Miscelaneas
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Escritor y Editor
Raúl Ángel Toribio Scalabrini Ortiz había nacido en Corrientes el 14 de febrero de 1898
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El 6 de septiembre de 1930 un golpe cívico militar derrocó al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen. El jefe sedicioso fue el general (R.E.) José F. Uriburu. Con declaradas simpatías por el fascismo, su deseo era cambiar la Constitución Nacional liberal de 1853, por un remedo del régimen mussoliniano, entonces en boga. En la práctica, su dictadura inició una represión salvaje contra sectores políticos populares y el movimiento sindical. Su gabinete fue integrado por la oligarquía más rancia, el mismo sector que Hipólito Yirigoyen había desplazado en 1916.Terminado el trabajo “sucio”, Uriburu fue obligado a renunciar.

Previamente llamó a elecciones viciadas de fraude, con el radicalismo como la principal fuerza política proscrita. Ganó el comicio el general Agustín P. Justo, con una alianza de conservadores, socialistas de derecha y radicales opuestos a Yrigoyen. Comenzaba la llamada Década Infame que culminaría recién el 4 de junio de 1943, cuando un pronunciamiento militar liderado por oficiales nacionalistas, derrocó al presidente fraudulento Ramón Castillo.

A los pocos días el régimen uriburista mostró sus objetivos. En primer lugar, restaurar la República conservadora con todos sus privilegios y disciplinar la sociedad mediante la violencia. La crisis económica mundial de 1929 golpeó duramente a la Argentina, dejando al desnudo su verdadera naturaleza de país semicolonial. El “Granero del Mundo” aparecía en toda su miseria. Inglaterra dejó de adquirir productos primarios a nuestro país, dirigiendo las compras a sus colonias. Nuestra oligarquía agroganadera entró en pánico, entonces el vicepresidente de la Nación, Julio A. Roca (hijo), fue enviado a Londres para sellar un pacto que Arturo Jauretche calificaría como “Estatuto Legal del Coloniaje”. Pocas veces nuestro país resignó tanto a cambio de tan poco. Básicamente, se aceleró la entrega de nuestra economía, sus resortes financieros y transportes; la contraparte fue el compromiso británico de seguir comprando carnes argentinas. Las medidas soberanas que Yrigoyen había tomado en el pasado, quedaron en el olvido. La miseria generada por la crisis y la dependencia argentina de clientes que compraban menos, afectó a todos los sectores sociales; en primer lugar, a los más desposeídos. El fraude político institucionalizado, cerraba el camino a cualquier salida democrática.

A finales de 1932 el radicalismo yrigoyenista intentó la última insurrección armada para restaurar el Estado de Derecho, fue derrotado y sus mejores cuadros muertos, proscritos o en prisión. Raúl Scalabrini Ortiz sin ser radical, acompañaba al sector más intransigente de ese partido, en el que militaban Arturo Jauretche, Homero Manzi, Gabriel del Mazo y otros.

Por tal motivo se exilió en Europa donde siguió hasta 1935, escribiendo para la Argentina.

Esa Argentina que más adelante con su prosa contundente, describió así: “Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran.”

Este libro no es más que un ejemplo de algunas de esas falsías” (1).

Raúl Ángel Toribio Scalabrini Ortiz había nacido en Corrientes el 14 de febrero de 1898. En Buenos Aires estudió ingeniería y se recibió de agrimensor. Se dedica al periodismo, trabajando en los diarios La Nación, El Mundo, Noticias Gráficas y La Gazeta de Buenos Aires. Publica en 1923 su libro de cuentos “La Manga” y se acerca al grupo de escritores “Florida”. En el terreno de la historiografía adhiere al revisionismo histórico, pero tomando distancia del llamado “nacionalismo oligárquico” que campea en esa corriente. En 1931 aparece su obra más difundida hasta entonces: “El hombre que está solo y espera”. El ensayo de tono existencial, toma como eje al Hombre de Corrientes y Esmeralda, pero se transforma en un fresco de la gran ciudad como cabeza de un país devastado, que no avizora la salida a ese estado de postración nacional. No obstante, rescata tradiciones porteñas como la amistad, al sostener que “La amistad porteña es un fortín ante el cual los embates de la vida se mellan. Es un olvido del egoísmo” (2). Son los años en que Enrique Santos Discépolo escribe tangos como éste:

“No ves que estoy en llanta
y bandeao por ser un gil
cachá el bufoso

y chau, vamo’ a dormir”. (3)

Refiriéndose a su obra, Scalabrini aclaró que el libro resumía los sentimientos que difundió por redacciones y calles de Buenos Aires durante años; como lo había hecho otro contemporáneo suyo, Roberto Arlt.

