Fuera de Serie
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Making Murder
Una Historia de Terror del Mundo Real
Making Murder

Existe una fascinación por las historias de crímenes reales en el mundo. Canales como Discovery ID dedican la totalidad de su programación a diversas series documentales que detallan los peores casos que la sociedad puede ofrecer. Por alguna razón muchos nos sentimos atraídos a conocer los pormenores más escabrosos sobre asesinatos, secuestros, transgresiones de todo tipo, y lamentablemente la realidad siempre supera a la ficción. Material no va a faltar nunca.

Uno de los tópicos que más atrae al público son las historias de personas que fueron acusadas de crímenes que no cometieron. Hay un componente empático en todo esto, es imposible al ver uno de estos programas o series sentirse identificado con el trágico protagonista. En el año 2015 Netflix estrenó “Making a Murderer”, una de las series más reconocidas y más controversial del género.

En el año 2003 Steven Avery, tras pasar dieciocho años en prisión por un crimen que no cometió, salió en libertad y dio notas a los medios de comunicación. Todos esperaban encontrar a un hombre amargado por la experiencia, por haber pasado casi dos décadas purgando una pena que no le correspondía, pero el hombre, con una sonrisa de oreja a oreja, declaró que no tenía ningún tipo de resentimiento y que sólo quería volver a su vida habitual, en la propiedad de su familia atestada de autos en los cuales trabajaban. Penny Beerntsen, quien lo había reconocido como la persona que lo asaltó y agredió sexualmente, se disculpó con Steven. El sol volvía a brillar en la vida de este hombre simple.

El paso siguiente de la familia Avery fue una demanda al Condado de Manitowoc, Wisconsin, por la injusta condena y los años perdidos. El caso marchaba viento en popa, sus abogados estaban confiados de poder ganar el litigio sin problemas. Pero en el año 2005 un hecho conmocionó a la tranquila comunidad: Teresa Hallbach, una joven reportera gráfica que había ido a tomar fotos a unos autos que estaban en el negocio familiar, desaparece, y tras varios días de búsqueda, encuentran su camioneta en la propiedad de los Avery. Pronto aparecieron restos óseos en una fogata cerca de la casa de Steven.

Las autoridades locales apresaron a Steven y a su sobrino Brendan Dassey como cómplice y partícipe necesario en el asesinato y violación de Teresa. Ambos siguen cumpliendo sus condenas perpetuas y siguen manteniendo su inocencia, con la esperanza de dar con un segundo milagro una vez más, en esta historia casi kafkiana que no deja de sorprender a quienes la ven.

“Making a Murderer” comienza a seguir la historia de la familia Avery desde la segunda acusación. La primera temporada cubre el primer y resonante juicio, haciendo contrapuntos entre el caso que presenta la fiscalía, que pinta a un monstruo capaz de acechar a su presa, maniatarla, violarla y asesinarla con una saña inusitada; por otro lado está la defensa que plantea una conspiración entre el sheriff Tom Kocourek, el fiscal de distrito Denis Vogel y al propio estado de Manitowoc para evitar pagar la millonaria suma que le debían a Steven como compensación por las casi dos décadas de cárcel, y una particular aversión contra la familia Avery, que pareció destapar con su primer caso las falencias del sistema judicial.

Moira Demos y Laura Ricciardi son las directoras que, en el transcurso de diez años, siguieron la historia día a día, recopilando un sinfín de información para ofrecer una visión general de la vida de los Avery y las penurias que les toca sufrir hasta el día de hoy. Las dos temporadas poseen un ritmo propio de una película policial, intercalando grabaciones de los interrogatorios, las audiencias judiciales, entrevistas con todos los protagonistas de ambas partes. Este material se alterna con grabaciones caseras de los Avery, en donde siempre se lo describe al condenado como un hombre incapaz de llevar a cabo los actos viles por los cuales cumple sentencia perpetua. Una de las principales críticas, sobre todo del sistema judicial de Manitowoc, es que la serie documental no es imparcial, sino que se manifiesta abiertamente en favor de Steven Avery y su sobrino Brendan. La crítica, si bien no es desacertada, pierde un poco de fuerza con el transcurso de los capítulos.

