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Cuando Bombardearon Buenos Aires
El Golpe en Marcha - Peronismo e Iglesia - La Chispa del Corpus Christi - Después de la Masacre
Cuando Bombardearon Buenos Aires

El Golpe en Marcha
El 11 de noviembre de 1951 el peronismo gobernante, se impuso en la elección presidencial por el doble de votos sobre su adversario más cercano. La fórmula Juan Domingo Perón – Hortensio Quijano obtuvo 5 millones de votos (62,5 %), contra 2,4 millones de la dupla Ricardo Balbín – Arturo Frondizi (31,8 %) de la Unión Cívica Radical (UCR). Fue el primer comicio regido por la nueva Constitución Nacional de 1949. El resto de los competidores en conjunto, no superó el 5% de los votos válidos. Estas cifras dan una idea de la polarización política reinante. Entre otras novedades, el primer mandatario podía ser reelegido y las mujeres votaron por primera vez. El voto femenino fue decisivo para obtener ese triunfo plebiscitario. Además se introdujo el escrutinio provisorio para evitar la larga espera del recuento definitivo de votos.

Para la oposición el panorama no podía ser más desalentador. Otros seis años de Perón en el gobierno le resultaba difícil de digerir. Ya en 1951, pocos días antes del comicio el general Benjamín Menéndez fracasó en su intento de asaltar el poder y fue a la cárcel junto a sus seguidores. En 1953 un atentado terrorista en Plaza de Mayo en medio de un acto en el que hablaba Perón, provocó cinco muertos y decenas de heridos. Las detenciones de opositores y a su vez la expropiación de algunos medios de prensa, fueron caldeando los ánimos. Superados los desequilibrios económicos que se habían combinado con tres sequías consecutivas entre 1949 y 1952 y que afectó las cosechas de trigo, llevando a implementar el consumo de pan negro durante algunos meses, en 1954 ya habían sido superados. El fastidio de grandes empresas por los controles gubernamentales, el protagonismo sindical, los amplios derechos laborales y el rol del Instituto Argentino para la Promoción y el Intercambio (IAPI), tampoco eran un dato menor. A su vez, el estudiantado universitario enrolado en la Federación Universitaria Argentina (FUA) es claramente antiperonista. Sin duda las tensiones más importantes obedecían a razones políticas.

Desde 1943 las relaciones de la Iglesia Católica con los gobiernos de facto de Pedro Ramírez y Edelmiro Farrell primero y con Juan Perón (elegido en elecciones libres) después, se mantuvieron en buenos términos; vale señalar que en las escuelas públicas se siguió dictando clases de religión.

Peronismo e Iglesia
Los roces entre peronismo e Iglesia que en poco tiempo alcanzan una virulencia llamativa, comienzan a tomar estado público en 1954. Una interpretación muy común originada en el antiperonismo, es que el presidente pretendía ingresar a la poderosa institución religiosa a la órbita justicialista. Otra lectura ubica el conflicto en el desembarco partidario del Vaticano, a través de la flamante democracia cristiana. Esta experiencia dio buenos frutos en Alemania e Italia, donde los gobiernos de posguerra tenían ese signo político con Konrad Adenauer y Alcides De Gasperi, respectivamente. Lo concreto es que en julio de 1954 en la ciudad de Rosario, se funda el Partido Demócrata Cristiano. Pero son muchos los ámbitos en que peronismo e Iglesia comienzan a tener fricciones, por ejemplo, las críticas eclesiásticas a las actividades que los jóvenes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), desarrollan en la residencia presidencial de Olivos y en muchos clubes de barrio. En este terreno se ve la rivalidad entre la UES y la Acción Católica Argentina por la captación de jóvenes. En el plano sindical también asoman disputas. Desde distintos púlpitos los sacerdotes comienzan a cuestionar aspectos generales de la política gubernamental. Perón responde en diversos actos públicos denunciando la intromisión de los curas en política y en algunos casos, con nombre y apellido.

