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El Alzamiento del General Valle
“Ni vencedores ni vencidos” - La Hora de las Armas - Derrota y Castigo
El Alzamiento del General Valle

“Ni Vencedores Ni Vencidos”
Con la frase que antecede, el general Eduardo Lonardi intentó resumir los contenidos de su gestión como presidente de facto a partir del 23 de septiembre de 1955, apuntando a una supuesta reconciliación entre los argentinos. Como jefe de la autotitulada Revolución Libertadora, inició el golpe cívico militar que derrocó al presidente constitucional Juan D. Perón el 16 de septiembre de ese año. Con el Ejército y la Fuerza Aérea registrando focos de rebeldía y la Armada sublevada en bloque, después de algunos días de combate en el Interior con epicentro en Córdoba, el presidente Perón delegó el mando en una junta militar leal que a su vez, entregó el gobierno a los sediciosos. El ataque aéreo de apenas tres meses atrás sobre la indefensa ciudad de Buenos Aires que dejó centenares de muertos, y el bombardeo de instalaciones petroleras de Mar del Plata perpetrado por la Marina sublevada el 16 de septiembre, pudo haber pesado en la decisión del presidente.

El 23 de septiembre una multitud marcadamente antiperonista, acompañó la asunción del triunfante militar. El almirante Isaac Rojas, titular de la Marina y representante de la línea más dura de los golpistas, lo acompañó como vicepresidente. Una denominada Junta Consultiva Nacional integrada por la mayoría de los partidos políticos con excepción de peronistas y comunistas, se encargó de asesorar al gobierno de facto en materia legislativa y brindarle el sostén político civil que necesitaba. La Junta entró en funciones el 11 de noviembre de 1955. Dos días más tarde, Lonardi es desalojado por un golpe palaciego encabezado por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Rojas, con el pleno apoyo de los miembros de la Junta Consultiva Nacional. La línea liberal revanchista se impone al sector nacionalista moderado.

Asunción de Eduardo Lonardi – 23-09-55

A partir de ese día comienza una feroz represión a los seguidores del líder depuesto. Son intervenidos la Confederación General del Trabajo (CGT) y numerosos sindicatos, se producen confiscaciones de bienes, disolución de los partidos Peronista y Peronista Femenino, el cuerpo de Eva Perón es robado de su lugar de descanso en la CGT, con destino secreto; es abolida la Constitución Nacional (reformada en 1949) por decreto y provisoriamente se exhuma la versión de 1853 y la medida más asombrosa: mediante el decreto – ley N° 4161 se prohibe nombrar a Perón, Evita, las palabras peronismo, justicialismo, cantar o silbar la Marcha Los Muchachos Peronistas y otras medidas que asombraron la conciencia democrática de la época. A Perón le prohibieron el uso de uniforme y se lo acusó de un centenar de delitos, entre ellos estupro y traición a la Patria.

La pretensión fue “desperonizar” la Argentina apelando a cualquier medio. La ola de revanchismo alcanzó a las propias Fuerzas Armadas, ya que numerosos uniformados acusados de simpatizar o acompañar al peronismo gobernante, sufrieron prisión, retiros forzados y otros castigos. Entre ellos, estaba el general Juan José Valle y otros que volverán a la escena meses más tarde, protagonizando unos de los episodios más estremecedores de la historia política argentina.

Hubo vencedores y vencidos.

La Hora de las Armas
Como parte de la purga militar, el general de división Juan José Valle y otros camaradas en octubre de 1955 fueron puestos en disponibilidad. Frente al auge represivo de la dictadura que iba de la mano de las reformas económicas regresivas de puro cuño liberal (ingreso al FMI, endeudamiento externo, liberación de variables económicas, etc.), y la clara decisión de la dictadura de mantener el apartheid político sobre gran parte de la ciudadanía, un cierto número de argentinos militares y civiles, comienza a conspirar. A la cabeza del pronunciamiento establecido para el 9 de junio de 1956, están los generales Juan José Valle y Raúl Tanco. Los siguen un nutrido grupo de militares de distinta graduación y civiles.

El nucleamiento se llama Movimiento de Recuperación Nacional. Su objetivo está plasmado en la Proclama revolucionaria (atribuida al escritor Leopoldo Marechal) donde entre otras consideraciones, anuncian que “… no nos guía otro propósito que el de restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y la violencia en el poder”. (1). La misma desarrolla un programa de gobierno de emergencia. La táctica insurreccional combina la sublevación de unidades militares con los asaltos de civiles armados a distintos objetivos de interés como radioemisoras, unidades militares, policiales y edificios públicos.