La cantidad de inconsistencias en el proceso judicial parecen alarmantes cuando uno avanza en la serie. Peritos forenses que no toman las pruebas de forma correcta, el hallazgo de la camioneta en tiempo récord, y el peculiar ensañamiento de la oficina del sheriff con la familia Avery son condimentos que dan para pensar. Los interrogatorios a Brendan, un chico con un retraso madurativo, rozan lo escandaloso. Coaccionado para firmar la confesión de un crimen que al principio niega, acorralado por policías especialistas en interrogatorios, persuadido con vagas promesas de beneficios que jamás obtendrá, este sobrino termina siendo una pieza clave para dar con Steven Avery, el principal “objetivo” del sistema judicial del condado de Manitowoc aparentemente.

La primera temporada finaliza con el juicio y la condena de ambos acusados. Dean Strang y Jerome Buting, los dos abogados de alto vuelo mediático que tomaron el caso, abandonaron al su defendido tras la condena, dejando a Steven con un letrado de oficio que apenas pudo lidiar con la magnitud de las apelaciones subsiguientes. La fiscalía y el sheriff, los “villanos” de esta narrativa, se muestran exultantes con el resultado obtenido, y claman que por fin arrestaron a un monstruo, y hasta se animan a poner sobre la mesa una teoría controversial: si Avery hubiera estado tras las rejas cumpliendo la condena de un abuso que no cometió, Teresa Halbach estaría viva.

El impresionante revuelo que generó el estreno de la serie documental le abrió una nueva oportunidad a Steven Avery. Primero se juntaron casi medio millón de firmas para pedirle a Barack Obama que indultara al condenado, pero la Oficina de la Casa Blanca emitió un comunicado en donde informaron que el Presidente no tenía ningún tipo de autoridad para entrometerse en un caso estatal de este tipo.

Steven comenzó a transformarse en una trágica figura pública. Brindó entrevistas a medios de comunicación, tuvo un romance bastante turbulento con una mujer que aparentemente quería utilizar la figura del mediático reo en beneficio propio. Mientras tanto Brendan, de un perfil mucho más bajo, continuaba esperando en su celda el día de su liberación, sin comprender mucho porqué le toca padecer semejante situación.

La segunda temporada arranca con una “buena” noticia para la familia. Kathleen Zellner, una abogada de alto perfil que se especializa en casos de personas condenadas injustamente, toma bajo su ala a Steven Avery, causando un gran revuelo en los medios y redes sociales. Zellner se presenta como una mujer de armas tomar, afirma que la injusticia que vivió la familia Avery es inédita y que sus primeros abogados cometieron errores insólitos. Así comienza a investigar distintas teorías que probarían la inocencia de su defendido. Armada con tecnología de punta forense, especialistas de todo tipo y declaraciones explosivas, las documentalistas se encargan de agrandar la figura heroica de la abogada, que parece una fuerza de la naturaleza imposible de vencer. Dentro de la narrativa de la serie, ella encarna esa luz al final del túnel, no solo para Steven Avery sino para el espectador que “hincha” por el condenado.

Los fanáticos de “Making a Murderer” aún están esperando una tercera temporada en donde puedan asistir al nuevo juicio que exonere a Steven Avery. A la fecha de publicación de esta nota la doctora Zellner sigue publicando en redes que continúa trabajando en el caso, afirmando que va a conseguir eventualmente remendar la injusticia y desgracia que parece perseguir a los Avery. Puede que los seguidores tengan que esperar un tiempo: la primera temporada se estrenó en el 2015 y la segunda en el 2018. La pandemia retrasó los tiempos de la justicia a escala global, y pese a que la abogada continúa trabajando en el caso, aún no hay novedades sustanciales que ameriten otros diez capítulos.

“Making a Murderer” es una serie original de Netflix. Los amantes de las historias de crímenes o los dramas trágicos de la vida real encontrarán en estos veinte episodios una narrativa de excelente calidad, digna de una maratón.

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