Más allá de las declaraciones de la cúpula religiosa desestimando las denuncias, son notorias las actividades antigubernamentales que muchas veces, tienen como base los templos conducidos por párrocos antiperonistas. El 25 de noviembre de 1954 la Confederación General del Trabajo (CGT) realiza un acto de apoyo a Perón, donde el presidente y demás oradores, vuelven a denunciar la politización del clero, dejando la fe al margen de la práctica política de los sacerdotes comprometidos.

El 3 de diciembre se suprime la Dirección General de Enseñanza Religiosa del Ministerio de Educación. Días después es sancionada la ley que permite el divorcio, bien de familia, equiparación de los hijos nacidos fuera del matrimonio – carecían de derechos – con los llamados “legítimos”, y otros aspectos cuestionados por la Iglesia y a fin de ese mes, otra ley permite el ejercicio de la prostitución. Con el nuevo año (1955) se suspende el dictado de enseñanza religiosa en establecimientos escolares, se suprimen algunos feriados religiosos y un sacerdote, junto a miembros de la Acción Católica y jóvenes radicales, son detenidos acusados de conspiración.

El 1° de mayo, día caro a las celebraciones peronistas, en el acto central el secretario general de la central obrera, Eduardo Vuletich, afirma: “Los curas siguen protegiendo a los mercaderes ricos en vez de cuidar los intereses de los humildes, tal como lo había prescripto el Nazareno, tal como lo hacía Eva Perón. Preferimos al que nos habla en nuestro idioma a quien, rezando en latín, sigue de cara al altar y de espaldas al pueblo”(1).

El 25 de mayo el presidente de la Nación no participa del tradicional Te Deum en la Catedral y el proyecto oficial de reformar la Constitución para separar la Iglesia del Estado, agrega un elemento extra a la inquietud clerical.

La Chispa del Corpus Christi
Días antes del 9 de junio, celebración de Corpus Christi, la autoridad eclesiástica gestiona el permiso ante el Ministerio del Interior para realizar la procesión de rigor, pero para el sábado

11 y así facilitar una mayor concurrencia. Se autoriza pero dentro de la Catedral Metropolitana. Al terminar la ceremonia religiosa, los feligreses se unieron a quienes esperaban en la Plaza de Mayo y organizados en una columna estimada en cerca de cien mil personas, marcharon por la Avenida de Mayo hasta el Congreso de la Nación, entonando cánticos religiosos y también contrarios al gobierno. Allí se registra un hecho confuso que tendrá consecuencias lamentables. Alguien bajó de un mástil la bandera argentina e izó la insignia papal. En un episodio que nunca se aclaró debidamente, la enseña nacional fue parcialmente quemada. El gobierno acusó a los manifestantes y la oposición imputó el hecho a la policía, que – según esa denuncia – lo habría hecho para culpar a los marchantes. Al otro día son detenidos por la policía algunos jóvenes católicos armados que decían custodiar la Catedral. El día 14 la CGT declaró un paro general en desagravio a la bandera y para el mediodía del 16, el gobierno autorizó un desfile aéreo en homenaje al general San Martín, a quien se considera injuriado por la quema de la bandera.

El día 15, el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Manuel Tato y el canónigo de la Catedral Metropolitana monseñor Ramón Novoa, son detenidos y expulsados del país, acusados de estar implicados en la conspiración en marcha y en los hechos violentos de los días anteriores. El Vaticano respondió excomulgando a los firmantes del decreto de expulsión de los jerarcas católicos, el presidente Perón en primer término. Sin duda, la escalada de desencuentros entre gobierno e Iglesia terminó empujando a las filas de la oposición a militares católicos hasta entonces indecisos; para regocijo de los golpistas convencidos que desde tiempo atrás planeaban la sedición.