Alta desocupación, fraude electoral, represión, prostitución. Los proxenetas agrupados en corporaciones, explotan miles de mujeres amparados por una red de policías, jueces y políticos. La entrega desenfrenada de nuestros recursos al imperio británico, culminará con el Tratado Roca – Runciman en mayo de 1933, sincerando la situación neocolonial de nuestro país. Dos años más tarde y a consecuencia de ese pacto oprobioso, todo el transporte público porteño queda bajo la órbita británica y los ferrocarriles extranjeros, en particular ingleses, regulan la vida económica argentina mediante un sistema arbitrario de tarifas, condenando a vegetar regiones enteras.

Scalabrini vuelto a la Patria en 1935, inicia su investigación sobre la cuestión ferroviaria y en 1936 publica “Política británica en el Río de la Plata”, desnudando las raíces históricas de nuestro vasallaje al Imperio. En 1939 edita el diario Reconquista, que dura apenas 41 días por falta de apoyo financiero. Un año más tarde, aparece otro trabajo producto de años de investigación: “Historia de los Ferrocarriles Argentinos”. En esas páginas demuestra que la idea de que el sistema ferroviario británico es un motor de progreso, es falsa. Balances fraguados para cobrar subsidios estafando al Estado, desinversión, tarifas abusivas, tierra pública cedida graciosamente por los gobiernos amigos y competencia desleal con los ferrocarriles estatales, quedan al descubierto en esas páginas que los diarios financiados por esas empresas, tratan de silenciar. Entonces sale a la calle con otra publicación: “Señales”, que corre la misma suerte que “Reconquista”. También en 1940 se incorpora a la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) que se había separado del tronco partidario, denunciando la complicidad de la UCR alvearista con el régimen oligárquico. Scalabrini no era radical pero colaboró siempre con lo más consecuente del yrigoyenismo, representado por Arturo Jauretche, Homero Manzi, Luis Dellepiane y otros antiimperialistas de nota.

La Segunda Guerra Mundial iniciada en 1939, divide aguas en nuestro país. En el bando aliadófilo se agrupan los partidos tradicionales desde los conservadores hasta el comunismo. La neutralidad es defendida por FORJA y grupos nacionalistas; algunos son neutralistas sinceros y otros, pronazis. En 1943 se aleja de FORJA por diferencias con relación al nuevo gobierno de facto, pero continúa su militancia contra la dependencia de Gran Bretaña, criticando a pro nazis y aliadófilos por igual.

El 17 de octubre de 1945 lo sorprende en la calle. Es muy conocida su semblanza sobre el gigantesco movimiento de masas que rescató al coronel Perón de manos de sus captores, naciendo así el peronismo. El episodio lo conmovió profundamente y adhirió al peronismo como muchos de sus camaradas de FORJA, pero sin aceptar cargos.

Perón nacionaliza el Banco Central (inventado por el pacto Roca – Runciman), los ferrocarriles y otros servicios públicos estratégicos. Scalabrini saluda esas medidas por las que los forjistas habían bregado en soledad durante muchos años.

El golpe cívico militar de 1955 que desaloja al gobierno constitucional de Juan Perón, es denunciado por Scalabrini y sus compañeros como las restauraciones oligárquicas vencidas en 1916 por Hipólito Yrigoyen y en 1945 por Perón.

Después del golpe, escribe en publicaciones de vida efímera debido a la censura dictatorial.

En 1957 participa en la revista frondicista “Qué sucedió en 7 días”, denunciando la nueva dependencia argentina. Arturo Frondizi que llegó al gobierno gracias al voto peronista y de sectores de izquierda, desanda sus promesas electorales y se enfrenta duramente al peronismo.

Scalabrini Ortiz es otro de los muchos desilusionados.

La muerte lo sorprende el 29 de mayo de 1959, en pleno apogeo del neoliberalismo aplicado por Frondizi. El General Perón desde el exilio, escribe a Mercedes Comaleras Ortiz, su viuda: “Los que hemos luchado por los ideales que inspiraron la vida de Scalabrini Ortiz no podremos olvidarlo, como no lo olvidarán las generaciones de argentinos que escucharon sus enseñanzas y lucharán por hacerlas triunfar en el tiempo y en el espacio”.

En el siglo XXI, las obras de Raúl Scalabrini Ortiz siguen siendo parte insoslayable del Pensamiento Nacional Argentino.

1) Scalabrini Ortiz Raúl – Política Británica en el Río de La Plata – Ed. Fernández Blanco, Buenos Aires 1957.
2) Scalabrini Ortiz Raúl – El hombre que está sólo y espera – Ed. Plus Ultra, Bueno Aires, 1986
3) Discépolo Enrique – Tango Tres Esperanzas

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