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La Masacre de San Patricio
La Canonización de los Mártires en el 2021, Sigue Esperando
La Masacre de San Patricio

Madrugada del 4 de julio de 1976. La dictadura cívico militar instalada pocos meses antes desarrollaba lo más duro de su accionar. Un par de adolescentes que volvían de su salida sabatina, se reunieron con otro amigo en una casa ubicada en Sucre y Estomba del barrio de Belgrano R, a media cuadra de la Iglesia de San Patricio sita en Echeverría al 2900.

Entonces escucharon la llamada de un patrullero al custodio de esa casa donde vivía el gobernador de la provincia de Neuquén, general Martínez Waldner. Los chicos salieron junto al policía y habrían escuchado que desde el móvil, advirtieron a éste: “Sí escuchás cohetazos no salgás que van a reventar una casa de zurdos”. En el ínterin otros dos jóvenes llegaron al lugar. Dos de los muchachos, uno sería hijo del funcionario custodiado, observaron la presencia de un peugeot negro o dos, (el número de autos difiere según la fuente) estacionados desde hacía tiempo frente al templo. Entonces se dirigieron a la comisaría 37, para denunciar la situación que consideran extraña. Al principio en la seccional no les habrían prestado atención, hasta que uno de ellos se identificó como hijo del alto funcionario. Poco después según los testimonios, se presentó en el lugar el vehículo policial que había estado antes y el oficial a cargo, entabló conversación con las personas de los vehículos, retirándose enseguida.

Una hora más tarde algunos de los jóvenes observaron que los sospechosos bajaron del coche portando armas largas e irrumpieron en la iglesia por la fuerza.

A la mañana siguiente el organista de la parroquia Rolando Savino al encontrar la puerta de la casa parroquial cerrada y después de llamar inútilmente, ingresó por una ventana y allí se encontró con cinco cuerpos golpeados y acribillados a balazos. Se trataba de los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly el titular de la parroquia desde 1973 y Pedro Duffau. A quienes hay que sumar dos seminaristas: Salvador Barbeito y Emilio Barletti. En la sala de estar donde yacían los cuerpos masacrados, se contaron más de 60 impactos de bala.

En una puerta interna se leía escrito con tiza: “Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la Patria”. La macabra leyenda refiere a un atentado dinamitero ejecutado por la organización guerrillera Montoneros, en instalaciones de Seguridad Federal de la Policía Federal Argentina dos días antes. El saldo: 23 muertos y 60 heridos.

De acuerdo a esa leyenda el ataque al templo fue una represalia confesa por el estallido de la bomba en aquella repartición. En su alucinante recorrido, el organista encontró otra frase escrita en una alfombra: “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son MSTM” (Movimiento Sacerdotes del Tercer Mundo). A poco distancia, al cuerpo baleado del seminarista Barbeito le habían colocado encima un conocido dibujo del personaje de historieta Mafalda, cuyo autor es Joaquín Lavado (Quino), en que la niña señala el bastón de un policía y dice: “Este es el palito de abollar ideologías”. Los criminales se despidieron con otra frase escrita de apuro y con tiza: “curas hijos de puta”.


De izquierda a derecha: P. Alfredo Leaden – Emilio Barletti – Salvador Barbeito – P. Pedro Dufau y P. Alfredo Kelly

El múltiple crimen conmovió al país, pero a diario los medios de comunicación informaban sobre presuntos enfrentamientos entre “extremistas y fuerzas de seguridad” mientras los muertos civiles se acumulaban en forma aterradora. Las desapariciones forzadas sumaban una cuota extra de incertidumbre y miedo.

Pocas horas después del asalto al templo, el Comando Zona 1 del Ejército Argentino emitió un comunicado afirmando que “… elementos subversivos asesinaron cobardemente a los sacerdotes y seminaristas”. El mismo día 5, fue celebrada una misa en memoria de las víctimas. El oficio religioso contó con la presencia de autoridades militares y más de tres mil fieles. La homilía estuvo a cargo del padre Roberto Favre. El sacerdote condenó la masacre y también se refirió a un tema considerado tabú en aquellos días: “Hay que rogar a Dios no sólo por los muertos, sino también por las innumerables desapariciones que se conocen día a día”. Acto seguido, apeló a las autoridades para que “… realicen todos los esfuerzos posibles para que se retome el Estado de derecho que requiere todo pueblo civilizado”.

