Paredes de Canto
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Paredón y Después
“San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación”
Paredón y Después

En el prólogo a Buenos Aires en Tinta China, de Atilio Rossi, Borges asegura que más que un barrio determinado “el Sur es la sustancia original de que está hecha Buenos Aires, la idea platónica de Buenos Aires.- El patio, la puerta cancel  el zaguán, son (todavía) Buenos Aires; sobreviven patéticos, en el Centro y en los barrios del Oeste y del Norte; nunca los vemos sin pensar en el Sur.- Hace treinta años me propuse cantar en mi barrio de Palermo; celebré con metros de Whitman las oscuras higueras y los baldíos, las casas bajas y las esquinas rosadas; redacté una biografía de Carriego (…) Un almacén iluminado en la noche, una cara de hombre, una música, me trae alguna vez el sabor de los que busqué en esos versos; esas restricciones , esas confirmaciones, ahora solo me ocurren en el Sur.

Yo creí cantar a Palermo, había cantado al Sur, porque no hay palmo de Buenos Aires que pudorosa, íntimamente no sea, sub quadam specie aeternitatis, el Sur“.

Para ejemplificar su personal imagen del Sur, Manzi echa mano de la memoria, retrotrae imágenes de su adolescencia en el colegio Luppi: una luz amarillenta que escapaba del almacén cercano, que se funde con la casa del herrero y la vidriera de la esquina.- El encuentro esperado con una muchacha.- O esas noches, cuando con otros compañeros se deslizaban de las camas como atisbar desde las ventanas del pupilaje.- A través de la sombra de la calle imaginaba en el interior del negocio hombres duros trenzados en un truco, sobando sobre mesas oscurecidas de vino, unos porotos que – según había observado en alguna escapada- la dueña del almacén guardaba en un frasco de vidrio .

Su recuerdo dibuja los vasos culeros de ginebra que dejaban una marca húmeda sobre la madera, las paredes tapizadas de botellas hasta el techo; en una de las estanterías, relucientes latas de conservas, y a un costado del local el estaño donde brilla un delgado grifo  con forma de cisne.- Un olor rancio, avinagrado, cubre todo el local, y se suma el perfume que llega al despacho de bebidas desde el salón de ventas, donde colgaban algunos jamones, y las estanterías de madera barnizadas donde cajones transparentes muestran arroz, fideos, porotos y lentejas.

Esa imagen que llega de la infancia se superpone con otras de amor adolescente, de añoranza, de noches de verano con perfume a jazmín del país y a glicinas con su perfil violeta.- Un Sur que no delimita  ningún territorio geográfico preciso, que puede ubicarse en cualquier barrio, o incluso haber desaparecido, y que sin embargo se mantiene inmutable en algún pliegue del pasado.

También para Manzi, el Sur es una idealización compartida.- Aun hoy el Sur es ráfaga y metáfora, reflejo, indefinible melodía.- El Sur es siempre subjetivo y puede esconder el rostro de una mujer lejana, una voz desvanecida en el tiempo, un brillo en las pupilas de un amor perdido para siempre que de pronto retorna intacto del pasado.- El Sur es una fotografía centenaria,  un frente descascarado, una persiana que cuela luz del interior de una sala mal iluminada, una vieja revista.- El Sur encierra identificaciones que le han permitido transformarse en símbolo.- De ahí su persistencia.- El otro merito (no menor) de Manzi consiste en haber acertado en la síntesis descripta y en la actitud evocativa sin otro decaimiento que el de la rima de estrellas con querellas, fallo que se diluye en la solidez  del conjunto y por haber alcanzado la totalidad de la letra el carácter de paradigma de la poesía popular urbana:

“San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación, tu melena de novia en el recuerdo y tu nombre flotando en el adiós…La esquina del herrero, barro y pampa, tu casa, tu vereda y el zanjón y un perfume de yuyos y de alfalfa que me llena de nuevo el corazón. Sur… paredón y después…Sur… una luz de almacén…Ya nunca me verás cómo me vieras, recostado en la vidriera esperándote. Ya nunca alumbrará con las estrellas nuestra marcha sin querellas por las noches de Pompeya. Las calles y las lunas suburbanas y mi amor en tu ventana todo ha muerto, ya lo sé…

San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido, Pompeya y, al llegar al terraplén, tus veinte años temblando de cariño bajo el beso que entonces te robé. Nostalgias de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó, pesadumbre de barrios que han cambiado y amargura del sueño que murió”.

Señala Horacio Ferrer que Manzi  “escribió primero los versos, a los que luego Troilo puso la música.- Aunque una vez plasmada la primera parte de esta, Homero debió rehacer las segunda que, originalmente, había concedido en cuartelas y que, por último, adapto a las exigencias de la melodía creada por Troilo”.

Aunque alguna vez se afirmó que el tango había sido estrenado en Montevideo por Nelly Omar, parece evidente que el verdadero estreno se produjo cuando por primera vez lo entonó Edmundo Rivero, en cuya voz pensaba Manzi al escribir el tema, una letra indudablemente para varón, aunque muchas interpretes femeninas  lo hayan cantado a lo largo de los años.

“Sur” fue estrenado por Troilo al inicio de 1948.- Esa noche- anota Gobello- “se resolvió cambiar el verbo florar por flotar, en el cuarto verso que decía  tu nombre florando en el adiós.- Sin embargo, acaso como un homenaje a la letra primitiva: Susana Rinaldi ha optado en sus grabaciones por aquel arcaico florar.- La primera grabación de Troilo con Rivero se llevó a cabo el 23 de febrero de 1948, el mismo día en que la orquesta registró el Tango de Salvador Merico y Enrique Cadicamo “De todo te olvidas”, en la voz de Floreal Ruiz.- A partir de ese día, las reiteraciones radiofónicas y la constante veta del disco convirtieron a “Sur” en el mayor éxito del año .- Y con el tiempo, en un clásico de la música popular, insoslayable en el inventario mítico porteño, donde los versos de Sur, paredón y después… se unen a las chicas de Flores, de Girondo: los veinte centavos en la ranura de González Tuñón; los setenta balcones de Fernández Moreno: la fundación mítica, de Borges, y mi Buenos Aires querido, de Le Pera, para edificar el imaginario colectivo de la ciudad.
Revista Asterisco- 21-06-07- Textual – Fragmento del libro Homero Manzi de Horacio Salas

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