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Hotel Transylvania
LOS MONSTRUOS SE DIVIERTEN
Hotel Transylvania

El director de animación Genndy Tartakovsky, nacido en rusia en 1970 pero de extensa carrera en Estados Unidos, tuvo su primer hit en la pantalla chica cuando estrenó Samurai Jack en el 2001. Desde que aquella serie de acción y aventuras conectó con el público, la popularidad del animador no hizo más que crecer. Tartakovsy le puso su sello personal al estilo, una mezcla de influencias tanto de la escuela japonesa como la estadounidense, creando una forma de narrar sus historias en extremo dinámicas, con líneas definidas, contornos visibles que le permitieron dar vida a personajes memorables.

Tras una seguidilla de premios por su labor le llegó la oportunidad de trabajar con una de las grandes empresas de la industria, LucasFilms, y fue el mismísimo George Lucas, creador de la franquicia Star Wars, quien lo contrató para que se hiciera cargo de una serie de cortometrajes animados ambientados entre el Episodio II y III que se tituló Star Wars: Clone Wars (que no debe confundirse con la posterior serie animada The Clone Wars, hecha por completo en animación por computadora). Las pequeñas viñetas, impregnadas por el estilo desde el diseño de los clásicos personajes de ciencia ficción hasta la forma en retratar las batallas, le permitieron al director ruso consolidarse en la escena dentro de su género, captando la atención de la mayoría de los estudios importantes, y así pavimentó su camino para desarrollar sus proyectos con mayor libertad.

Si bien Tartakovsky comenzó con la animación tradicional en 2D, no tardaría en pasar a las computadoras. Primero fue un fallido proyecto para revivir a Popeye, pero cuando los tiempos se estiraron demasiado, Sony Pictures Animation le dio luz verde a un largometraje de comedia original. Hotel Transylvania se estrenó en los cines de todo el mundo en el año 2012, y sumó un nuevo éxito a la cada vez más copiosa obra del director, a pesar de críticas bastante dispares a la historia (no así a los aspectos técnicos y artísticos).

La primera entrega, Hotel Transylvania a secas, presenta a todo el gran grupo de personajes coloridos que irán apareciendo en las demás películas. Los protagonistas son Drácula y su hija “adolescente” Mavis, quien está por festejar su cumpleaños número 118 y sólo desea salir a conocer el mundo como lo hizo su fallecida madre. El Conde, parodiando los estereotipos de las películas clásicas de Universal, hizo de su castillo laberíntico un refugio seguro para que la niña no tenga que abandonar el terreno, ya que una horda de humanos asesinaron a su mujer poco tiempo después que tuvieron a su única bebé. Incluso diseñó una aldea repleta de “actores” —que son sus sirvientes zombis— con el único fin de demostrarle a Mavis que los humanos son peligrosos y no debe andar cerca de ellos. En la víspera del festejo, que coincide con la apertura de la temporada turística en el castillo-hotel que regentea el vampiro, llega Jonathan, un veinteañero despreocupado, mochilero, que pese a algunos sustos por la increíble cantidad de seres sobrenaturales que lo rodean, parece sentirse cómodo con la situación y termina enamorándose de la pequeña vampira.

Como es temporada de monstruos, Tartakovsky se dio el lujo de poder rediseñar a muchos de los “históricos”. Parte de la banda de amigos que tiene Dracula está compuesta por Frankenstein (si, ya sabemos que no es el nombre del monstruo en el original, pero acá se llama así), Wayne que es un hombre lobo, casado y con una manada de cachorritos destructivos, Griffin, el hombre invisible y Murray, la momia. El elenco de voces, respectivamente, es estelar: Adam Sandler se aleja de sus roles más “simplones” y crea una gran versión de Dracula en tono cómico; Kevin James le da la voz al monstruo hecho de partes de cadáveres, el ya legendario Steve Buscemi es Wayne, y el cantante/compositor CeeLo Green le presta sus prodigiosas cuerdas vocales a la momia.

Jonathan, quien tiene la voz original del comediante Andy Samberg hace todo lo posible para conquistar a Mavis —encarnada por la estrella infantil de Disney y cantante Selena Gomez— mientras esquiva el control del conde y el castillo atestado de todo tipo de criaturas. Genndy Tartakovsky se divierte jugando con fantasmas, con el increíble hombre de las nieves (a quien sólo le vemos los pies), una versión gelatinosa de La Mancha Voraz; Quasimodo aquí es el cocinero francés; hay moscas antropomórficas, armaduras encantadas y hasta cabezas reducidas parlantes que se usan como signos de “no molestar” en las puertas.

Este film, que apunta tanto al público joven como el más adulto ya que hay chistes con diferentes tonos y sutilezas para entretener a ambos grupos etarios. Los personajes parecen estar en permanente movimiento, casi siempre frenético, como si fueran conscientes que son criaturas animadas y se aprovechan de la permanente ruptura de las leyes físicas de nuestro mundo. El humor físico es parte fundamental de los momentos hilarantes, ya que Tartakovsky es un fanático confeso de la animación tradicional de la Warner, quienes perfeccionaron el gag visual con personajes de la talla de Bugs Bunny o la tragicómica persecución eterna del Coyote en pos del Correcaminos. Aquí el director pisa el acelerador y casi no da respiro entre chiste y chiste, pero corta en los momentos indicados para dotar de dramatismo (y una trágica historia pasada) que hacen de este plato uno mucho más sencillo de digerir pese al constante asalto a los sentidos, en el mejor sentido posible.

Hotel Transylvania es un film que no solo divierte sino que se aleja del canon estético que impuso Pixar con su catarata de films taquilleros y elogiados por la crítica. Sony apostó por un talento menos tradicional —aunque paradojicamente su formación sea tradicional— para romper un poco el molde de lo que se venía viendo en otras producciones, y salió al mercado con un producto que cumple su principal meta: entretener.

El público acompañó, y dos secuelas se estrenaron en el 2015 y 2018, cada una recaudando más dinero que la anterior y elevando sus puntajes entre la crítica. También hubo libros, cortometrajes, juegos en parques de diversiones de Rusia y Dubai, y una serie animada que contó la infancia de Mavis en el Hotel.

El merchandising es imposible de enumerar, y la cuarta parte se estrenará en servicios de streaming a fin de este año, aunque ya no cuenta con la mayoría de las voces principales ni Tartakovsky (motor y nafta de los films) como director.

Por lo pronto las primeras tres entregas se pueden disfrutar en Netflix, y es un menú ideal para los fanáticos de la animación, del humor y hasta de los films clásicos de monstruos. En Hotel Transylvania hay un poco para todos los gustos.

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