En qué capa de nubes te escondes, en qué lugar de este cielo inmenso te has perdido, en qué galaxia has puesto tus pies, tu coraje, tu sonrisa de niño?» (R. Larra-El Conquistador del Espacio – Año 1960).

El globo sigue ascendiendo, sobrepasando los tres mil metros y un fuerte viento lo impulsa a más de cien kilómetros por hora. El termómetro marca tres grados bajo cero. Calcula que a sus pies está Bagé, pegada a la frontera con Brasil, lo que significa que ha atravesado el Uruguay. Casi lleva trece horas de vuelo cuando se decide a concluir la excursión. Y baja en un parque, entre la algazara de quienes se acercan a recibirlo. Hay abrazos y vítores para la Argentina y para el Brasil.

La noticia trasciende y llega a Buenos Aires: «Jorge Newbery ha batido el record de tiempo y distancia en Sudamérica volando, durante trece horas, 550 kilómetros».

A su regreso a la Argentina, el Aero Club Argentino le entrega una medalla y un diploma: la hazaña lo ubica en el cuarto lugar del mundo, en tiempo de suspensión y en la sexta ubicación, respecto a la distancia recorrida.

El 8 de enero de 1911 vuelve a superar el record de distancia, recorriendo 660 km, y el de altura, a la vez, elevándose a 3.400 metros. Ambas hazañas las realiza a bordo del «Eduardo Newbery», un globo construido en Francia y adquirido por el Aero Club Argentino. La distancia recorrida entonces fue la de Belgrano a Maciá, en la provincia de Entre Ríos, acompañado por Frank Lavalle Cobo.

Meses más tarde, en setiembre, le ofrece al Ministerio de Guerra intervenir en las maniobras militares de Campo de Mayo, para lo cual utiliza el «Patriota».

Hasta que finalmente y sin proponérselo, bate el record de altura a bordo del «Buenos Aires», alcanzando los 5100 metros el 5 de noviembre de 1912, acompañado por el Teniente Primero Raúl E. Goubat y por el Teniente de Navío Melchor Z. Escola.

El 22 de febrero, Jorge Newbery había viajado a Mendoza en compañía de Tito Jiménez Lastra, siendo recibidos en la provincia cuyana por su amigo Teodoro Fels, que se hallaba realizando exhibiciones con su aeroplano.

Requerido por los periodistas locales manifestó que utilizaría en la empresa un aparato Morane Saulnier de 80 HP que habría de traer desde Buenos Aires, razón por la cual volvería a la Capital en un par de días.

Luego de ultimar algunos detalles, en la noche del sábado 28 Jorge asistió a una velada en el Teatro Nuevo, donde fue objeto de calurosa ovación.

Su decisión era tomar el tren nocturno del día siguiente, por lo que telegrafió a su hermano Ernesto para que procurase algunos elementos para el avión, con el cual pensaba regresar a Mendoza el martes por la tarde.

En su trabajo, el biógrafo Raúl Larra ha descripto un diálogo mantenido por Fels, Jiménez Lastra y el mismo Newbery, ante la requisitoria femenina por ver volar a este último.

Jiménez Lastra trató de disuadir a las jóvenes, sosteniendo que el aparato no estaba en Mendoza; Fels hace lo propio, recordando que el suyo debe haber sido desarmado, mas, la fatalidad quiere que ante una breve como rápida comunicación, se sepa que Bordone no lo ha hecho aún.

Entonces Jorge ordena que el técnico vaya con la máquina hacia Los Tamarindos, e invita a Jiménez Lastra para que lo acompañe. Fels le advierte que el día anterior un ala de su Morane tiraba un poco; Newbery le asegura que lo ha de comprobar. Una de las niñas le entrega una medalla de la Virgen de Lourdes y al guardarla, Newbery repara que no tiene consigo el retrato de su madre. Será la primera vez que volará sin él…

Todo está listo. Son casi las seis y media de la tarde; se inicia el ascenso. El monoplano cabretea hacia la izquierda. Newbery trata de enderezarlo y cobra un poco más de altura.

Ordena a su acompañante que se agarre bien y el Morane no le responde. Quiere mantenerlo, mas, la máquina sigue perdiendo altura. Hasta que da en tierra, tremenda… fatalmente. Son las seis y cuarenta y cinco…

El domingo 1º de marzo de 1914, a las siete de la tarde, un aviso telefónico recibido en el Club de Gimnasia y Esgrima de Mendoza comunicó la muerte del ingeniero Jorge Alejandro Newbery, en un accidente de aviación.

Entre sus efectos, una cigarrera de oro, una fosforera, un relicario… y una medalla de la Virgen de Lourdes. En tanto Newbery se encontraba sobre el asiento, reclinado hacia la derecha, Jiménez Lastra sufría dolores intensos a causa de la fractura de un brazo y la luxación de una muñeca.

Ambos fueron trasladados al hospital local, donde los doctores Ruiz, Day y Funes, entre otros, atendieron al herido y dispusieron lo necesario para embalsamar el cadáver de Jorge Newbery. Los doctores Jorge Aubone y Carlos Segura Walrond procedieron a embalsamar el cuerpo, informando que la muerte se produjo instantáneamente.

La llegada de los restos a la Capital se produjo por la mañana del martes 3. Una inmensa muchedumbre esperó los mismos en el andén de la estación Palermo, del ferrocarril Pacífico desde donde fueron trasladados hasta el local de la Sociedad Sportiva Argentina.

Durante toda la noche la población de Buenos Aires desfiló incesantemente por el local de la Sportiva y al día siguiente una verdadera multitud tomó ubicación en la avenida Alvear para seguir el trayecto de la comitiva hasta el cementerio de la Recoleta. A lo largo de la avenida se encontraba el avión de Newbery, con el cual debía cruzar la Cordillera. Atado a la hélice, se destacaba el gallardete del aviador, con un largo crespón.

Antes de cumplirse el mes de la tragedia, llegó a Buenos Aires Benjamín Jiménez Lastra, único testigo y protagonista a la vez del accidente fatal que costó la vida a Newbery.

Jorge Newbery en su Avión, c. 1912-1914

Recuperado de las heridas sufridas en aquel momento, Jiménez Lastra, dio su versión del suceso: «al hacer el decolaje, el aparato perdió el equilibrio, inclinándose sobre el ala izquierda, en ese momento y pese a que Jorge logró restablecerlo, me di cuenta del peligro que corríamos.

Continuamos subiendo con el aparato completamente cabreado; a los seiscientos metros se inició el primer viraje. Me gritó que me tomase bien e hizo el viraje sobre el ala izquierda. Me tomé de los alambres del fuselaje, porque presentí la caída. El aparato siguió yéndose sobre la izquierda, completamente perpendicular hacia el suelo, siempre sobre el ala. Jorge picó para corregir la marcha; dos o tres veces estuvo a punto de hacer el «looping», pero debido a su sangre fría pudo mantener el aparato en sentido perpendicular. Cuando por última vez pretendió corregir el ángulo de caída, ya era tarde. Estábamos cerca de la tierra. De lo demás, no recuerdo nada».

Los restos de Jorge Newbery permanecieron en el cementerio de Recoleta hasta el 2 de mayo de 1937, ocasión en que fueron trasladados a la Chacarita y depositados en el monumento que costeado por una colecta popular, que realizó el reconocido escultor Hernán Cullen.

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