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La epidemia de fiebre amarilla que provocó la muerte de 14.000 personas, y otras circunstancias igualmente dolorosas, persuadieron a las administraciones a discontinuar las pequeñas necrópolis, y pasar a concentrarse en cementerios grandes.

Plaza “Primero de Mayo”: ¿Un cementerio en Balvanera?
La Plaza Primero de Mayo se encuentra en el barrio de Balvanera, una manzana casi entera entre las calles Hipólito Yrigoyen, Pasco y Adolfo Alsina, y la cercanía de Pichincha.
Primero, daremos una pequeña semblanza de los nombres de las arterias.
Hipólito Yrigoyen, según Ordenanza de 1946, anteriormente llamada Victoria; fue Presidente del país por la Unión Cívica Radical en dos mandatos, el último interrumpido por el golpe de estado de 1930; político, abogado, profesor, falleció en 1933.
Pasco, así denominada desde 1857; ciudad del Perú, donde en 1820 las fuerzas patriotas al mando del General Juan Antonio Alvarez de Arenales derrotaron a los realistas del brigadier Diego O’Reilly en la batalla de Cerro de Pasco.
Adolfo Alsina, por ordenanza de 1977, anteriormente sólo Alsina, desde 1878; gobernador de la provincia de Buenos Aires, Vicepresidente de Sarmiento y Ministro de Guerra de Avellaneda.
Pichincha, hace mención a la Batalla del Pichincha, por el volcán de ese nombre, en 1822, en el actual Ecuador, y que significó la independencia del país; el ejército patriota al mando de Antonio José de Sucre, y el perdidoso ibérico, de Melchor Aymerich; el nombre de la arteria data de 1857.
En realidad, la plaza no ocupa la totalidad de la manzana, dado que termina 20 metros antes de llegar a Pichincha, donde hay edificios y comercios.

Nuestra zona verde se localiza inmersa en la Comuna 3, que incluye a los barrios de Balvanera y San Cristóbal.
Tanto la Comuna 3 como el barrio de Balvanera lo he descripto enTestimoniosBA del 04/06/26 titulado “Pasaje Discépolo: todo torcido!”.
Por las calles circundantes circulan varias líneas de colectivos urbanos: por Hipólito Yrigoyen, la 64 y 8, por Pasco, la 95, y por Adolfo Alsina la 168.

Antes de adentrarnos en la descripción de nuestra plaza, debemos hacer notar que el total de su perímetro está enrejado, con una puerta de salida en cada mitad de cuadra; en la ciudad hay más de 250 espacios verdes, estando con rejas cerca de100 de ellos; actualmente, es una forma de prevenir el vandalismo, poniendo horario de apertura y cierre del vallado, pero limita el libre acceso por parte de los vecinos.

La zona conserva una atmósfera de barrio, pese a encontrarse a sólo tres cuadras del Congreso nacional; en las veredas enfrentadas a nuestro verde, encontramos comercios y entidades importantes: ARCA (ex AFIP), supermercado Coto, local de compra-venta, hotel, bicicletería, ferretería, lotería, pizzería y un sindicato.
La plaza fue inaugurada en 1928, según la Ordenanza n° 889 del Boletín Municipal n° 330 del 14 de abril de 1925, otorgándosele el nombre oficial de “Plaza Primero de Mayo”.

En el centro se halla el “Monumento al Trabajo”, escultura de Ernesto Soto Avendaño, primer premio en 1921, adquirido por el Concejo Deliberante para ser ubicado en la plaza; también está el mástil “Monumento a la Patria”, realizado por Bernardo Joselevich, Germán Joselevich e Israel Hoffman, donado por la comunidad judía de Buenos Aires.

En la disposición de nuestra zona parquizada, también hay cómodos bancos, pero de cemento, juegos infantiles en la zona cercana a Hipólito Yrigoyen y Pasco, una “Estación saludable”, actualmente cerrada, una canchita con aros de básquet, también enrejada, y –quizás lo más trascendente – una calesita, cuyo nombre informal es “Calesita de la Plaza Primero de Mayo”.
Como dato anecdótico, el Gobierno reconoce la existencia de 55 calesitas en el ejido de la ciudad; en el caso de la nuestra, no constan datos de nombre oficial ni fecha de instalación; informalmente, se reconocen 61 carruseles en la city.

Completa el mobiliario un canil ubicado casi a la entrada por Hipólito Yrigoyen; por las mañanas podremos observar gente de todas las edades haciendo ejercicios físicos, ó paseando perritos; hay cuidadores y personal realizando tareas de limpieza ó mantenimiento; y por supuesto, personas que vienen a tomar un poco de aire sano.

Por las tardes, madres con pequeños, y la calesita con su infaltable público infantil; todo ésto le dá un clima de tranquilidad barrial, que como ya hicimos notar más arriba, contrasta con la cercanía del ruido y bullicio del centro de la ciudad.
Pero, antes de la inauguración de la plaza, qué utilidad tenía este predio?
Era el “Cementerio de los disidentes” donde recibían sepultura quienes no profesaban la religión católica apostólica romana.
Hurgando en datos históricos, la ciudad de Buenos Aires, albergó desde el siglo XIX hasta 40 “enterratorios” para la gente que fallecía.
Algunos eran los “camposantos” ubicados junto a las iglesias; otros, en terrenos que actualmente se han transformado en plazas.

La Epidemia de Fiebre Amarilla de 1871 en la Ciudad de Buenos Aires
La epidemia de fiebre amarilla que provocó la muerte de 14.000 personas, y otras circunstancias igualmente dolorosas, persuadieron a las administraciones a discontinuar las pequeñas necrópolis, y pasar a concentrarse en cementerios grandes.
En la ciudad, ocho de aquellos enterratorios ahora son terrenos verdes.
Los detallaremos: Parque Florentino Ameghino en Parque Patricios, Parque Los Andes y Plaza Elcano, ambos en Chacarita, Barrancas de Belgrano, Plaza Marcos Sastre en Villa Urquiza, en Belgrano, una esquina triangular en Monroe, Balbín y Zapiola, Plaza Roberto Arlt en Monserrat, y la Plaza Primero de Mayo, que acabamos de describir.
En 1833 se abrió un cementerio para quienes no profesaban la religión católica, en el lugar que se llamaba “Hueco de los Olivos”; se denominaba “hueco” a los lugares vacío ó sin dueños, y “disidentes” porque no profesaban el culto oficial; allí fueron a morar alemanes, estadounidenses, ingleses y judíos.
Su funcionamiento duró hasta 1891, cuando se realizó la última inhumación; ya en los primeros años del siglo XX se procedió al retiro y traslado de los cuerpos allí enterrados, concluyendo esta tarea en 1923.
En 1925 se definió que el terreno se transforme en plaza, que es la que hoy conocemos como “Plaza Primero deMayo”.
Igualmente, no todos los fallecidos fueron mudados, ya que no fueron reclamados por sus descendientes, y en una remodelación que se hizo en el año 2006, se encontraron restos humanos.
Y ahora, que ya sabemos que en algunas plazas de la ciudad funcionaron un siglo atrás diversos cementerios, nos preguntamos: si paseás por ese espacio público, no sentirías alguna “cosita”?; estarías caminando sobre los cuerpos de difuntos, y…piedra libre para las truculentas fantasías!
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