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Entre el Dadaísmo y el Dandysmo
Federico Manuel Peralta Ramos – 1939 - 1992
Entre el Dadaísmo y el Dandysmo

Antes de abordar este singular  personaje hay que dejar en claro una cosa “no había nacido en  una cuna de malevos calaveras de vivillos y otras yerbas”  este era lo que algunos definieron como  verdaderamente un dandy. Quizás no es la definición que más le complacería (esto es contra fáctico), él,  ante todo, se consideraba un artista o como le dijo en cierta oportunidad a Borges cuando este le preguntó a qué se dedicaba “soy filósofo, poeta y artista” a lo que el escritor le respondió “cómo me gustaría ser todo eso” con la ironía que lo caracterizaba y que Peralta Ramos captó (lo que prueba su cordura)  al manifestarle a un periodista después de contarle la anécdota “ me puso la tapa”. Pero más allá de su propia percepción, o de la de sus contemporáneos, lo cierto es que el hecho de ser el tataranieto del fundador de Mar del Plata  lo situaba en un ambiente donde tener características de dandy es tan natural como jugar al polo o  sentarse a tomar un café en la Biela casi un derecho incuestionable, más allá de  su vocación artística y su situación económica

una forma de hacerse famoso en Buenos Aires era hablar de cosas que no significan nada con Federico Manuel Peralta Ramos en la Galería del Este – habría comentado en una oportunidad Landrú.

Quizás eran los quince minutos de fama que tendrán todos en el futuro, según la frase que le atribuyen a Andy Wahrol pero que el fotógrafo Nat Finkelstein niega  señalando que él fue quien creó esta expresión.

No es sencillo entender al artista en cuestión, en el cuál su característica era la ruptura de los cánones establecidos, que soportaba las críticas  de los que se escandalizaban,  que  pregonaba  la necesidad de manifestar sin límites todos los deseos, y por otra parte nunca dejó de vivir con sus padres. Esta observación no es porque sea necesariamente contradictorio pero seguramente no está en la imagen que se puede tener de algún rupturista. Por eso la expresión “y por otra parte” prevalece sobre “pero por otra parte” para no tener que encasillarlo en un concepto demasiado rígido.

En relación a esto y para evitar ser catalogado como un mantenido por el hecho de  vivir con sus padres que en su caso implicaba también de sus padres, le daba a esta situación una especie de status laboral al sostener que el cobraba “sueldo de hijo”.

Uno se imagina ese personaje que expresaba ideas vanguardistas, que había recibido la influencia del dadaísmo, que absorbió manifestaciones culturales  de los años sesenta y setenta y que mantuvo hasta los noventa, desarrollando todo esto en no más de veinte cuadras (y no sé si es una exageración) a la redonda de su domicilio. Un mundo que transitaba entre la galería Jardín, el Instituto di Tella, Mau Mau, Afrika y algunos cabarets más.

Pero no se podría situar la vida de Federico Peralta Ramos en otro lugar que no fuera esa geografía, era el territorio donde se encontraba en su elemento, donde podía manifestar las más excéntricas propuestas, como pararse en una esquina a repartir hojas impresas con los 23 mandamientos de la religión gánica creada por él o hacerse construir un buzón igual al que se encontraba en la esquina de la Biela, y que finalmente terminó vendiéndoselo en una muestra a Egle Martin, como su partenaire del show.

Es cierto también que debía sentir el respaldo de, como se diría, su prosapia familiar. Algo que le permitía por ejemplo comprar en un remate un toro para exhibirlo en el Instituto Di Tella sin tener el dinero, obligando a su hermano a ir a negociar una honrosa solución. O como aquella vez que  allanaron el mencionado instituto al grito de Policia Federal, y al instante se escuchó su voz diciendo “jodanse por no estudiar”. Eran finales de los 60, dictadura, no infectadura , régimen  en el  que justamente si algo no se  podía nombrar públicamente era la palabra dictadura y tampoco tomarle el pelo a un oficial empoderado.

Quizás o me atrevería a decir sin temor a estar tan equivocado, que él era consciente de su ventaja y al utilizarla ponía al descubierto, con o sin intención, la prepotencia del régimen, que ya empezaba a cometer atropellos, pero que todavía no había llegado a delitos abominables, y que la palabra desaparecido todavía no estaba presente en el lenguaje cotidiano.

Los representantes del régimen se conformaban con pedir documento si veían alguien con anteojos y barba, a algún grupo reunido en un bar hablando con un libro sobre la mesa, a cortarle el pelo a adolescentes que se reunían en las esquinas de algún barrio  o en algún recital no convencional, sintiéndose con la facultad tácita de cometer abuso de poder.

