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Costura al Bies
Sobre La Costurerita que dio Aquel Mal Paso
Costura al Bies

¿Cuántos miles de kilómetros pedalearon
muchas abuelas en las Singer, sin haber
salido en todas sus vidas de un cuartito?
Santiago Espel – Las Líridas – Poemas del Escarmiento

Todos de una u otra manera hilvanamos circunstancias en el camino de la propia existencia. La vida está llena de imponderables que pueden o no determinar los pasos a seguir. Sin dudas las mujeres sabemos de luchas, de postergaciones e incluso de estigmas que nos han impulsado a coser con punto grueso otras realidades más aceptables para nuestro crecimiento social.

Las mujeres somos, en algún punto, costureras del devenir. El paso del tiempo ha demostrado que muchas mujeres han sido capaces de llevar a cabo sus más caros sueños en el bies de las estructuras sociales que les tocase vivir, siempre hubo una primera que se animó a romper viejos paradigmas para hacer uso de su libertad o para hacer valer sus derechos.

Fantasear con mundos mejores no es nada nuevo como tampoco lo es el prejuicio. Los mayores prejuicios sociales estuvieron cargados, a lo largo de la historia de la humanidad, sobre las espaldas de las mujeres, y así lo han dejado plasmado distintos artistas a través de sus obras.

  “La costurerita que dio aquel mal paso” del escritor argentino Evaristo Carriego, da título a un capítulo de 11 poemas que hacen referencia a una joven que carga con la culpa de una aventura de amor y que prefiere seguir al hombre que la sedujo que seguir cosiendo su soltería en el encierro. Era una costurera, una modista, una mujer que trabajaba con otras en la soledad de cuatro paredes para ganarse el sustento.  

Siempre me impresionó el uso de los diminutivos en los textos, en este caso la palabra “costurerita” que a simple vista parece un modo gentil o cariñoso de nombrarla, pero que a mi gusto tiene un dejo peyorativo, obviamente que lo digo desde mi más absoluta subjetividad poética.   En cambio, cuando el autor habla en sus versos acerca del hombre en cuestión, dice “con el sinvergüenza que no le hizo caso”, en rigor a la verdad podría haber dicho el indigno o ruin que la engañó, pero suena más leve la palabra “sinvergüenza”. El peso de la balanza social que juzga, se lo lleva ella, “la costurerita”:  “¡Qué cara tenía la costurerita, /qué ojos más extraños, esa tardecita/que dejó la casa para no volver!”  Trato de imaginar la imagen de extrañeza que cabe en la mirada de amor de una mujer modista allá por el 1900, sin dudas para la época era algo raro ir tras el amor de un hombre sin pasar antes por la Iglesia; no estaba bien visto y no era un buen paso. Abandonar la supuesta seguridad que le otorgaba una máquina de coser para seguir su sueño amoroso con visos de quimera, no era poca cosa, no era común. Entonces el arte poético tomó nota del asunto y dejó plasmado su historia por siempre. La historia de una mujer trabajadora que “sacó los pies del plato” para finalmente enfrentarse al juicio de su vecindario.

La literatura siempre nos ofrece paradigmas, formas, estilos, críticas y críticos, maneras de decir y dejar entrever. El lenguaje muta al son de la época, pero las intenciones pareciese que son universales y atemporales: juzgar a las mujeres en sus decisiones de vida siempre ha sido, y aún hoy siguen siendo, motivo de letras, poemas, canciones, películas, etc. El modo moral de tener la jaula en orden para algunos pasa por el “deber ser” de un determinado modo a costa de perder el camino de la propia libertad; por la misma razón molesta todo lo que incluye porque no se parece al statu quo soñado por los rectores morales que rigen para algunos que no se atreven a moverse de sus viejas estructuras.

