Cancionero
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Tristeza de la Calle Corrientes
¿Es la Avenida Corrientes una Metáfora de la Vida? – Fotos Tomás Escobar
Tristeza de la Calle Corrientes

Dicen que al principio era un simple sendero de tierra al que denominaban Del sol, que su presencia pasaba prácticamente desapercibida, que ni siquiera los marineros ni los trabajadores del puerto imaginaban su destino, pero quizás esa era su época de neonato cuando recién se había desprendido en un rugiente parto emergiendo de la masa acuosa del río que la rodea como el líquido que suele proteger a los que están por ingresar en el mundo.

También dicen que cuando fue creciendo decidieron llamarla Inchaurregui, corría principios del 1808 en homenaje al desempeño heroico del soldado del mismo nombre durante las invasiones inglesas. Cómo habrá cambiado tu calle Inchaurregui, mmm raro no? Inchaurregui 348 segundo piso ascensor, mmm no, no?.

De cualquier manera era mejor al nombre con el que la llamaban  anteriormente: San Nicolás  igual que el templo que se había instalado en donde hoy se encuentra el obelisco, era un nombre demasiado puro para bautizar una calle que, al decir de Roberto Arlt “Es linda de recorrer de punta a punta porque es la calle de vagancia, de atorrantismo, de olvido, de alegría, de placer”, aunque a decir verdad, hoy por hoy no se podría decir exactamente lo mismo.

Al parecer así pasó desorientada su niñez, ¡¡cómo no se iba a sentir así si miraba a la ciudad con una identidad incorrecta!!, hasta que en el año 1822 se plasmó el bautismo definitivo, era el merecido homenaje que desde Buenos Aires querían dar a la provincia litoraleña por ser la primera en adherirse a la causa de la Independencia, una decisión que ni siquiera los mismos correntinos estaban en condiciones en ese momento de dimensionar su importancia y trascendencia.

Desde el inicio la calle Corriente no solamente sufrió cambios relacionados con su nombre, sino también el de ser interrumpido el mismo por el de Triunvirato en el tramo que forma las hoy denominadas Angel Gallardo y Scalabrini Ortiz, modificaciones que no cesaron hasta quedar definitivamente como la conocemos en la actualidad: nace en Eduardo Madero y muere en Federico Lacroze.

Al cumplir sus primeros 50 años, cuando había dado su primer estirón, comienza a mostrar los primeros indicios de su vocación cuando debuta con los teatros Opera, Odeón y Politeama Argentino y despierta la atracción y la admiración de miles de transeúntes que comenzaron a frecuentarla llenos de curiosidad, de inquietudes y expectativas.

Pero así como la atmósfera se iba tiñendo de cultura, bohemia y excesos fue conformándose  también para la misma época, más para el este, a partir de la calle Uriburu  un incipiente  centro comercial que tuvo a judíos provenientes del Alepo como sus pioneros y luego, a principios del siglo 20 se incorporaron armenios, sirios, libaneses, que llegaban al país víctimas de persecuciones religiosas.

Durante toda la mitad del mencionado siglo fue testigo activo del desarrollo de una actividad cultural que fue creciendo frenéticamente traccionada por algo que había comenzado a finales de los años 1800 e iba conformando una identidad más definida, un lenguaje ciudadano que tuvo en el tango la forma musical más reconocida en el mundo, pero que también se plasmó en obras cinematográficas y literarias.

Así fue sumando en sus amistades, artistas que le ofrendaban lo mejor de sí mismos, con expresiones y con innumerables anécdotas que hacían de su vida, sobre todo la nocturna, la atracción de muchos ciudadanos de distintos lugares del país y del mundo.

Todas las grandes orquestas con sus extraordinarios cantores amenizaron diferentes puntos de esta amplia vía que nunca dejó de ser calle, condición que surge de manera muy íntima y afectiva en tangos que recuerdan aquella época en la que los parroquianos podían comunicarse de vereda a vereda sin emplear demasiado esfuerzo.