Pero tampoco se podría inferir que la confrontación política del personaje en cuestión era su finalidad y esto él lo confirmaba al definirse  a sí mismo “soy un determinista, yo soy un Peralta Ramos y si bien algo he roto, esta es mi casa, esta es mi familia. Acepto mi destino”.

En todo lo que hacía o decía manifestaba la necesidad de exponer su percepción de la realidad a través de frases y acciones donde preponderaba el absurdo y que ponía en evidencia los prejuicios básicamente de esa clase social paqueta que lo criticaba y al mismo tiempo lo mimaba. Que comentaba sus excentricidades como si fuese el hijo rebelde, desobediente que los exponía pero que no les cuestionaba sus privilegios sociales.

¿Federico Nacionalista. Latinoamericanista. Porteñista?

“ Yo no conozco Europa, y tengo miedo de ir porque Europa me puede sacar toda la polenta que me ha dado la Argentina”

Lo mejor que tiene Europa es la ropa, por eso no hay que decir más Europa, hay que decir  Eu-ropa. ¡Bien, Federico! Sos una brújula.

Para Federico Peralta Ramos,  Europa era un continente envejecido que ya no tenía mucho para ofrecer, y por el contrario América estaba en vías de desarrollar todo su potencial energético. No lo planteaba como  tema de confrontación política, sino más bien de preponderancia e influencia cultural.

«El que se va de Buenos Aires se atrasa porque es la ciudad del
futuro» afirmaba rotundamente.
No quiero ir a la luna.
A mí me gusta acá
a mí me gusta acá
a mí me gusta acá
quiero caminar por las calles de Buenos Aires
a mí me gusta acá
me quiero sacar una foto en la plaza San Martín
a mí me gusta acá
quiero ser amigo del obelisco
a mí me gusta acá
me encanta el atardecer en el campo argentino
a mí me gusta acá
a mí me gusta acá
a mí me gusta acá

“En esta época que estamos viviendo los latinoamericanos, indoamericanos, iberoamericanos, ítaloamericanos, vamos a arrasar todos los sistemas solares del Universo por nuestra energética”.

Era quizás su interpretación de una época en la que  en esta parte del continente se perseguía más el sueño latinoamericano que el americano, que abundaban canciones incluyendo en sus letras consignas como desalambrar fronteras o a liberar esperanzas. Un momento de la histora  en el que se percibía una gran energía y que se expresaba tanto en las universidades, en los colegios, como en los cines, en los recitales, en peñas, inclusive hasta  en los bares. Una energía mezcla de manifestaciones musicales, literarias mezclada con militancia política que movilizaba y en muchos casos interpelaba a gran parte de la juventud. Era algo que sucedía también en los países vecinos pero que acá se expresó de tal manera que terminó diezmando gran cantidad de jóvenes.

“La Argentina es un país muy lindo que está en estado de génesis y por eso resulta tan atractivo a los países europeos.

Al ver  en este texto su manera de expresar “ la argentinidad al palo”, se puede entender su sugerencia a Charli Garcia de hacer una  interpretación del himno que lo incluya en el rock nacional.

Genio y Figura hasta la sepultura, y un poco más

Las personas, me atrevo a decir, de cualquier país, relacionadas con las necesidades prácticas que hacen a su superviviencia, que se  levantan todos los días para esperar un colectivo  a la interperie con una temperatura de 5 grados o el que tiene que viajar como sardina en un subte, tren o colectivo, y que no están determinados por los vaivenes culturales del mundo, suelen mirar a personajes como  Federico Peralta Ramos de una forma entre pintoresca e impostada, ponen en duda su autenticidad atribuyéndole una gran necesidad de exhibicionismo. Quizá se pueda interpretar en todas sus actitudes el mensaje de no tomar tan en serio la vida, sin embargo al mismo tiempo la necesidad imperiosa de mejorarla.

Fueron innumerables anécdotas que pusieron a Federico Tomás Peralta Ramos en un lugar donde no preponderaban sus actitudes histriónicas, ni siquiera cuando participó en el programa de Tato Bores, sino el significado de su mensaje, enmarcado siempre con una respuesta inesperada, con una actitud impredecible como, por ejemplo, terminar comiendo con impecable traje,  tallarines cuando era más esperable  que fueran ostras o salmón.

Pero sus excentricidades excedieron las fronteras y seguramente generaron perplejidad. En 1968 ganó la prestigiosa beca de la Fundación Guggenheim, en la categoría pintura, que representaba 3000 dólares y los utilizó en hacer una cena en el Hotel Alvear para lo cual invitó a 25 personas y después a bailar a la boite África. Además, se mandó a confeccionar tres trajes y  pagó algunas deudas, lo que le quedó lo invirtió en una financiera.