Daniel Santoro

Buenos Aires Bombardeada
Pese a que al gobierno le habían llegado algunos indicios de que el golpe estaba en marcha, recién en la mañana del jueves 16 quedó claro lo que se venía. A las 8,30 una compañía de infantes de Marina al mando del capitán Carlos Argerich, toma el ministerio naval ubicado entonces a poca distancia de la Casa Rosada. Desde allí se desplazarán para ocupar la Casa de Gobierno y en acción conjunta con los comandos civiles – según declaraciones de los sediciosos – matar a Perón después del ataque aéreo y tomar el poder. Perón se instala en el Ministerio de Guerra (Edificio Libertador) y a lo largo de la mañana se conoce que el Aeropuerto Ministro Pistarini (Ezeiza) y la Base Aérea de Morón, cayeron en poder de los sublevados. A esa hora ya se se conocen los nombres de los cabecillas: contraalmirante Samuel Toranzo Calderón, el jefe de la Infantería de Marina almirante Benjamín Gargiulo – se suicidó cuando vio el fracaso del golpe – y el ministro de Marina Aníbal Olivieri quien estando informado de la sedición, no la denunció y en la práctica “dejó hacer”. Por esta conducta fue juzgado y destituido. La rebelión triunfante tres meses después, lo reintegró a la carrera naval.

Debido al techo de nubes muy bajo el ataque aéreo se demoró. Los comandos civiles integrados por antiperonistas de distinto color político esperaron en los alrededores de Plaza de Mayo y al ver que el bombardeo no se producía, se retiraron. A las 12,40 llega la primera oleada de ataque. Era un día laborable, por esa razón mucha gente transitaba en la zona. Una bomba acierta en la Casa Rosada, el resto cae en la Plaza de Mayo y alrededores. Simultáneamente, las ametralladoras de los aparatos barren la zona matando indiscriminadamente. Acto seguido la infantería de Marina avanzó hacia la Casa Rosada siendo detenida por los granaderos, que la obligan a replegarse. Los marinos se atrincheran en una cercana estación de servicio del Automóvil Club Argentino, de donde son desalojados más tarde por tropas leales. Entonces se encierran en su ministerio (Actual edificio Guardacostas de Prefectura Naval).

A las 14,50 se registra el segundo ataque aéreo, esta vez participan los modernos Gloster Meteor con asiento en Morón, acompañando bombarderos livianos y pesados. Se repite el ataque indiscriminado. La CGT había convocado a “defender a Perón” y luego llegó una contraorden, ante la gravedad de los hechos. Los trabajadores en muchos casos espontáneamente, se movilizan a la zona. Al ver que no había armas para los civiles, se registraron algunas apropiaciones en armerías de la zona. El presidente desautoriza la movilización para evitar víctimas civiles, que de todos modos se produjeron con cifras aterradoras. Muchos manifestantes que intentaban avanzar hacia el Ministerio de Marina, fueron barridos por las ametralladoras rebeldes. Cuando efectivos de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en el barrio de Nuñez intentaron salir para sumarse a la rebelión, fueron bloqueados por barricadas armadas por trabajadores y tiroteados desde edificios cercanos.

Una hora y media después, los focos rebeldes de Morón, Ezeiza y Punta Indio son reducidos. En el Ministerio de Marina se entregan los jefes de la sedición. Toranzo Calderón y otros. Gargiulo se suicidó. El almirante Olivieri que se había internado en el Hospital Naval, también fue detenido y juzgado. A las 17,10 cuando la rebelión ya había fracasado, un avión solitario descarga sus bombas y ametralla la zona en vuelo rasante. Luego huye a Montevideo igual que sus camaradas, que obtienen asilo del gobierno uruguayo.

Entre quienes tripulaban los aviones de la masacre, habría estado el dirigente radical Miguel Angel Zavala Ortiz, futuro ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Arturo Illia y arquitecto de la operación diplomática que en 1964 impidió el retorno de Juan Perón al país, apelando a la dictadura brasileña de Castelo Branco (2). Escapó en avión a Uruguay junto a otros dirigentes políticos involucrados en el golpe. Varias de las aeronaves atacantes tenían pintada en el fuselaje la frase “Cristo Vence”; con una cruz dentro de la “V” de la victoria.

