Fuera de Serie
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Sherlock
El Eterno Detective, Versión 2.0
Sherlock

Sir Arthur Conan Doyle fue un hombre renacentista. Estudió medicina y se graduó en oftalmología, fue político, cultivó géneros literarios como el ensayo, la ciencia ficción, el teatro, poesía y, por supuesto, el género policial/detectivesco. Ávido deportista, se destacó —como amateur— en disciplinas tales como el fútbol, cricket, golf, billar, boxeo y hasta fue jurado en una competencia de fisicoculturismo. El hombre creía en la vida después de la muerte y era un entusiasta del espiritismo, cuya creencia y práctica lo llevó a tener una rivalidad histórica con Harry Houdini, no solo uno de los artistas de escape más importantes de la historia, sino un apasionado en desenmascarar mediums, parapsícologos y cualquier persona dedicada a cuestiones epiritistas y/o paranormales. Doyle también fue francmasón.

Su vida agitada desde lo físico, social e intelectual fue digna de película y libros, pero Sir Arthur Conan Doyle pasó a la inmortalidad con su creación máxima, el detective asesor de la policía inglesa Sherlock Holmes y su entrañable compañero, el Doctor Watson.

A lo largo de 56 cuentos cortos y cuatro novelas, publicadas entre 1887 y 1927, el detective se grabó a fuego en el imaginario colectivo y fue adaptado a todos los medios habidos y por haber. Se cree que es el personaje que más veces fue adaptado a la gran pantalla, superando ampliamente las 250 apariciones. La primera fue en 1903—cuando aún se seguía publicando la obra escrita—, en un cortometraje silente titulado Sherlock Holmes perplejo, con una duración menor al minuto de metraje, que se consideró perdido hasta 1968.

Actores de la talla de John Barrymore, Peter Cushing, Robert Downey Jr., y hasta Sir Ian McKellen, le pusieron el rostro a Sherlock Holmes; pero su máximo exponente es, probablemente, Basil Rathbone.

Fueron catorce películas que protagonizó en un lapso de siete años, y después repitió su papel en seriales radiofónicos. El parecido de Rathbone a la concepción original del detective es asombroso, y para muchos especialistas, es la encarnación perfecta del detective.

Sherlock Holmes tiene una vida más que prolífica. Desde la década del ‘50 la tv recurrió a las historias de Doyle para generar contenido. Series regulares, mini-series y películas para tv, no solo en Estados Unidos e Inglaterra. Países como Rusia y Japón produjeron adaptaciones muy populares del personaje, por poner dos ejemplos.

En el año 2010 la cadena inglesa BBC lanzó una nueva versión, modernizada, de los cuentos y novelas clásicos del detective. Creada por Mark Gatiss y Stephen Moffat (quien también actúa en la serie, haciendo el papel del Mycroft Holmes, hermano del protagonista) la serie Sherlock se convirtió de inmediato en un éxito tanto de la crítica como en los espectadores. Benedict Cumberbatch comenzó su camino al estrellato internacional encarnando al Sherlock Holmes del nuevo milenio. Plasmó a la perfección la aguda inteligencia, el humor ácido, los rasgos antisociales (se define como un sociópata de alto funcionamiento) quien encuentra en el Doctor John Watson, a cargo del actor Martin Freeman, un compañero ideal para sus aventuras policiales y contrapunto no solo intelectual sino moral. Aquí Watson es un doctor veterano de la guerra en Afganistán, que sufre estrés post-traumático, y está buscando compañero de piso para poder alquilar. Obviamente termina en el Baker Street 221B, domicilio inmortal si los hay en la ficción moderna.

La primera temporada consta de tres episodios. El primero es una adaptación de Un estudio escarlata, aquí titulado Estudio en rosa. El banquero ciego, adaptación de la novela El valle del terror y el cuento breve Los bailarines, constituyeron el tercer episodio. El gran juego fue el final de la primera temporada, en donde se adaptaron diferentes fundamentos de varios cuentos del denominado Canon Holmesiano, entre ellos Escándalo en bohemia, Los planos del “Bruce Partington”, y El problema final, cuento famoso en donde se relata uno de los enfrentamientos más famosos entre Holmes y su archienemigo, el temible Profesor James Moriarty, interpretado con maestría por Andrew Scott.

