Bitácora Humana
No es una prueba absoluta, pero para muchos es la explicación más razonable, pero separando a Dios de la religión, que es muy importante decirlo, porque los religiosos abusaron, abusan y abusarán de las personas creyentes y eso no es Dios.

Por qué Creo en Dios
Como creyente total de Dios, siempre me he preguntado por qué es tan importante en mi vida. Prendo velas, le rezo, necesito estar en contacto con él, aunque no lo conozca personalmente.
A Dios yo lo concibo como un creador de todo, de las plantas, animales que respeto, el universo, el hombre, todo es preciso y no pudo haber surgido de lo nada. Existe un evento que pasó cuando tenía 7 años: me astillé por jugar en un árbol. Miré mi mano, fue la primera vez que fui consciente de ella, y era perfecta. Se movía, me daba comodidad para alzar las cosas, alimentarme, acariciar a mi gata. No podía creer que hacía todo. Si me faltaba, iba a fallar parte de mi vida, por ello lo único que quería era que la astilla saliera de mi mano. Fue el momento donde le pregunté a un familiar quién era Dios, y me dijo exactamente lo que ahora creo: es el creador de todo lo que mis ojos ven, y el creador de una mano, cuerpo, mente, que a la vez funcionan de manera tan compleja que nos permiten pensar, crear ideas, sentir. Nuestro ser es una extensión con los demás, según cómo lo construyas.
En otra oportunidad, preocupada por trabajo, le recé y al día siguiente me propusieron un trabajo nuevo. No me pasó una vez, sino varias, dependiendo de la fe con la que le pido. Y esto yo creo que sucede con muchas personas, por eso vemos en Semana Santa, en la iglesia, gente rezando, incluso llorando, ¿tiene poder o nuestra mente es ese poder? Ambas. Nuestra mente tiene poder, como demuestra el efecto placebo. Pero ese poder no se activa solo: necesita un discurso, un símbolo, una fe. Y para muchos creyentes, ese instrumento adecuado es Dios.
Desde un aspecto más profesional, puedo decir como psicóloga que los humanos buscan sentido, orden o consuelo frente a lo inexplicable, como la muerte, el sufrimiento o el origen del universo, incluso el nuestro como humanos. Por eso, muchas culturas antiguas veneraban piedras, astros o animales, eran representaciones de ese “algo más grande”. Luego, con el desarrollo de religiones más abstractas, se pasó a dioses personales o universales.
No es que Dios exista porque lo necesitemos, sino que la necesidad de explicar lo trascendente lleva a muchos a creer en él o en algo similar. Es una explicación funcional, no una prueba de verdad divina. Al ser funcional, no se intenta conocer el origen de ese Dios o demostrar que existe, sino que nos explica para qué nos sirve, al crearse las religiones, estas cumplen con una función psicológica como dar sentido a la vida, esperanza y consuelo, asimismo tiene una función social de unir al grupo, por ese motivo siempre fue poderosa, hasta llegar a ser abusiva y explotadora, por ejemplo: la voz del sacerdote que da la misa es sagrada.

Desde la ciencia cognitiva, Dios es un invento mental, un constructo mental útil, no necesariamente real. Pero lo necesitamos para dar sentido al sufrimiento, a la muerte o a lo injusto; reducir la ansiedad ante lo desconocido y la incertidumbre; fomentar la cooperación y las normas morales en grupo; proveer consuelo y esperanza. Por eso los humanos antiguos «creían en piedras»: no porque las piedras fueran dioses falsos, sino porque necesitaban explicar el trueno, la fertilidad o la enfermedad, y esa creencia funcionaba para organizar su vida.
Entonces, desde un enfoque frío de la ciencia, es un invento. Desde un punto de vista espiritual, lo buscamos para tener sentido a nuestra existencia, y se introduce en nuestra mente por un aspecto educativo, cultural y familiar.
Sin embargo, muchos científicos no creían en Dios, pero al final terminaron haciéndolo porque la ciencia los llevó a concluir que el universo no pudo surgir de la nada y que el orden de la naturaleza apunta a un diseñador. Científicos como el astrónomo Allan Sandage, quien midió la expansión del universo, y Francis Collins, líder del Proyecto Genoma Humano, afirman que fue su estudio profundo de la ciencia lo que los llevó a creer en Dios. Con estas evidencias, poniendo como ejemplo dos puntos, pero hay más; yo puedo decir que Dios existe siempre y cuando tengamos la creencia de que sí existe. Es decir, es una decisión.
Sin embargo, existen milagros, exorcismos documentados, los relatos de personas que afirman haber visto a Dios, y la Biblia, un libro que explica con asombrosa precisión nuestra creación, nuestra caída y nuestra tendencia a la autodestrucción. No es casualidad que ese libro ancestral describa al ser humano mejor que muchos tratados de psicología moderna. Para quien tiene ojos para ver, no se trata solo de fe: hay evidencias, testimonios y una coherencia histórica que apuntan a que Dios no es un invento, sino una realidad que siempre estuvo ahí.

Mi Conclusión:
Todos los seres humanos sentimos la necesidad de creer en algo más grande (Dios), y esa necesidad no aparece por casualidad. No es una prueba absoluta, pero para muchos es la explicación más razonable, pero separando a Dios de la religión, que es muy importante decirlo, porque los religiosos abusaron, abusan y abusarán de las personas creyentes y eso no es Dios.
Por otro lado, Dios existe porque el universo no pudo formarse solo, la ciencia muestra que nada surge de la nada, y las leyes de la naturaleza son demasiado exactas para ser un simple accidente o una evolución. En otras palabras, Dios existe desde lo espiritual, no es necesario verlo, ni sentirlo: observa la finura de tus manos, los ojos de tu gato, el pan que comes todos los días, el agua que llueve, la luna por la noche, el niño que nace, ¿DE DÓNDE VIENE TANTA PERFECCIÓN?…
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