A partir de la primera década del siglo XX su vida comienza a tomar un mayor impulso, pero así como vio surgir el esplendor también fue testigo de un drama inesperado y no es que antes no había conocido la tragedia como cuando vio pasar miles de cadáveres por causa de la fiebre amarilla, pero en el drama en cuestión vio pasar uno solo y miles y miles de flores y lágrimas acompañándolo durante todo su trayecto, Gardel su hijo pródigo había muerto.

Pero la vida debía continuar, y llego la década del 40 que tenía marcada  en sus primeros años las huellas de la  infamia, dictadura, pobreza, tristeza y ante tanta injusticia ella se esforzaba en mantener su energía como una forma de supervivencia invitando a soñar con mejores tiempos fortaleciendo la confianza recomponiendo la autoestima y poco a poco fue acompañando al futuro poniéndose a su misma altura y de pronto pasó a ser testigo activo de una nueva época, de una etapa en donde los habitantes del país dejaban atrás la infamia y comenzaban a ser parte del todo. 

Fue así que la actividad comenzó a inundar cada rincón de la patria, y en la vida nocturna que ella ofrecía como imán casi glamoroso,  los cines comenzaron a  colmarse y los bares se transformaron en salones de debate abierto mientras que las orquestas de tango brillaban en los teatros y las librerías abiertas hasta altas horas de la noche funcionaban como atracción a la cultura general, una incesante actividad que llevó al periodista Roberto Gil en el año 1950 a bautizarla “la calle que nunca duerme”.

Los nombre de Troilo, Pugliese, Merello, Di Sarli, Del Carril,  Discépolo, Manzi, Sandrini, Lamarque y tantas, tantas otras figuras que estoy seguro de cometer una injusticia,  relucían en las marquesinas de las carteleras cinematográficas y teatrales,  así como  en las librerías las creaciones de Borges, Marechal, Cortazar,  Jauretche, Sábato, Scalabrini Ortiz, Arlt (y sé que estoy cometiendo la segunda injusticia) integraban la propuesta literaria junto a los escritores más trascendente del mundo.

Corrientes una calle que emerge con la energía del rio, y que recorre la ciudad de Madero hasta Lacroze y a lo largo de su extensión fue escenario del arte y las ideas, de la actividad comercial, donde se gestaron tantas anécdotas , que ha sido destinataria de poesías y canciones incluidas las tributadas por el rock, hoy, reflejando  la situación actual como lo hizo durante la fiebre amarilla, se muestra apocada, tan sin vida, que hasta dá la sensación que entre el microcentro donde nace y la Chacarita donde termina no hay tanta diferencia.

Tristezas de la Calle Corrientes

Calle
como valle
de monedas para el pan…
Río
sin desvío
donde sufre la ciudad…
¡Qué triste palidez tienen tus luces!
¡Tus letreros sueñan cruces!
¡Tus afiches carcajadas de cartón!

Risa
que precisa
la confianza del alcohol.
Llantos
hechos cantos
pa’ vendernos un amor.

Mercado de las tristes alegrías…
¡Cambalache de caricias
donde cuelgan la ilusión!
Triste. ¡Si
por ser nuestra!
Triste. ¡Si,
porque sueñas!
Tu alegría es tristeza
y el dolor de la espera
te atraviesa…
¡Y con pálida luz
vivís llorando tus tristezas!

Triste. ¡Si,
por ser nuestra!
Triste. ¡Si,
por tu cruz!
Vagos
con halagos
de bohemia mundanal.
Pobres,
sin más cobres
que el anhelo de triunfar,
ablandan el camino de la espera
con la sangre toda llena
de cortados, en la mesa de algún bar.
Calle
como valle
de monedas para el pan…
Río
sin desvío
donde sufre la ciudad…
Los hombres te vendieron como a Cristo
y el puñal del obelisco
te desangra sin cesar.

Tango – 1942
Música: Domingo Federico – Letra: Homero Expósito

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