Al enterarse la Fundación le exigió que devolviera el dinero, a lo cual Peralta Ramos les respondió mediante ,

“Ustedes me dieron esa plata para que yo hiciera una obra de arte, y mi obra de arte fue esa cena. Leonardo pintó La última cena, yo la organicé”

A la Fundación Guggenheim, como era de esperar,  no le satisfizo la respuesta y le exigió la devolución del dinero y Peralta Ramos, ofendido, les escribió una segunda carta:

«Mi carta del 14 de junio de 1971 es un homenaje a la libertad. Una organización de un país que ha llegado a la luna que tenga la limitación de no comprender y valorizar la invención y la gran creación que ha sido la forma como yo gasté el dinero de la beca, me sumerge en un mundo de desconcierto y asombro», y finalizaba diciendo: «He meditado vuestra sugerencia sobre la devolución de los 3000 dólares y me he dado cuenta que devolverlos significaría no creer y contradecir mi actitud, por lo tanto he decidido no devolverlos».

Y no los devolvió. La carta  hoy se exhibe enmarcada en la sede de la Fundación en Nueva York.

Guggenheim es una prestigiosa fundación creada en 1937 y posee, aparte de EEUU,  museos en España e Italia de importantes diseños arquitectónicos. Una institución con mucha influencia en la actividad cultural internacional y FMPR no tuvo ningún problema en cuestionar sus criterios.

Por eso tratar de encasillar la personalidad de este exponente de la vida social y cultural de Buenos Aires como dije anteriormente no es una tarea fácil, ni siquiera para Jaime Rojas Bermúdez  quien fuera su psiquiatra, con el que realizaba una terapia muy especial ya que como manifestó una discípula del doctor  “solía invitar a participar en las sesiones a amigos que encontraba en su camino al consultorio”. Finalmente el médico emitió un diagnóstico que no se encuentra en ningún libro de psiquiatría o psicología: “Psicodiferente” y que algunos interpretaron como una forma de protegerlo evitando recurrir  a los clásicos, como maníaco depresivo, obsesivo o psicótico aunque también se podría interpretar como la imposibilidad de definirlo acabadamente.

La decisión de hacer participar a sus amigos en la terapia era exponer  y poner en consideración  todos sus actos y la característica de su personalidad, y nos habla de la autenticidad de los mismos, que se manifestó hasta el último día de su vida.

La muerte llegó temprana e imprevisible como suele ocurrir cuando el corazón la determina. Fue  el 30 de agosto de 1992,  su hermano lo subió al ascensor, Federico le preguntó adónde lo estaba llevando le respondió al CEMIC para internarlo y él le dijo   “No me lleves al CEMIC, llevame al Little Company of Mary, que fue donde internaron a la Coca Sarli” Y esas fueron sus últimas palabras.

Recordando el velatorio el galerista Osvaldo Centoira lo describía así: “Estaba nublado y lloviznaba. Lo velaron temprano en una de las habitaciones del departamento de la avenida Alvear del que no se había mudado cuando murieron sus padres. Lo vistieron impecable. Impresionaba verlo así, de traje y corbata, porque parecía dormido . Cuando trajeron el cajón, el cuerpo no cabía; intentaron de nuevo y nada: el Gordo se había hinchado o tomaron mal la medida. La cuestión es que no había forma de meterlo adentro y se armó un despelote bárbaro. Hasta el último momento Federico nos regaló una instancia surrealista, hasta el último momento se rió de la sociedad”.

A Diez Centavos los Tres Pelotazos

Su padre tomó la decisión de internarlo en un hospital neuropsiquiátrico, y en relación a esto el artista plástico Pier Cantamessa, amigo de la familia y amigo personal de Federico desde su primera juventud describió lo siguiente. “Adentro del manicomio hacía exactamente lo que hacía afuera, dentro de sus posibilidades. Él era creativo ahí adentro, y siempre fue un gran organizador. Les daban mate cocido a la tarde, y él había organizado ‘La fiesta del mate cocido’. Todos los locos habían puesto cosas para la fiesta. Habían estado trabajando, con papeles hacían dibujitos y los pegaban, era una terapia ocupacional. Y para los locos era un dios, estaban todos tomando mate cocido, y cuando llegamos nos puso a nosotros a tomar mate cocido. Había un cartel que decía: ‘organizador: Federico’, porque ahí no  había apellido

En 1970 grabó un disco editado por el sello Columbia del que se hicieron 1333 copias vendiéndose en farmacias y disquerías, los temas eran «Soy un pedazo de atmósfera» y «Tengo un algo adentro que se llama coso».

En 1965 Federico Peralta Ramos gana el premio anual del Instituto Di Tella por su obra Nosotros Afuera. La misma consistía en una escultura representando un huevo gigante que fue terminado dentro de la sala por albañiles. Es por esta razón que luego de que el jurado lo declarara ganador se rompió ya que la pieza todavía no había terminado de secarse y lo que quedó él terminó de romperlo con un pico

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