Paredes de Canto
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La Calle del Agujero en la Media
RAÚL GONZALEZ TUÑON: Yo he conocido un puerto. Decir: Yo he conocido, es decir: Algo ha muerto
La Calle del Agujero en la Media

Este verano agonizante nos ha traído una mala nueva, la muerte de Raúl González Tuñón en su Buenos Aires natal, en su Buenos Aires querido, como duce el tango Raúl era joven todavía, o mejor dicho, no era viejo “ya”.- Había venido al mundo en la capital argentina , en 1905. Desde los comienzos de su vida, la literatura lo atrajo, con la fuerza irresistible.- A los 17 años aparecieron sus primeros trabajos en una revista titulada inicial, luego en Proa, y más tarde en Martin Fierro.

Por fin a los 20 lanzo su primer libro, “El violín del diablo”.- Este libro no pasó inadvertido en el medio literario porteño, lo elogio Ingenieros y en éste Payró. Por último, lo hizo Güiraldes, que se hallaba entonces en la cumbre de su prestigio intelectual y ostentaba su blasón de más brillo, Don Segundo Sombra.

Ya en el camino del éxito Raúl recibió en 1928 el Premio Municipal de Poesía, que le abrió camino a Europa, de donde al regresar publicó La calle del agujero en la media. Se vio perseguido por Uriburu. Viajo a Brasil durante el gobierno de este mandón, fundo al regreso la revista. Contra; sufrió procesos…Un poema suyo, La brigada de choque, levantó un escándalo a causa de una orden de prisión dictada contra él. La protesta internacional alcanzó tal magnitud que la orden fue revocada.

Recuerdo a Raúl González Tuñón en los días de la Guerra Civil, en Madrid, donde lo vi por primera vez.- Era un hombre vivo, móvil, que hablaba a veces en voz baja y con extrema cortesía, como si se hiciera personas la palabra. Simpatizamos, compartimos luego la vida de Paris, con encuentros en 8uenos Aires y en Moscú.

La última vez que estuve yo en Argentina, nos veíamos con frecuencia.- Pocos días antes de mi partida me despidió con otros amigos en La Boca, en un restaurante que todo el mundo conoce. El pescadito. Al triunfo de la revolución cubana Raúl estuvo entre nosotros.

González Tuñón fue un poeta de gran aliento y de escritura, muy personal.- Como el mismo decía, o mejor dicho, como el repetía (recordando a Lautréamont), la poesía debe ser hecha para todos- y así es la suya-. El verso en Raúl es consistente, amplio, solido. Supo tratar con decoro y elevación la vida popular argentina, como en los viajes de su Juancito Caminador, y en general, en toda su obra, sensual, violenta, tierna, dulce, universal.

Desde los primeros momentos de la insurrección minera en Asturias, tomo el partido de los hombres del carbón, u no ceso de esforzarse porque os poetas se alinearon junto a éstos.

 “Clamaba yo- dice González Tuñón en alguna parte- porque el poeta tomara su puesto en la lucha no solo como hombre sino también con su poesía, esto es, el compromiso virtual que contrae el poeta con su tiempo, en determinado momento, cuando la poesía es también un arma”.

La muerte de González Tuñón es un duro golpe para la poesía americana, por la revolución en nuestro continente, como ejemplo que fue- que es- de militancia intelectual en el vasto frente de lucha por una vida más alta y pura. Son muchas, por cierto, las referencias que hay en la obra de este gran poeta a los pueblos más diversos, tomando partido por ellos, o simplemente acariciándolos y consolándolos. La referencia que toca a Cuba está en un poema titulado Polka de la tarjeta de cartón y dice así: Época en que se formaba/ Corrillo al cantor del Bajo,/ Corrillo el cantor del Bajo,/ y Buenos Aires fumaba/ cigarrillos “Vuelta Abajo”.
Retratos – Agosto de 1974 – Por Nicolás Guillen

La Calle del Agujero en la Media

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad
y la mujer que amo con una boina azul.
Una calle que nadie conoce ni transita.
Yo conozco la música de un barracón de feria,
barquitos en botella y humo en el horizonte.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad.

Ni la noche tumbada sobre el ruido del bar
ni los labios sesgados sobre un viejo cantar
ni el affiche gastado del grotesco armazón
telaraña del mundo para mi corazón.
Ni las luces que siempre se van con otros hombres
de rodillas desnudas y de brazo tendidos.
Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños
que acarician de noche a los niños queridos.
Tenía el resplandor de una felicidad
Y veía mi rostro fijado en las vidrieras
Y en un lugar del mundo era un hombre feliz.

¿Conoce usted paisajes pintados en los vidrios
y muñecas de trapo con alegres bonetes
y soldaditos juntos marchando en la mañana
y carros de verdura con colores alegres?
Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera
y mi alma tan lejana y tan cerca de mí
y riendo de la muerte y de la suerte y
feliz como una rama de viento de primavera.

El ciego está cantando. Te digo, amo la guerra.
Esto es simple, querida, como el globo de luz
del hotel en que vives. Yo subo la escalera
y la música viene a mi lado, la música.
Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda.

Alegres en lo alto de una calle cualquiera,
alegres las campanas con una nueva voz.
Tú crees todavía en la revolución
y por el agujero que coses en la media
sale el sol y se llena todo el cuarto de sol.

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
una calle que nadie conoce ni transita.
Sólo yo voy por ella con mi dolor desnudo,
sólo con el recuerdo de una mujer querida.
Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.
Decir: Yo he conocido, es decir: Algo ha muerto.

La Calle del Agujero en la Media – (1930)
Raúl González Tuñón

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