Los Religiosos en la Mira
Los palotinos no eran unos recién llegados. La Orden la fundó San Vicente Pallotti en Italia y sus miembros se encuentran en nuestro país desde 1886, con presencia pastoral y educativa de larga data. Los sermones del Padre Kelly no eran del agrado de algunos feligreses, disconformes con la prédica a tono con los postulados de la Conferencia de Medellín en 1968, en que la Iglesia Católica definió su opción por los pobres; en línea con las conclusiones del Concilio Vaticano II. Los seminaristas trabajaban en distintos empleos además de cumplir con sus estudios y compromisos, como acostumbraban hacerlo los “curas obreros”. El barrio era de clase media y alta habitado por muchos militares, dada la cercanía de varias unidades castrenses. En la feligresía regular de San Patricio, predominaba un perfil conservador. Por aquellos días, el Padre Kelly habría expresado ante los otros religiosos, su preocupación por lo que estaba pasando. Inquietud que también aparece en su diario íntimo en términos dramáticos. Intuía un peligro inminente, a la luz de la tragedia que vivía el país y la animosidad de parte de algunos fieles, que juntaban firmas para que el sacerdote fuera alejado de la parroquia acusado de “comunista”. Es probable que la grey comprometida con su pensamiento y tampoco los cuestionadores, imaginaron semejante desenlace. Sólo Kelly parecía ser consciente de los riesgos. Pero se mantuvo fiel a su compromiso evangélico hasta el martirio.

El Periodista de Buenos Aires – 19-04-85

La Justicia que no Llegó
A partir de los hechos la cúpula eclesiástica ordenó una investigación pero no se dieron a conocer los resultados. Recién en julio de 2016 la Iglesia Católica decidió presentarse como querellante ante la justicia, mediante la Congregación Palotina.

La primera investigación judicial se realizó entre 1976 y 1977, a cargo del futuro fiscal que llevaría adelante la acusación contra los genocidas del Proceso: Julio Strassera. Entonces el proceso judicial no prosperó. En 1984, ya en democracia, el juez Néstor Blondi reabrió la causa y el fiscal Aníbal Ibarra solicitó el procesamiento del policía que habría avisado al custodio que “Van a reventar una casa de zurdos” y también de un comisario. En 1987 fue cerrada la causa por prescripción de los delitos y en consecuencia, se desprocesó a los acusados.

Una tercera investigación la ordenó el juez Sergio Torres en el marco de la llamada Megacausa ESMA, acusando al oficial de marina Antonio Pernías y otros, ya que según testigos, éste se habría jactado de participar en el quíntuple crimen. Pernías fue condenado por crímenes de lesa humanidad en el marco de la Megacausa citada. Pero en su momento las leyes que otorgaron impunidad a los criminales, llamadas de Punto Final y Obediencia Debida, volvieron la búsqueda de justicia a fojas cero. La Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP) aseguró que 69 personas o más, según otras fuentes, entre religiosos y laicos cristianos fueron asesinados o sufrieron desaparición forzada. Entre ellos, el obispo de La Rioja Enrique Angelelli y las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon. En un contexto político distinto, el 21 de agosto de 2003 el Senado de la Nación derogó las llamadas leyes de impunidad y los involucrados en el terrorismo de Estado, comenzaron a desfilar por sede judicial y muchos de ellos, fueron condenados.

Por otra parte, la revista El Periodista ya en 1985 publicó un informe minucioso sobre los asesinatos y a finales de la década de 1980, una investigación realizada por el periodista Eduardo Kimel, arroja más luz sobre los hechos aportando importantes elementos de juicio.

Los responsables de la Masacre de San Patricio nunca fueron juzgados por esta acción puntual. Y la canonización de los mártires en el año 2021, sigue esperando.

Del Libro Pintadas Puntuales – Testimonios – 2020
Roberto Bongiorno – Angel Pizzorno

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