En esta primera temporada se introdujeron algunos de los personajes más clásicos de la obra original. Aparte del hermano y su rival de toda la vida, aparecen personajes claves como la Señorta Hudson (la actriz Una Stubbs), Molly Hopper (Louise Brealey), Mary Watson, prometida y después esposa del Dr. Watson, en la piel de Amanda Abbington; el detective inspector Greg Lestrade (Rupert Graves). La serie también recurre a villanos como Irene Adler (Laura Pulver) o Charles Magnussen (Lars Mikkelsen) como antagonistas en distintos capítulos a lo largo de las cuatro temporadas.

Una de las características distintivas de esta serie es el montaje frenético de toda la serie. Los creadores decidieron darle un giro a como se muestra el proceso deductivo y de observación que emplea el detective, superpoblando la pantalla de todo tipo de datos que Holmes “ve” en su cabeza a medida que va uniendo las piezas de los rompecabezas que se le presentan. Watson, por su parte, a veces oficia como el “músculo” del equipo, y en vez de publicar en papel las aventuras que tienen, abre un blog online en donde vuelca sus escritos. Muchos elementos de la mitología clásica del personaje se hacen presentes, como la red de vagabundos que establece el detective para obtener información del bajo mundo inglés; la adicción de Holmes, que aquí no es la cocaína sino “drogas recreacionales” no especificadas, que combate con parches de nicotina y tocando el violín. Sin embargo la adicción principal del protagonista es la de resolver enigmas, ya que no tolera el aburrimiento de su atribulada mente, siempre en movimiento, tan frenética como la edición de los capítulos.

En el 2013, en el hiato entre la temporada dos y tres, se emitió un especial navideño exclusivo para la web, de siete minutos de duración, que sirvió como adelanto de la tercera temporada y un guiño para calmar la espera de los fans.

Tras la tercera temporada en el 2014 los seguidores tuvieron que esperar dos años para ver a Sherlock y Watson vivir nuevas aventuras, pero el 2016 solo entregó un único capítulo especial: La novia abominable, una adaptación del cuento El ritual de los Musgrave. La peculiaridad de este episodio es que traslada la acción a la era Victoriana (más cercana a la estética de los cuentos originales) porque Holmes recurre a drogas recreativas con el fin de resolver un caso en 1895, que le daría las pistas necesarias para atrapar a Moriarty en el presente. Pese a la temática de época, el equipo creativo mantuvo el estilo de la serie. La conjunción de la narrativa moderna con la estética clásica funcionaron a la perfección, y la espera de un año hasta la cuarta temporada se vio paliada, al menos durante poco más de una hora.

Sherlock tuvo su temporada final en el año 2017, con tres capítulos que adaptaron cuentos breves en lo argumental, pero que priorizaron las tensiones entre los personajes principales a lo largo de toda la serie, con el intento de dar un cierre a esta saga. Tanto Moffat como Gattis, e incluso el propio Cumberbatch hablaron sobre la idea de filmar una quinta tanda de episodios, pero distintos conflictos en las agendas de los artistas impidieron que, hasta el momento, el proyecto se lleve a cabo. El final está abierto a nuevas aventuras, ya que una de las ventajas que tienen las historias de Sherlock Holmes es que, en su mayoría, son casos que no necesitan de una continuidad narrativa, cada capítulo se puede disfrutar (de mayor o menor manera) individualmente, aunque queda claro que si uno ve del capítulo uno hasta el decimotercero la historia macro de los personajes tendrá más sentido. En cambio si lo que uno busca son misterios a resolver en la pantalla, cada capítulo por separado entrega esa premisa y cumple con creces.

Si bien es cierto que la cuarta temporada sufrió una caída en la calidad (nada muy grave), y se vio reflejado en las críticas (tanto especializadas como del público), Sherlock se convirtió en una serie emblemática, que consiguió trasladar al clásico detective a la era moderna, honrando el material original. Las actuaciones son de primer nivel, al igual que la producción, fotografía y banda sonora. Cada episodio es, en si mismo, una pequeña película que podría ser proyectada en cualquier sala de cine y nadie se quejaría por la calidad del producto.

Todas las temporadas están disponibles en el servicio de streaming Netflix.

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