La señal de la rebelión era la transmisión de la Proclama por radio, interfiriendo la transmisión de la pelea de box entre el argentino Eduardo Lausse y el chileno Humberrto Loayza, que sería escuchada por todo el país. La emisión se iba a realizar desde la Escuela Técnica N° 1 de Avellaneda, misión a cargo del coronel José Albino Irigoyen y el capitán Jorge Miguel Costales, apoyados por otros compañeros. La operación fracasó al estar detectado el lugar por los represores. La proclama sólo fue transmitida en la ocupación de la ciudad de Santa Rosa (La Pampa), a cargo del capitán Eduardo Philippeaux. La toma de la capital pampeana fue la única maniobra exitosa, luego abandonada ante el fracaso del movimiento en el resto del país.

Simultáneamente, los coroneles Ricardo Ibazeta, Enrique Berazay y Eduardo Cortinez alcanzan a cooptar tres unidades de la poderosa Guarnición Ejército Campo de Mayo, sin poder sumar al resto. En el Regimiento 2 de Palermo, el sargento ayudante Isauro Costa intenta hacer lo propio y el mayor Hugo Quiroga trata de sublevar la Escuela de Mecánica del Ejército. Las horas más dramáticas se viven en la ciudad de La Plata. El teniente coronel Oscar Cogorno incorpora al Regimiento de Infantería 7 a la rebelión, mientras desprende fuerzas para tomar la Jefatura de Policía en pleno centro platense. Se combate durante horas en torno al edificio policial y del Comando de la Segunda División del Ejército, hasta que la Infantería de Marina proveniente de la Base Naval Río Santiago reduce a los rebeldes.

“Mi casa era peor que el café y peor que la estación de ómnibus, porque había soldados en las azoteas y en la cocina y en los dormitorios, pero principalmente en el baño, y desde entonces he tomado aversión a las casas que están frente a un cuartel, un comando o un departamento de policía. Tampoco olvido que pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo: ‘Viva la patria’, sino que dijo: ‘No me dejen solo, hijos de puta”. (2) Así describió su experiencia en aquella noche increíble el periodista Rodolfo

Walsh. En otras ciudades y regiones, grupos de civiles y militares intentan cumplir sus objetivos, como en el Regimiento de Infantería 11 de Rosario, ataque fallido. Mejor suerte les cupo a quienes pudieron tomar la emisora LT 2 de esa ciudad. El levantamiento estaba fracasando en todos lados. La dictadura tenía información previa del movimiento, pero los dejó hacer. Los dejó avanzar para caerles sin piedad en el momento del estallido.

Había que escarmentar.

Barrio de La Boca – Caba – 1959

Derrota y Castigo
En la misma noche del 9 de junio varios policías irrumpen en un departamento de la localidad bonaerense de Florida, donde un grupo de hombres incluyendo el dueño de casa, según sus dichos aguardaban la transmisión de la pelea Lausse – Loayza. El jefe de policía bonaerense coronel Desiderio Fernández Suárez en persona comanda el operativo. Buscan al general Tanco, pero allí no está. Los detenidos son llevados a una comisaría y luego trasladados a un basural en la localidad de José León Suárez, partido de San Martín. Allí los fusilaron y cinco perdieron la vida: Carlos Alberto Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brión y Vicente Rodríguez. Otros siete escapan, algunos heridos de gravedad. Entre los fugados está Julio Troxler, el hombre que fue fusilado dos veces; la primera en José León Suárez y la segunda en 1974, cuando un grupo parapolicial lo ejecutó en un barrio porteño.

