Bitácora Humana
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El Derecho de la Prueba de Paternidad
Es importante enfatizar que conocer la verdad sobre la paternidad es un derecho para el varón, pero también una garantía para el niño
El Derecho de la Prueba de Paternidad

En muchas sociedades, especialmente entre parejas casadas, proponer una prueba de paternidad puede ser visto como una afrenta; sin embargo, este prejuicio está basado en concepciones arcaicas que deben ser revisadas.

Jackeline Barriga Nava

El Derecho de la Prueba de Paternidad
La genética ha transformado nuestras vidas en múltiples formas, ofreciendo herramientas efectivas para resolver preguntas fundamentales, entre estas, la prueba de paternidad genética destaca en contextos personales, familiares y legales; sin embargo, persisten tabúes y prejuicios en torno a este procedimiento, especialmente porque se percibe como un acto de desconfianza e insulto hacia la pareja.

Debemos entender que la naturaleza humana es compleja y, en ocasiones, se enfrenta a situaciones inciertas en las que la verdad puede estar en duda. Casos de infidelidad, relaciones con múltiples parejas u ocasionales en periodos cercanos son realidades que hombres y mujeres pueden experimentar de solteros o casados. Como señala Nasio (2009), “la condición humana está atravesada por contradicciones y deseos que no siempre comprendemos en su totalidad”.

Es importante enfatizar que conocer la verdad sobre la paternidad es un derecho para el varón, pero también una garantía para el niño. Según el Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas, “todos los niños tienen derecho a conocer su identidad y filiación”. Este principio nos hace entender que la prueba no se trata de egoísmo ni control, sino de establecer bases firmes para una crianza equitativa, justa y responsable.

En muchas sociedades, especialmente entre parejas casadas, proponer una prueba de paternidad puede ser visto como una afrenta; sin embargo, este prejuicio está basado en concepciones arcaicas que deben ser revisadas. “Como mujer tiene la certeza plena que es su hijo porque lo lleva en su cuerpo, pero la certeza del hombre se ve afectado, porque los hombres dependen de la mujer y se da por hecho que el hijo es del hombre con el que una mujer tiene relaciones sexuales, por otro lado, los hombres no tienen una forma directa de verificar que el niño es suyo, esto refleja desigualdad por la naturaleza humana y características de cada sexo”.

Según experiencias de psicólogos y profesionales de la justicia, se han registrado numerosos casos en los que una mujer casada mantiene relaciones sexuales con otra persona fuera de su matrimonio, resultando en un embarazo. En estos casos, el niño es reconocido como hijo del esposo, cuando en realidad el verdadero padre biológico es otro. Este escenario presenta varias implicaciones legales y éticas: por un lado, el verdadero padre no está asumiendo su responsabilidad parental, mientras que el esposo, que no es el progenitor biológico, está criando a un hijo que no es suyo. Además, en muchos países, esta situación constituye un delito de adulterio por parte de la mujer, y lo mismo sucede con algunas mujeres solteras quienes por el estado de embarazo contraen matrimonio con el supuesto padre de su hijo, porque el verdadero las rechazo o no sabe de ese embarazo o bien la mujer puede no saber quién es el padre.

Es hora de desterrar la idea de que una prueba de paternidad es un acto de desconfianza o insulto hacia la mujer. Por el contrario, es una acción que presenta muchas ventajas: a) Para el varón: se constituye su estabilidad emocional y le permite asumir plenamente su rol de padre. b) Para la mujer: consolida una relación basada en la transparencia. c) Para el niño: garantiza que crezca con la certeza de sus orígenes y en un entorno donde ambos padres estén comprometidos con su desarrollo.

A nivel social y legal, la prueba de paternidad debería ser obligatoria para el registro legal de un niño, esta medida causaría una crianza más responsable, evitaría disputas legales sobre la paternidad, como pensiones alimentarias o derechos de custodia. Asimismo, obligar la prueba de paternidad fomentaría la equidad, derechos y responsabilidades, reduciendo los casos de «paternidades falsas» y ofreciendo mayor transparencia en las relaciones familiares.

Es importante considerar que en la actualidad estas pruebas son accesibles, rápidas y seguras, lo que reduce significativamente el nivel de tensión que podría generar su realización.

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