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El Metalero – Una Forma Pesada de Vivir
El Metalero – Una Forma Pesada de Vivir

De campera de cuero o jean, algunas veces con parches de bandas cocidos en la espalda y un par adelante y en los brazos, en ocasiones con una cabellera larga y bien cuidada o sino completamente rapado, con jeans ajustados y algo rotos, algunos osados amantes de Halford ya se animaban al pantalón de cuero, la exclusiva e inigualable remera negra con estampa de alguna banda clásica y no tanto, con cintos gruesos y a veces adornados con tachas, al final pero no últimos, están los cálidos y cómodos borcegos,  porque siempre se tiene que pisar fuerte y dejar huella gruesa, así siempre es el, así siempre es ÉL METALERO.

Al igual que muchos grupos y tribus, el mismo viene de diferentes corrientes del metal y a pesar de tener distintivos propios de esa cultura musical, éste se ha ido transformando y evolucionando de acuerdo con los años; sin ahondar mucho en la historia musical para no hacer extensas estas palabras en un tema que va más allá que el mismo género, el metalero hizo su aparición a los fines de los 70 o para ser más exacto a principios de los 80, con vestimentas propias de las bandas del hard rock y heavy metal, como las mencionadas al principio de este artículo, que se fueron afinando a fines de la misma década, con mucho más cuero, negro y tachas, por la vestimenta que el maravilloso Rob Halford (frotnman y cantante de la banda Judas Priest) utilizaba para dar sus shows en vivo, un vestuario que la gran mayoría se enteraría una década después, de que el mismo Rob lo sacaba de los bares gay (exclusivamente para hombres) que  frecuentaba.

Hecha la introducción, pasaremos al metalero argento, ése que es de acá, ése que era (y todavía lo sigue siendo) del choripán, el tetra y la birra, ésos que criaron su oído con las pioneras inglesas y a la vez  con el nacimiento de bandas nacionales como Riff, con Pappo a la cabeza; V8 con un Iorio muy joven y no tan escénico como ahora, Nepal con el mítico y amado Larry, junto a otras bandas que supieron darle color a esta movida, con una vestimenta muy similar a la que describí en esta tribu al principio.

El metalero en su momento fue el discriminado, el que era perseguido por la cana, al que la gente lo miraba en la calle, con el pelo largo y su vestimenta andrajos y apariencia dura, señalándolo como a un paria y un malhechor. Muy alejado de esa última mirada eran de estar en alguna esquina abandonada, compartiendo alguna birra a los gritos o en algún garaje escuchando a ese grupete de amigos que se juntaron un par de instrumentos y equipos básicos para armar una banda “heavy” y compartir un buen momento entre amigos, donde el alcohol, el asado y la música pesada eran y son motivo de yunta.

Con los años este clan fue evolucionando y cambiando, sin perder su esencia, el color negro siguió dominando, pero la vestimenta dejó de ser tan cargada de ropa pesada y  tanto cuero, las variaciones del metal fueron creciendo y por lo tanto sus formas de diferenciarse también, aparecieron muchos estilos en los últimos 30 años y con ellos sub grupos dentro de los metaleros con distintivos propios de cada uno (que no me voy a poner enumerar y a remarcar, si no esta nota se haría más extensa de lo que es).  

Sin embargo el espíritu se mantuvo intacto, la idea de juntarse a tomar algo en una esquina antes de compartir un recital grande o chico entre amigos y “conocidos del ambiente”, sigue tan vigente como en sus inicios; el metal y sus seguidores no son lo que eran años atrás, hoy tomó un tinte más comercial (como todo en este mundo) y lo que antes era una insignia de un grupo pequeño, hoy es algo más masivo que se fue transmitiendo de boca en boca, de recital en recital, de generación en generación, porque sí, muchos pibes de ahora tienen una remera de la H o de Iron Maiden que les regaló el viejo o un tío, siendo que es de su predilección y como tal es bueno trasmitirlo a otra generación.

Si bien los metaleros suelen estar por todos lados y sus lugares de junta pueden ser un bar con música aceptable para sus oídos refinados (sí, son refinados, aunque no lo crean) o cualquier lugar que dé oportunidad para un festival de bandas del palo o un par de bandas que se juntaron y meter una “fecha metalera”. Existen puntos fijos conocidos de la city porteña donde se los suele encontrar los fines de semana, ya sea en el mítico bar ubicado en la Av. Rivadavia al 800, con sus dos pisos y un subsuelo donde la diversidad de estilos y gustos se mezclan como también los sonidos; y si hacemos un par de cuadras para arriba, en la misma avenida, pero al 1200 y pico, encontramos otro pub que es propio del deleite y de la junta metalera. Con esto no quiero remarcar que sean los únicos lugares, sino que son distintivos del entorno, donde las birras y tragos callejeros, junto al pesado metal son la moneda corriente.

Y con esto me despedido, ajustando mis borcegos para intentar dejar una huella y una mirada linda de lo que es ser “un metalero”

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