La modista diseña, hace moldes, crea prototipos, elige telas, corta, ajusta, confecciona…casi igual que el mundo de las mujeres que escribimos: diseñamos argumentos, moldeamos personajes, elegimos paisajes, ajustamos el lenguaje y confeccionamos una historia; no dejamos de ser las “costureritas” que vamos tras el sueño de amor de ser leídas o publicadas, y aunque en los últimos años se perciben avances,  cuando llega el momento de estimular o premiar una obra el porcentaje mayor siempre es para el mundo masculino. No por ausencia de mujeres que descollen. Cuando publicamos un libro nos felicitan porque se considera que hemos parido un hijo, claro que es una mirada un tanto retrógrada pensarlo de ese modo, me inclino por el pensamiento de que ha nacido algo que tiene título, algo que lleva implícito una ilusión en la solapa, un algo creativo que nos demandó tiempo y esfuerzo, que nos quitó soles y sosiego e incluso momentos especiales porque además de escribir, debíamos asistir a otros roles que en este mundo polifacético nos toca por ser madres, abuelas, amas de casa, docentes, lavaplatos o lo que sea. Nadie entrará a la casa y dirá: “ shhh, hagan silencio que mamá está escribiendo”, es posible que entren a preguntarnos a qué hora estarán esas ricas empanadas que sabemos hacer, y aunque hay una generación más “progre”, la mayoría sabemos de esto…   En definitiva., somos las costureritas modernas que así sea una buena o mala obra lo que hemos hecho, es como edificio de letras que hemos construido en medio de tantas piedras y roles que desempeñamos.  Seremos juzgadas por haber dado un mal paso, nadie vive de la literatura, nos dirán y lo peor es que para la mayoría que me incluye, es verdad.  Cuando escribo esto sonrío, recuerdo mi madre modista que no me enseñó ni siquiera a enhebrar una aguja(afortunadamente), que tenía el don de la escritura pero que nunca escribió nada, que fue niña prodigio pero que no le alcanzó para ser feliz; y me digo a mi misma: es hora de hacer una costura al bies, oblicua, cortar en diagonal la tela del “deber ser” para hacer un vuelo directo a la próxima conquista de derechos que nos igualen con otros y otres, sin eufemismos ni atajos, para ello hay que trabajar duro y como me gusta decir: no hay Eureka sin sudor, mientras una gota se confunde con la de tantas trabajadoras anónimas con las cuales siempre me sentiré a gusto.

Ana María Caliyuri

La Costurerita que dio Aquel Mal Paso
Evaristo Carriego – 1913

La costurerita que dio aquel mal paso…
Y lo peor de todo, sin necesidad
con el sinvergüenza que no la hizo caso
después… — Según dicen en la vecindad —

Se fue hace dos días. Ya no era posible
fingir por más tiempo. Daba compasión
verla aguantar esa maldad insufrible
de las compañeras, ¡tan sin corazón!

Aunque a nada llevan las conversaciones,
en el barrio corren mil suposiciones
y hasta en algo grave se llega a creer.

¡Qué cara tenía la costurerita,
qué ojos más extraños, esa tardecita
que dejó la casa para no volver!…

La mujer atrapada en un orden social y familiar opresivo, es una constante. A la piba fabriquera sólo le queda una salida, casarse; y repetir el ciclo de sus mayores. O “patear el tablero” como hizo la costurerita que dio el mal paso.

Al rescate de la costurerita acude el poeta Nicolás Olivari, quien años más tarde escribe otro poema con el mismo nombre, evocando el “mal paso” de la costurerita de Carriego:

“Pobre si no lo daba
Que aún estaría
sino tísica del todo
poco le faltaría.”

«La Costurerita que Dio Aquel Mal Paso»

“La costurerita que dio aquel mal paso
y lo peor de todo, sin necesidad”.
Bueno, lo cierto del caso,
es que no se la pasa del todo mal.

Tiene un pisito en un barrio apartado
un collar de perlas, y un cucurucho
de bombones; la saluda el encargado
y ese viejo por cierto, no la molesta mucho.

Pobre la costurerita que dió el paso malvado…!
Pobre si no lo daba, que aún estaría
sinó tísica del todo, poco le faltaría.

Ríete de los sermones de las solteras viejas,
en la vida muchacha, no sirven esas consejas
porque… piensa!… si te hubieras quedado!

Nicolás Olivari
“Versos Anti-Romáticos”  – 1924 – Nicolás Olivari  

La Costurerita que Dio Aquel Mal Paso – Película de 1926
La costurerita que dio aquel mal paso es una película muda argentina en blanco y negro dirigida por José Agustín Ferreyra y protagonizada por María Turgenova y Felipe Farah. Tuvo como guionista a Leopoldo Torres Ríos según el soneto homónimo de Evaristo Carriego publicado en 1913.

Fecha de estreno inicial: 1926
Director: José Agustín Ferreyra
Guion: Leopoldo Torres Ríos
Música compuesta por: Guillermo del Ciancio
Productor: Juan Glize

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