Participaron del ataque 51 aviones de todo tipo, de la Marina y la Fuerza Aérea. Los objetivos fueron la Casa Rosada donde se registraron 12 muertos y 55 heridos, la residencia presidencial de Agüero y Libertador, el Departamento de Policía, la CGT y otros blancos. Pero la gran cantidad de víctimas se registró en calles aledañas, debido a los ataques indiscriminados. Según el Archivo Nacional de la Memoria en el año 2009, una investigación arrojaba hasta ese momento 319 fallecidos con documentación pertinente.

Otras fuentes lo elevan a más de 450 muertos y dos mil heridos. Por una parte la dificultad de llegar a cifras exactas reside en el caos de las primeras horas. A su vez, el oficialismo no ofreció información clara de la magnitud del desastre, porque la reacción popular hubiera sido inimaginable. Los responsables de los hechos también se abstuvieron de investigar, ya que el espantoso resultado no los favorecía políticamente. No es un dato menor que Buenos Aires tenga el discutible honor de ser la primera ciudad abierta del mundo, bombardeada en tiempos de paz y por sus propias Fuerzas Armadas.

Los facciosos arrojaron unas 14 toneladas de bombas en un pequeño radio; la mitad de los explosivos con que la aviación alemana arrasó toda la localidad española de Guernica.

A las 17,15 de ese día negro, Juan Perón habló al país. Luego de destacar la lealtad del Ejército en la represión del motín y condenar la actitud de los marinos, se dirige a la población: “Pido que me escuchen. Nosotros como pueblo civilizado no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión, sino por la reflexión (…) Para no ser criminales como ellos, les pido que estén tranquilos; que cada uno vaya a su casa (…) Les pido que refrenen su propia ira; que se muerdan, como me muerdo yo en estos momentos, que no cometan ningún desmán. No nos perdonaríamos nosotros que a la infamia de nuestros enemigos le agregáramos nuestra propia infamia(…) (3).

Después de la Masacre
Pese al pedido presidencial de calma, a la noche fueron incendiados la Curia Metropolitana y 14 templos; doce en Capital Federal y dos en Bahía Blanca. Ninguno en barrios populares. Se acusó a militantes de la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), pero nunca se probaron fehacientemente las autorías, ya que no se habrían registrado detenciones. En los días posteriores Perón convocó a los partidos de la oposición a iniciar un camino de diálogo, asegurando que la etapa revolucionaria había finalizado. Arturo Frondizi habló por radio a todo el país pero los sectores más irreconciliables ya estaban embarcados en un camino sin retorno. Tres meses más tarde otra sublevación, esta vez encabezada por el general Eduardo Lonardi y contando con el apoyo de los mismos actores del 16 de junio, derrocó más notorios a Juan Domingo Perón. El 23 de septiembre ante una Plaza De Mayo colmada, Lonardi se presenta como presidente provisional y jefe de la autotitulada Revolución Libertadora. Los sublevados militares y civiles de 1951 y junio de 1955, los presos y exiliados más notorios, fueron promovidos a importantes cargos. Algunos oficiales golpistas en 1955 como Eduardo Massera (titular de la Armada en 1976) y Guillermo Suárez Mason (jefe del I Cuerpo de Ejército) serían condenados por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura procesista (1976 – 1983). El gobierno de facto entronizado en 1955, contó con el asesoramiento institucional y político de una Junta Consultiva integrada por todos los partidos que se habían opuesto a Perón. Ninguno de los responsables y ejecutores de la masacre del 16 de junio fue condenado. Una vez más, se iniciaba un largo camino de desencuentros entre los argentinos.

1) Historia de la Argentina “Los Motivos de la Oposición” – Crónica – Hyspamérica – Bs.
As. – 1992
2) Baschetti Roberto – Diario Tiempo Argentino – Bs. As. – 16-06-15
3) Galasso Norberto – Perón (Tomo I) – Ed. Colihue – Bs. As. –  2011

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