Los fusilamientos tomarán estado público a partir de la magnífica investigación de Rodolfo Walsh titulada “Operación Masacre”. Aramburu y algunos ministros habían viajado a Rosario, por tal motivo la presidencia recae en el vice, almirante Isaac Rojas, quien pone en marcha la Ley Marcial, cuyo decreto N° 10.363/56 lleva también la firma de Aramburu; es decir, el bando estuvo lista antes del alzamiento. La insurrección comenzó entre las 22 y las 24 horas del 9 de junio. El decreto fusilador se emitió a las 0,32 horas del día 10 de junio. A todos los apresados antes de esa hora, no les correspondía la pena de muerte. Sin embargo, también se aplicó en forma retroactiva a quienes fueron detenidos fuera del horario fatídico. Se fusiló en Campo de Mayo, los basurales de José León Suárez (San Martín), Penitenciaría Nacional, Escuela de Mecánica del Ejército, Unidad Regional de Lanús (policía), Automóvil Club Argentino y ciudad de La Plata. En forma apresurada se formó un Consejo de Guerra con sede en Campo de Mayo (luego se traslada a Palermo) presidido por el general Lorio, para juzgar a los insurrectos. El tribunal establece distintas penas para los involucrados, pero sostiene que no corresponde la pena capital. Aramburu desconoce los fallos y mediante decreto N° 10.364/56 ordena los fusilamientos y entrega la lista de nombres de los condenados. Ante el fracaso militar del intento revolucionario, el día 12 el general Valle que se encontraba prófugo, se entrega al marino Francisco Manrique a cambio de que se respete su vida y las de sus subordinados. El decreto aramburista se lleva la vida de esos hombres y la palabra de honor que supuestamente, le habían dado los represores. Por su parte el general Raúl Tanco se había refugiado en la embajada de Haití, de donde fue sacado por la fuerza por una patota armada. El episodio amenazó convertirse en un escándalo diplomático ante lo cual, el asilado fue devuelto a la embajada. Así Tanco salvó su vida. A las 22,30 del 12 de junio, el general de división Juan José Valle, junto a otros dos militares, es fusilado en la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras.Inútiles fueron los intentos de las esposas de Valle y otros condenados por acceder al único que podía impedir la masacre. “El presidente duerme…” fue la invariable respuesta. Hasta que se cumplieron todas las sentencias. Fueron 27 los fusilados: General de división Juan José Valle; Coronel Eduardo Alcibíades Rodríguez; Coronel Ricardo Ibazeta; Teniente coronel José Albino Irigoyen; Teniente coronel Oscar Cogorno; Capitán jorge Costales; Capitán Néstor Cano; Capitán Eloy Caro; Teniente 1° Jorge Noriega; Teniente de banda Néstor Videla; Subtte. de Res. Alberto Abadie; Subof. Principal Miguel Paolini; Subf. Principal Ernesto Garecca; Sarg. ayudante Isauro Costa; Sarg. músico Luciano Rojas; Sarg. carpintero Luis Pugnetti; sarg. Hugo Quiroga y Cabo músico José Rodríguez. Los civiles: Dante Lugo; Clemente Ross; Norberto Ross; Osvaldo Albedro; Carlos Lizaso; Nicolás Carranza; Francisco Garibotti; Mario Brion y Vicente Rodríguez. Otros resistentes como Miguel Ángel Mauriño, cayeron en combate. Los enfrentamientos registraron también otras víctimas de ambos bandos.

El antiperonismo político, social y empresarial, expresó su solidaridad con la dictadura. Pero una de las manifestaciones más brutalmente sinceras sobre esas jornadas luctuosas, la hizo el profesor y dirigente socialista Américo Ghioldi: “Se acabó la leche de la clemencia. Ahora todos saben que nadie intentará, sin riesgo de vida, alterar el orden porque es impedir la vuelta de la democracia. Parece que en materia política, los argentinos necesitan aprender que la letra con sangre entra” (3).

Por otra parte, el general Perón en el exilio criticó la modalidad del levantamiento porque a su juicio, sus líderes no articularon con un gran movimiento de masas, que garantizara el triunfo.

A su vez, la Junta Consultiva Nacional aprobó lo actuado por la dictadura y continuó con su asesoramiento de rutina al Gobierno Provisional. El día 13 de junio de 1956 se derogó la Ley Marcial. El país había vuelto a la “normalidad”. Pero ya no sería el mismo.

Valle, cuando se le informa que pocas horas después morirá, escribe cartas a su esposa, su hija Susana, su madre, su hermana Estela y al general Aramburu.

Entre otras durísimas acusaciones, Valle enrostra a su ex camarada: “Dentro de pocas horas Ud. tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo…”. Y agrega el condenado: Vivirán Uds. sus mujeres y sus hijos bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará tantas ejecuciones”. Valle finaliza su extenso y tremendo alegato: Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. ¡Viva la Patria!

Pese a sus deseos la sangre derramada no unió a los argentinos, sino que siguieron largos años de desencuentros. Pedro Eugenio Aramburu fue secuestrado y ejecutado por el grupo Montoneros en 1969. El almirante Isaac Rojas murió en la cama en 1993. En 1973 Valle fue rehabilitado y ascendido post mortem al grado inmediato superior, teniente general; el más alto del escalafón del Ejército. En el año 2006 a la Escuela de Ingenieros del Ejército Argentino le fue impuesto el nombre de Juan José Valle. El 9 de junio de cada año, el Ejército rinde homenaje a Valle y a sus camaradas fusilados en 1956. En 1996 el entonces Jefe de Estado Mayor del Ejército, general Martín Balza, sostuvo: “Aquellos hombres de uniforme y todos los caídos en los días de junio del 56 tienen hoy también un lugar en la memoria del Ejército y su memoria tiene sentido, si nos acerca hacia el objetivo fundamental del reencuentro de todos los argentinos”.

1) Comando Nacional 9 de junio de la Comisión Nacional Permanente de Homenaje y Recordación – Diciembre 1962
2) Walsh Rodolfo – Operación Masacre – Ed. De La Flor – Bs. As. 1986
3) Ghioldi Américo – Periódico La Vanguardia del 14-06-56 – citado por Galasso Norberto en Perón” – Ed. Colihue – Bs. As. 2011
4) Diario Clarín del 12-06-96

Del Libro Pintadas Puntuales – Roberto Bongiorno – Ángel Pizzorno
Edición Testimoniosba – 2020

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